VIENTO DIVINO | ANA LUCÍA NARVÁEZ CEBALLOS


 

DESPIERTA

Me acosté hace novecientos años
con la idea que a la mañana siguiente
todo sería igual
y no fue así
me encontré con esta muerte que no pesa,
que me puso a dormir la vida,
me condujo por caminos laberínticos,
donde encontré una mujer nueva
que hizo descansar su piel
cuyas manos volvieron a la tierra.

Solo espero que la vida nuevamente despierte
y cuando alguien me encuentre,
no le resulte un espécimen,
una sombra extraña de mujer.

Estoy segura, para entonces
seguiré sintiendo
a la mujer que quiere amar,
sentir en su sangre,
en el sístole y diástole,
la fuerza del ser
que visita mis hondonadas.
Una mujer que abandonó a la muerte,
al dejarla descansar en el olvido.


TRISTEZA OCULTA
Silenciosa esperaba
a que yo saliera de la rumba.
Esperó a que me embriagara de vida,
a que me pegara al cuerpo de él
al ritmo de Cortijo,
Lucho Bermúdez o Héctor Lavoe.
Y colgada de su cuello
con Leo Marini y Pete “El conde” Rodríguez,
no llegué a presentirla
la que oculta aguardaba
en la calle oscura.

Al final salió a mi encuentro,
esperó sigilosa y de manera violenta
me atacó con su puñal,
hasta quererme asesinar.
En ese momento,
la música terminó,
solo escucho los lamentos
de una tristeza que pelea
por quedarse a vivir en mi pecho
y arrancarme la alegría,
y sí que le cuesta mucho conseguirlo.
Vivo bajo sus dominios,
es la tristeza que me ataca.
De él ya no quedan ni vestigios,
ni fotos, ni recortes de periódicos,
solo esas canciones de hombres inmortales
las que me ayudan
a embriagarme de vida
y a engañar a mi asesina.


EN EL SEGUNDO MES DE SU AUSENCIA

Ahora en que no estás en este mundo visible,
le he dejado de temer a la oscuridad.
Reviso las ventanas,
la puerta,
el gas,
apago las luces
dejo la casa en penumbra,
soy la última en irme a la cama.

Y si es que los espectros existen,
aguardo en el pasillo
para ver si apareces
y si estoy con suerte,
escuchar algún sonido, quizá tu voz
pero nada,
todo es silencio,
el que termina por alguna riña de gatos o borrachos.

Espero que esas historias de apariciones
sean reales para encontrarte,
y al fin dejen de ser palabras
que los adultos se inventaban
para mandarnos a dormir,
cuando preguntaba:
¿Mamá, quién es ese señor
que me mira en la oscuridad?
Como en un cuento de Lovecraft


¿TE CANSASTE?
Desperté en la madrugada
con tus labios y café.
No estás ahora
solo puedo imaginarte
como una mígala
que camina, lentamente, sobre la sábana,
buscándome.


VIENTO DIVINO
Saliste en un kamikaze
dejando sobre el escritorio
tu último escrito.
Vencedor,
bombardeaste al enemigo:
tu propio olvido.


POR ESO ME QUEDO CON ÉL

Me quedo con mi tatuador de versos en la piel.
Con sus dedos que como tarántula
se pasean en mi espalda
y luego abren el camino
por donde encuentra su entrada.
Que su lengua venenosa,
ahuyente a las fieras y demonios,
que no exista duda, que no hay más fiereza que la suya.
Por eso, me quedo con él y cuanto pueda brotar de sus labios,
mientras se abre como la tierra
toda mi estepa sobre la cual ha cabalgado.
Sin que nadie lo escuche, sin que nadie lo salve,
me quedo y lo siento aquí conmigo,
como si su respiración chocara contra mi piel.
Con él que me desnuda, que me acaricia.
con sus manos de arcilla.
Él y todos sus mundos, con su lengua
en la mitad de mi mundo,
es a quien quiero querer,
hasta confundir el verbo con la carne y
el verbo amar con el devorar.


LUNES
La vida quiere verme bella
Eso me dijo anoche, mientras yo dormía.
Vino con su vestido ensangrentado
después de arrancarle algunos cuerpecitos a la muerte.
Por eso me pondré mi mejor pelo,
las piernas más fuertes
que tenga en el armario,
los pies más ágiles que guardé bajo la cama.
Solo será un lunes
Como tantos,
pero la vida
la que me lleva en su descomunal carrera,
ha dicho que me conducirá
por su mejor camino,
que no tema,
porque si es de caer,
ella estará conmigo, hasta el último momento;
si es de parar,
ella parará a los lobos que la conducen,
solo me pide que jamás mire
a los ojos a la muerte,
porque me puede enamorar,
disfrazada de fiesta,
siempre trae dolor.
Y yo he sabido escuchar a la vida
un lunes o un miércoles cualquiera,
porque entre esa vida encendida
y una muerte tramposa,
estoy yo.


ANA LUCÍA NARVÁEZ CEBALLOS Nacida en San Juan de Pasto (Nariño) en 1976, Economista de la Universidad de Nariño, y, sin olvidar qué es el P.I.B., se sigue enamorando de la literatura, esa posibilidad de imaginar y amar personajes y autores: hoy es Adolfo Bioy Casares como veinte años atrás fue Kafka. Formó parte del taller: “Relata árbol nómada” de la Red de Escritura Creativa del Ministerio de Cultura en Pasto, en el año 2008. Representó a su ciudad en eventos virtuales como el Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena y Vuelven los comuneros en el año 2020 y Ferias internacionales del libro en el año 2021. Publicaciones a nivel regional y nacional y forma parte del taller de escritura creativa “Raúl Gómez Jattin Perenne”, que reúne a miembros de diferentes regiones del país y del Colectivo Arte Poética Latinoamericana.


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