APUNTES Y POEMAS| WILSON PÉREZ URIBE

 

 


 

Apuntes

La urgencia y el desespero asisten, oportunos, al lugar donde duran las palabras. Lo que persiste no es ningún deleite, sino, más bien, la ternura de una inequívoca desaparición. No hay escritura que no sea heredera de la incertidumbre y la miseria. No hay que darnos demasiada importancia.

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Sólo los libros nos descubren los ojos.

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Qué rustica es la vida. Una mano cansada se apoya en la nuestra. Los dedos, mutuamente, se buscan entre sí; se acarician, se entrelazan, se vinculan en una compasiva amistad. La respiración se ajusta cuando otro intenta imitar, con consideraciones amables, la raíz del dolor. Sin prevenir, lo que somos ya está dictado. Granos de cebada arrojados a la tierra. Su destino cumplido, irrevocable.

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Para saber de sí, ser extranjero en el otro.

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Volver a la gestación de la vida. Volver a las contracciones, al ensanchamiento de las caderas, a la templanza de los senos. Hacer del desierto árido una memoria de savia entre el desastre. Nada, salvo la humedad del silencio, para enhebrar el nacimiento en la superficie arruinada de cada cosa.

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Merecer la paciencia de las cicatrices.

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Decir lo que es. Ser testimonio de lo sucedido. Lejos de los ornamentos y las florituras, decir el silencio de quienes, frágiles y aturdidos, han abierto la grieta del dolor.

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Al abrirse la semilla, el amparo de un milagro.

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Escritura que no escarcha. Escritura que aclara.

 

Selección tomada del libro”  Estudio de las pérdidas” Editorial Pre-Textos, 2022

 


Poemas inéditos

 

 

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Remontar en el tiempo

-sin ningún motivo,

 

salvo el de ser un pájaro

que vuelve a narrar

las veces de su primer vuelo.

 


 

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Heredamos

el dolor,

no la compasión.

 

Con qué facilidad

se inventa, se aborrece, se juzga.

Nadie habló

sobre cristalizar el ojo en la mirada del otro.

 

Se aprende

en la mudez y en el peligro.

La intemperie

desnuda el gesto habitual.

 

Es preciso, entonces,

la renuncia, la herida.

 


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Eugène Ionesco afirma

que la palabra impide conversar

al silencio.

Kierkegaard ruega que se hable

al callar.

Es imprecisa la palabra.

Frente a la mudez del cuenco de barro,

recuerda el hombre

la levedad de estar aquí, en la tierra.

 


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La cal

cubre los cuerpos

sin vida.

La blancura unida a la blancura.

 

Jizchak Katzenelson escribe

su último poema.

Lo oculta en una botella,

entre las raíces de un árbol.

 


Pequeñas biografías

 

Un hueso de aceituna en el bolsillo de in inmigrante

italiano. La memoria se guarda en una caja de fósforos.

 

Anna Boberg pintaba el color de la nieve.

 

Paul Desiré Trouillebert dibujaba al pescador

arrojando la red al agua calma.

 

Las suites francesas de Bach.

Tiene el mundo un gesto de callada inocencia.

 



Wilson Pérez Uribe (Colombia, 1992) es licenciado en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia. Escribe poesía y ensayo. Sus textos han sido publicados en Colombia, España y México, tanto en antologías de festivales de poesía, como el Festival Internacional de Poesía de Medellín, y en revistas como Revista Universidad de Antioquia, Círculo de Poesía, Alapalabra, La Tagua, Literariedad, entre otras. Una muestra de su poesía ha sido traducida al inglés, al italiano y al portugués. Ha emprendido proyectos de formación y de lecturas en voz alta sobre literatura china y literatura japonesa en la Universidad de Antioquia y en la ciudad de Medellín. Algunas de sus obras son: El amor y la eterna sinfonía del mar (Hombre Nuevo Editores, 2011), Movimientos (Editorial Universidad de Antioquia, 2018), Libro de la mirada (Pre-Textos, 2020), Escribir, prolongar el tiempo (Ensayos en: Leer y Releer N.° 94, Sistema de Bibliotecas Universidad de Antioquia), Interior con luz solar (Editorial Universidad de Antioquia, 2021), Estudio de las pérdidas (Pre-Textos, 2022). 

 

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