CINCO POEMAS DE JOAQUÍN COSÍO

 


CINCO POEMAS DE JOAQUÍN COSÍO

Joaquín Cosío Osuna (Tepic, Nayarit, 6 de octubre de 1962), es actor de teatro y cine, poeta y dramaturgo. Ha sido también periodista cultural, docente y funcionario universitario. Vivió en Ciudad Juárez, Chihuahua desde su infancia. En esa frontera estudió y se inició en la escena teatral bajo la dirección de Octavio Trías en la década de los 80. Emigró a la Ciudad de México en 1999, para trabajar en el montaje de Felipe Ángeles, obra teatral de Elena Garro, dirigida por Luis de Tavira. Desde entonces su vida transcurrió en los teatros capitalinos, estudios cinematográficos, y no regresó más al norte.

Durante su estancia en Ciudad Juárez conoció a grandes amigos que lo iniciaron en el amor por la poesía, especialmente los integrantes del taller de creación literaria del INBA, coordinado por el narrador potosino David Ojeda.  Desde entonces compaginó ambas actividades artísticas, teatro y poesía. En 1991, se estrenó en Juárez el drama Tomóchic, el día en que se acabó el mundo, escrito por Cosío y dirigido por Octavio Trías Jiménez. Al año siguiente, el autor obtuvo el Premio Chihuahua de Literatura por esta obra.

Conversando otra voz, su primer libro, se publicó en 1990 (Boldó i Climent Editores); Bala por mí el cordero que me olvida es de 2011 (primera edición en Ediciones sin nombre / Ediciones Nod), con una tercer reedición en 2018 (Mantis Editores).

En su rauda carrera ha estado en más de 50 películas y 16 series. No ha sido menor su éxito en los doblajes de voz para diversas películas. Ha trabajado tanto en México como en otros países, incluido Estados Unidos.

La poesía que presentamos para Ablucionistas, y que generosamente Cosío nos permitió publicar, forma parte de su segundo poemario, Bala por mí el cordero que me olvida, donde se aprecia un cambio respecto a la primera producción, de alusiones más directas, tono cálido y amable. En este segundo libro hay, pues, un tránsito a cierta complejidad, quizá mayor profundidad también, en el decir poético. Es posible que también podamos hablar de un crecimiento cualitativo, aunque es pronto para juzgar a un escritor que aún nos reserva sorpresas y que, dotado de inteligencia y sensibilidad suficientes, tendrá sin duda fuentes de inspiración, vivencias de donde surgirán otros poemas memorables.


 

LA MUERTA

Cruza la muerta quieta blandamente
la de lánguidas manos abiertas sobre el río
cruza caudales ásperos bajo las losas y los ojos
una flor de pistilos innumerables sueltos cabellos en el golpe de las aguar inquietas
brillos de lodo y otros muertos
brillos de peces sin su cáliz resurrecciones en el silencio real del sordo fluir
y las flores que ensucian el canal rebosante apenas huelen a esta muerta que pasa
Niños que ríen en este marzo de luz tocando diásporas
sobre tus hombros llevas Oh mujer la negra flor de tu pelo que ondula
no ven ya tus ojos el resplandor sino la sucia marejada el mediodía
ciudad cicatrizada que el sol ciego levanta
Millares de espejos cintilan en el caudal pútrido y en el caudal pútrido una muerta pasa
hay ondas contra el cuerpo de la mujer que es sólo miradas en la indiferente pleamar de la acequia
contra la profundidad de las aguas hay una mujer que fue agua justa para mis labios
Oh muerta del cauce impasible para las bestias y la mugre
carne que no te ha visto sobre el cauce donde ahora te pienso otra vez amor insistente
ni oscura ni azul ni amoratada sino viva te pienso
porque aquella que pasa bajo los cimientos está muerta
más aún que esta ciudad que cruza.


TATUAJE O CICATRIZ

1

Nunca serás de nuevo
nada será otra vez
navegas ya con las velas del náufrago
y sostienes en tu pecho la cruz de lo imposible
de lo que tuviste y se fue
de lo que no volverá

2
Todo tendrá un poco más de penumbras
pasillo de puertas cerradas
gruesos paños ahogando la luz
habitaciones cuyo umbral no podrás cruzar otra vez
y sólo permaneces cabizbajo
oyendo tras la puerta esos juegos
donde el que ríe agitado y feliz eres tú


COMO EL AMOR SE OLVIDA

Te sumerge la tibia delectación del agua
Tu muñeca se abre con la hendidura de un ojo entrecerrado
y dejas gotear ese amor ido como una pesada nube
que abre cauces como hilos de una roja vertiente
Acaso haya marcas y espumas broten como sus labios eran hondos
En la tina la ves —inevitable: ella estuvo ahí y dejó huellas—
y para que esta sea la historia de la historia de amor
te levantas —acaso más delgado y frío—
secas tu cuerpo lames tu herida
y miras que lento pesado                    insomne
también el mundo se recompone

Entonces dejas que el torbellino pequeño y turbio se vaya
porque has abierto el desahogo y punto


 

MI MADRE

Recuerdo que recuerdo el perro
que
saliendo de la verja atacaba
era lo único cierto
en mí entonces
ladra el perro y mis sábanas están encima de mí
y respiro agitado y recuerdo
que todo lo mojo con el vaho más puro y quieto
de mis años mozos

La blanca tibieza

Ese es mi sueño interrumpido
la otra cara encima de mí
mi madre que ahuyenta
a ese perro que ataca
en
mi moza quietud
de sábanas
que guardan apenas
la baba
del diestro
perseguidor
amarillo

Ahora
más real que el perro que me ladra
es otro sueño más puro:
un perro que me sueña
amando

 

                    XX
  (EMIGRADOS)

Dije que había una ciudad
o unas calles
o un viento soplando
Dije que había un hogar
o una chimenea
o un sofá
o un destino como casa olvidada
O dije también que había una calle con una chimenea
una calle con lluvia
y un sofá y un sueño
O dije
que todo eran calles bajo la lluvia
trenes
soñando con una
noche tibia
Y un destino como ciudad
(Pero todo es para mí
una cicatriz
en la memoria
rancia
de aquello que fue
mi
Casa)
Me acuerdo


 

 

 

 

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