3 Poemas inéditos | Lola Candanosa

La bolsa de la puta sin valores.
Porque hay de bolsas a bolsas.
Para ser una buena puta tienes que tener una buena bolsa. No importa que no los valga, es el valor que tiene en el mercado.
Cuánto es deseada, por cuánto es comprada, pero solo por la alta élite que puede adquirirla o por un mendigo que prefiere hipotecar la casa por un rato con la dama.
No sabe inglés ni matemáticas, pero con signo de pesos se vuelve una auténtica financiera.
Se codea con los ricos, la crème de la créme, alcaldes, senadores, empresarios, terratenientes, les ayuda a cerrar tratos entre ellos, experta en relaciones públicas de cama, el mejor momento para cerrar tratos es al terminar de hacer su ordeñada.
No es hermosa, es comprada, fabricada, se arregla según el cliente y cuando quiere obtener algo, sin importar el precio, lo arregla coestrato de novia’ y un simple ” llegando al cuarto, te la chupo toda”.
Sus propios accionistas le aumentan su valor, a veces tampoco cogen, pero estar en la misma mesa, donde los ven los demás postores, es una pequeña muestra de lo gorda que la tiene… en el banco.


Pudimos haberlo perdido todo pero no hubo tiempo.

Ahí estábamos, en un claro sobre el maizal.

Tú desnudo sobre el suelo, con las piernas abiertas y los ojos entreabiertos alcanzaste a distinguir al helicóptero que tenía como objetivo mis nalgas al aire mientras comía tu gran olote.

“No te levantes y sigue… por el culo no te reconocen”, decías mientras agitabas la mano y los saludabas. Ellos prefirieron ver la raya de mi espalda que seguir la marcha.
Cerca en la carretera, pasaba la gente protestando, no se sabía contra qué o contra quién. Le gritaban a la tierra, acusándola de histérica. Decían que por estar privada, a veces estaba seca, temblaba y se abochornaba. El calor interno le brotaba por volcanes, se mojaba a ríos y sudaba a mares.

Walter Mercado lideraba la protesta, dando esperanza, decía que el amor, amor y más amor
sanaría el enojo de la tierra. Estaban los que abrazaban árboles, los que los quemaban y los
ecosexuales que se les frotaban. Los que se excitaban con las montañas , en las cascadas se
masturbaban y en el lodo se regodeaban. Lanzaban su semen y sangre en la tierra seca, tratando
de revivirla sin dejar de reprocharle porque los extinguía.

“Aprieta los labios”, dijiste mientras sujetabas mi cabeza al ritmo de tus brazos.
-¿Te los hecho a ti o a la tierra?, siguiendo fiel a tu protesta, ignorabas la vista fija del piloto sobre nuestras cabezas.
Alcé mi mirada y te dije “Mejor echamos en la boca, la tierra no me interesa”
Pudimos haberlo perdido todo, pero solo hubo tiempo para el orgasmo.


El Canibal de Rotenburg.
Joven o maduro, firme o tiernito, en forma, con músculos y abdomen fuerte, magro o con sobrepeso, piel suave y húmeda. Armin Meiwes come solo gente guapa, como Robbie Williams o Hugh Grant.
El menú está siempre disponible, pasarela de manjares. Del sedentario del que puede salir un buen menudo, al ciclista y unas buenas tortas de chamorro, la fitness que luce saludable, podría chuparle los huesos de su dedos flacos o gustarme un carpaccio de vegana hipster de dieta orgánica gluten free. Like, like, like.

Lo que más complace a Meiwes es la idea que su antojo tenga el ego tan inflado que desea ser degustado por sí mismo. Sabiéndose apetecible, se moja en sus propios jugos, su semen decora elegante su pecho, cerilla le escurre como mantequilla fina por las orejas.
Su pene abultado y marinado en su propia saliva, el pedazo que le dejará paladear junto a él al comenzar el ritual.
Lo prefiere antes que unos senos firmes o una pierna femenina adobada y su fritada, el especial de cada mes.
Es un amor a primer tenedorazo, tan profundo y sincero, que tenerle a su lado no basta como llevarlo a lo más profundo de su ser.
Al caníbal de Rotenburg, le apetece quien quiera ser devorado, gustándolo devotamente de principio a fin.
Querido Meiwes:
Quiero ser tuya, saber qué piensas, qué sientes por mí, a qué te huele la boca, a que saben tus jugos gástricos, si me pueden desintegrar tan fácilmente y si podré pasear campantemente por tus intestinos y refugiarme en ellos, confundiéndome con mariposas, acariciarte el ano desde donde inicia, aferrándome a tus hemorroides para no salir nunca de ti.
Amor mío…Porque Te Amo, Te como.




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Lola Candanosa (Monterrey, N.L.) es escritora y arquitecta.

Estudió Arquitectura, Diseño y Construcción Sustentable en la Universidad del Medio Ambiente (UMA) y en la Facultad de Arquitectura de la UANL.Es investigadora profesional del comportamiento humano en poblados diversos en el mundo. Habla inglés e italiano.

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