3 poemas de Brenda Ríos

Brenda Ríos

Arder
No sabías de bueno malo
sabías que era necesario arder
como arde un día
un auto
[en las películas de domingo en la tarde

El amor un aprendizaje
lento y estúpido
salido del vientre con fórceps
el cirujano en esos casos con guantes de sangre
suele decir No podíamos hacer otra cosa
[porque nunca pueden hacer otra cosa

Las zarzas son ardientes
las mulatas
la música caribeña
tú en llamas en medio de la sala
bailando sin ritmo
con un país tropical dentro de ti
y afuera hay nieve

Extrañas todo dices
quieres irte dices
en la tercera copa de whisky sin agua
miras con ojos de Bogart
en blanco y negro
ojos de cachorro

Los invitados se conmueven
cómo no hacerlo si ardes pero lloras
tu fiebre es contagiosa
una fiebre antillana
fiebre de pescador
tres días en el barco y nada de peces
ese tipo de fiebre
fiebre de sol
fiebre de mar tibio
los mares no son iguales afirmas
con ojos de cachorro o caricatura japonesa
nada como el Pacífico y tu mente abandona la fiesta
y vuelve a estar con los tuyos que son otros
lejos
y sin ropa

Te veo
pienso en Jean Rhys cuando te veo
pienso en ella mucho
perdida en Londres, acostándose con hombres que no quería
ardiendo en un país frío
sin nada dentro
mas que la pura nostalgia hecha llama
[o el whisky
y con eso tuvo
para morir a cuentagotas

Me pongo a tu lado
me miras lloras sin saber quién soy
pero no importa
te comprendo
para entonces tus lágrimas cubren tu camisa de un modo poco elegante
lo sabes te disculpas
me acerco te suelto al oído:
Vete ahora. Vete. No permanezcas en el hielo.
No nacimos para ser esquimales. El hielo consume
como otro tipo de fuego.
Vete ahora. Yo te cubro la espalda, diré que fuiste a descansar un poco.
No diré nada, aun si me torturan. Pero aquí no torturan ni matan a nadie.
[No como nosotros entendemos matar.

Entendiste. Pude ver que entendiste.
Horas después no estabas en la fiesta.
Los invitados notaron que algo hacía falta,
una aceituna en el trago
un olor de algo real
los amantes dejaron de amarse por años
nada volvería a ser igual
y yo no sabría del calor del cuerpo
nunca más


Caza
Te invita a su casa
te dice Pasa por un té, quieres?
esperas en la sala
alrededor ves las cabezas de los ex amantes
colgadas en la pared
trofeos de caza
sabes qué sigue
tomas el té con cierto nerviosismo
pero te enseñaron a amar y decir gracias
por favor
todo ha estado muy lindo
y tus manos son suaves

Ella toma la iniciativa
no es depredadora
pero le enseñaron a amar, decir gracias
por favor
toma mis manos son suaves
buenas para cosechar rosas
poner el sobre de té en la taza
para tocar el pelo de los hombres
para tomar una pala y hundirla en la tierra
para aplaudir en los conciertos
para amasar un pastel
que diga Feliz Cumpleaños con signos de admiración

Una vida doméstica
pacífica, invita al futuro
pacífico, repetitivo
a una felicidad casi tibia
de empollamiento

No importa qué siga, piensas,
dices sí mientras el líquido recorre tu cuerpo
por dentro dándole calor
porque lo necesita
todos necesitamos calor
un calor así, protector
un calor del futuro
de pensar bien
sobre todo eso, pensar bien,
las cosas saldrán bien
de qué otro modo podría ser

El mundo es mundo
y una mujer mira a un hombre con ganas de comerlo
y también, por qué no, de arrancarle la cabeza

( De La luz artificial de las cosas, Arlequín, Guadalajara, 2021)


Tenía todo el amor pero cuando salí no había nadie.
Un pequeño espacio es la habitación de aquellos que no saben recibir.
No hay sentido de la proporción.
Caminar a ciegas por los corredores soleados incapaces de lograr ningún destino.
( De La sexta casa, ISIC, México, 2018)


 

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Brenda Ríos (Acapulco, Gro, México, 1975)

No tiene gatos ni perros; tampoco es vegetariana.

Intenta vivir de dar talleres de escritura creativa. Algunos de sus libros pueden ser descargados en poesiamexa.wordpress.com y en laflecharoja.com.mx.


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