BAJO QUÉ SEÑAL COMENZÓ EL FUEGO | ÁLVARO MONTERO


LIBRO DE GUERRA Y DE AMOR

Usurpador de la historia, BAJO QUÉ SEÑAL
COMENZÓ EL FUEGO, es la historia misma.
La palabra es un disparo, una explosión; y saltan,
acribillados por el poema, los gendarmes y las
truculencias de la sociedad capitalista.
Poesía de agresión, el libro intenta, con todos los
riesgos, ser instrumento de liberación, un canto
a la militancia política.
Si el ojo del burgués mira a Francisco corriendo y a Macario
frente a la ingenua y dulce canalla, y si sus
narices sienten el olor a mortecina de los necios
que persisten en negar la verdad de nuestras
estridencias, Editorial JOB habrá logrado su
propósito con la primera de sus publicaciones.


LA CÓLERA

En la ciénaga
jugamos antes de comenzar la procesión
ya se acercan
el libro se abre y los espíritus
buscan lugares secos como los míos.
Todo comenzó cuando el cólera
era la época de las grandes procesiones
los muertos amontonados en los zaguanes
esperando su turno para caminar sobre el río
los muertos correteando
unos con otros
hasta romper la formación de las aguas
la culpabilidad de nuestras cabezas chatas
está allí
Macario un loco de aquellos entonces
nos marcó para siempre
no sé cómo llegaron ni como pudo ocurrírseles
venir a vivir en una época de tanto calor
yo vi sus barbas refrescarse
cuando cruzaron el río
y a los reyes otear las montañas.
El problema fue la desdicha
a Totonó lo sorprendió Juan de Carvajal
lanzó los dados
y el destino lo ensartó por un ojo
en Nueva Segovia de Barquisimeto
hicieron una feria
y Guaicaipuro no pudo levantar
la gran pira
para qué hacer teatro con la miseria
Aguirre a quien le dicen tirano
habló en la plaza del Consejo
y las manos se nos ampollaron
de tanto aplaudirlo
será que nuestro destino
es seguir marcados
el sol tendrá que calentar estos cuerpos resecos
y decir la conjura de nuestros antepasados
que murieron con el cólera
soy un fantasma que grita por las calles
solo y sin parentesco con nadie que no sean las cosas
me proclamo rey y digo
“Todo hombre inocente es loco y vuestro gobierno es de aire”
Oh marañón alucinado a las orillas del río
cuento de cuando pequeño
camaleón con ojos de botella
botellas con rabo de paja
escobas con manos de cambur
cintillos de plata
aves de rapiña sobre las azucenas
mi infancia entre negras sotanas
y Macario siempre amenazante
el guardador de cosas sacras
hace inventarios de bienes
una plaza de toros
un vendedor de chuzos
300.000 bípedos idiotizados
las llaves de la ciudad recién regaladas
al herrero
todo parece Juicio Universal
amor de cuando comencé a crecer
mis juguetes el Himno Nacional
las clases de Historia
el terremoto recién comenzado a caminar
el gato muerto
y la barriga como un tambor
las procesiones para pegarme detrás
de las peregrinas
el descubrimiento de mis ojos
y los sabios en torno de la mesa
mirándome la cara vacía
yo con ellos en el armario
la quebrada está como nuestras gargantas
seca por donde caminan los muertos
la quebrada ha debido volar
todo hubiera quedado de otra manera.


COMIENZO

I
Comienzo por decir que esto no sirve
y al comienzo es solamente la posibilidad de querernos
comienzo y deseando viejos sueños
y vuélvome caprichoso
en los solares es en donde más recuerdo
que la guerra y el rostro de esa mujer
tienen que ver con mis defunciones

II
Quiero verme donde crecen ramajes a la sombra
cuchicheando con los perdidos y vagabundos
de pequeño me daban esas cosas y todo giraba
vertiginosamente
ahora se va a salir al corazón no responde sino al
recuerdo de ellos el río de mi casa primitiva sus tejas
en las gavetas de mi cuarto maltrecha como mi primera
muerte

III
Es hora de clasificar mis problemas; destrozar las
palabras sanguijuelas del aire. Mi problema sencillamente
es hacer figuras de barro, vender baratijas, armar
mercados y puestos ambulantes, domesticar fieras,
adornar y pintar las noches más claras del año. Grito,
mas gritar es vano. Quien me escuche pensará. ¿Que
disturbado pega alaridos de semejante tamaño?
Mi trabajo es el de enterrador de cadáveres, lo aprendí
de mi padre que solía hacerlo muy a menudo
la conseguí tirada
a la orilla del río
terminaba de devorar el último
de los doce niños
(entre la osamenta pude distinguir restos de clérigos
y banqueros)
la tomé de la mano
y envuelta en una manta
la llevé a la casa
hasta hoy he dormido con ella
solo espero la noche propicia
para soltarla.


POETA

Poeta
los pájaros y las llagas
saltan saltan saltan
es el inicio de toda confusión
los ríos cruzados con las montañas
Atila
reparte almendros
y sus caballos vuelan en Budapest
poeta
en plenilunio
tus ojos
dan vueltas sobre pastizales de sangre


BAJO QUÉ SEÑAL COMENZÓ EL FUEGO

Yo sólo quiero enderezar este entuerto
con mis dedos
después que se llore sobre mi tumba
y me recen las salves con cocuy
antes que cante el gallo
he venido a decir
lo que quiero
es un poco de muérdago
para hacerle el collar al perro de la hacienda
para que se muerda el rabo en el patio
para que lo hinche la luna
y lo vuelva en silencio
tú te irás trotando con la tea en
la mano
arrancando la yerbabuena para los enfermos de peste
de mal de páramo para los heridos de bala
este entuerto me pertenece
como el fuego
yo soy la fumarola de la
pendiente
el volcancito
el agua caliente de la quebrada
este entuerto lo enderezo yo con candela


LUNA LLENA

No dejaré que mi cadáver
se quede en el Bar de los marineros
y que la lluvia lo borre luego
volveré te lo aseguro
para dormir bajo la misma sábana


Selección poética por Daniela Montero, del libro Bajo qué señal comenzó el fuego.


 

ÁLVARO MONTERO, Barquisimeto,  Estado Lara, Venezuela. 1946 – 2004. Fue poeta y abogado. Participó en los grupo literarios, Simbiosis, LEA y Job. Fue distinguido con el Premio de Literatura Antonio Arraíz en 1985. 


 

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