CIUDADES DE KLEE | SANTIAGO MOLINA ROTHSCHUH


CIUDADES DE KLEE

Ciudades de Klee
donde terminan las últimas estaciones de trenes
un balbuceo de sílabas se escucha
cuando los viajeros de todo el mundo recorren
las calles sabiendo que no llevan
a ningún campo de concentración
Klee en un trazo enérgico de color azul
concedió estatutos de golondrinas a todos los migrantes
calles de Sentido Único donde al final de la esquina
Walter Benjamin juega en un tiovivo con los niños del futuro
calles donde Nadja va encontrando letras para formar un signo
pues éstas han sido adoquinadas con fonemas caídos de Babel
calles donde el corazón de André Breton en forma de quinqué
late y se enciende en cada atardecer

un Globo Rojo indica mi lugar en el espacio
vertical me sostengo y lo sigo a través del viento
rabino predicando proverbios de puerta en puerta
aquel que desee flotar más alto que su vecino
pronto caerá sobre su propio tejado
al final de la hilera de casonas un zaguán grisáceo
huele a pelo de ovejas y aperos de labranza

Ciudad de Klee fundada con lloviznas repentinas
momento en que podemos ver a Walter Benjamin en medio de la calle
regresando de la oficina de correos con un maletín negro
su Ángel mirando hacia atrás le guarece bajo un paraguas
luego desaparecen tras la puerta de un albergue
la otra calle vecina es una composición de Cúpulas rojas y blancas
cada casona cuadrada colocada una junto a la otra
alberga todos los sueños que hemos olvidado
si observamos con atención los colores
vuelven a nosotros los recuerdos
en mi ciudad de infancia un lechero
vierte la leche en la tina plateada de mi abuela

al doblar la esquina un tranvía nos apea en Ciudad R
los pasajeros hablaban que Walter Benjamin había muerto en Portbou
siempre hay alguien que desmiente el rumor
afirmaba que ayer a la hora de la llovizna lo vieron como siempre cruzar la calle
con su maletín negro debajo del paraguas y su Ángel mirando hacia atrás
así corren las historias en las Ciudades de Klee
la gente insomne tiene su propia manera de conspirar
relatan que escuchan acercarse a la frontera
los tártaros de Buzzati galopando en el desierto de la noche
levantando un polvazal como sucede en cualquier ciudad de verano
para el imperio significa que el enemigo está a un paso de su frontera
el bárbaro es un miedo infantil al Otro
todos los genocidios son un miedo
criminal al lenguaje diferente del Otro
“el inconsciente, escribía André Breton
contra todos aquellos como Jean Clair
que lo acusaron de ser el desmoralizador de occidente,
nos libera de imperativos lógicos y racionales
así la poesía no es una alienación
sino la puesta en obra de un mundo nuevo”
Breton demostró que amaba América Latina desde una isla del caribe
pensaba que La encantadora de serpientes cuya belleza convulsa
y súbita mordedura acabarían con el pensamiento hegemónico
y la barbarie venida del viejo continente

al borde de la acera un señor me ofrece un puro de ultramar
habita en un carromato y dice llamarse Raymond Roussel
me contó que la Ciudad R es un anagrama en colores de su propio nombre
los vecinos narran que dentro del carromato los Jugadores de ajedrez de Marcel Duchamp
se entregan a resolver la eterna jugada de Roussel el mate del alfil y el caballo
y a generarle combinaciones para su enigmático procédé
homofonías que solamente él podía rimarlas en la trama de sus novelas
por su parte Duchamp sabía que en “el ajedrez hay cosas muy hermosas
en el dominio del movimiento,
es la imaginación del movimiento lo que produce belleza.
Juego día y noche y nada en el mundo
me interesa más que encontrar la jugada correcta”.
Duchamp encontró en el Grand Verre la jugada correcta
Roussel encontró en Locus Solus la jugada correcta
a veces en un carromato peregrino
el tablero del tiempo
reúne a los dos maestros para que sigan conversando

Klee dijo: una línea es un punto que fue a dar un paseo
nosotros diremos: una línea es Robert Walser que fue a dar un paseo
habitante privilegiado para vivir en las Ciudades de Klee
equilibrista que tendía su cuerda sonámbula de esquina en esquina
suspendido en el vacío por cardúmenes de peces mágicos
coloreando las avenidas después de abandonar las redes del mar
Walser conoció en sus caminatas todas las ciudades del pintor
llegó hasta las oficinas del castillo de Kafka
ahí bebió cerveza con el funcionario Klan
atravesó en varias semanas la ciudad llamada Equilibrio Inestable
en zancadas cruzó la ciudad Castillo y Sol
logrando -sin quemarse los pies- el ardiente sueño de Ícaro

las flechas de Klee orientan a los peregrinos
son pensamientos –decía él- para que no te pierdas
a través de la geometría de las ciudades
son caminos ya dibujados por la mirada en la obra
lugares elegidos esperan a los forasteros
“Importa poco no saber orientarse en una ciudad,
recomendaba Walter Benjamin: pero perderse en una
ciudad como quien se pierde en el bosque requiere aprendizaje”.
caleidoscópica ciudad de Klee donde el filósofo
juntaba fragmentos distanciados de una época a otra
minimizando en una sola cita volúmenes enteros
concibió su libro Pasajes en la Biblioteca Nacional de la Ciudad de Gog
no lejos de allí Ítalo Calvino alquilaba una buhardilla
la dirección de la buhardilla en la calle 11, Simon-Crubellier
le fue proporcionada a Calvino por George Perec
en ese lugar angosto escribió y volvió invisibles las ciudades visibles de Klee

Pasando El puente rojo hacia Villas florentinas
George Perec imaginó el edificio con la fachada desaparecida
porque solamente en una ciudad de Klee
se puede escribir La vida instrucciones de uso
su lectura invita a reconstruir los aposentos del tiempo
desde los sótanos a las buhardillas
aprenderás que el lenguaje es parecido a un rompecabezas
imponiéndote reglas o construcciones
así el azar de sus piezas se volverá de pronto ante vos inteligible
porque solamente en una Ciudad de Klee
puede existir la calle 11, Simon-Crubellier
donde habité en cierta época de mi vida
recuerdo que tenía una gata llamada Conga de pelaje gris
huraña y capaz de lanzar un zarpazo a cualquier desconocido
mi biblioteca de varios estantes representaba el paso de los años
ahí por primera vez leí La vida instrucciones de uso
mi gata ya no existe pero me consuela una foto de Perec
con su gato en brazos como aparece en la estampilla emitida en su honor
y al verla me parece que todavía habito
la calle 11, Simon-Crubellier con los vecinos de entonces
mis buenos días a Gaspard Winckler bajando la escalera
saludando alguna vez en el rellano al pintor Serge Valène
obsesionado por pintar un mundo total diríamos hiperreal
tomando como modelo el inmueble donde todos convivíamos
sin dejar nada excluido ni el brillo de las empuñaduras de las puertas
un cuadro tal de un esfuerzo demasiado humano
solamente puede pintarse si habitas en una Ciudad de Klee
combinando tantas vidas
en un inmueble cuya fachada ha desaparecido
incluyendo mi propia vida con sus manías de esa época
leer y pescar peces solubles bajo El puente rojo

ciudades que tanto he imaginado
estudiaré los vitrales de cada iglesia en La ciudad de las iglesias
detalladamente quiero observar el vitral de Isaak Walton
con su alegre piedad pescando y leyendo tras la luz policromada
para transformarnos en contemplativos y mansos pescadores
como lo deseaba Walton, el que dijo:
“solo es siempre estable la inestabilidad”

ninguna ciudad de Klee podría ser sitiada
los alrededores son líneas que se pliegan y despliegan en el infinito
para que el enemigo pierda la razón en ese origami de confines
los bloques de colores resisten a cualquier intento de invasión
una lluvia de pájaros y peces
puede acabar con un ejército de hombres
imposible crear un gueto en una ciudad de Klee
no se pueden levantar alambradas
tampoco se pueden organizar progromas y manifestaciones neo-nazis
porque las piedras coloreadas desaparecen de la mano
de aquel que desea lanzarlas contra el tejado de su vecino
a veces abres una puerta y en el centro de la sala
encuentras una vaca roja pastando tapices voladores
la descharchalada perspectiva de las callejuelas empedradas
no impide que los vendedores de raspados puedan deambular
junto a la carreta del vendedor de ganado
al pasar se saludan quitándose el gorro jasídico de piel de zorro
un gallo azul canta en la madrugada para despertar a los rabinos
porque en una ciudad de Klee no se puede vivir
si no conoces la igualdad y la solidaridad con la Vida nuda de los sin techo
se quiere desanudar la aporía de Benjamin
“mientras quede un mendigo existirá el mito”
de vez en cuando alguien abre una ventana y su rostro
puede recordarte a Paul Celan mirando con tristeza hacia el Sena
asimismo a George Perec con su gato en brazos tentando de agotar con su mirada
un lugar infraordinario donde no dejan de volar las palomas

porque una Ciudad de Klee también puede nombrarse Vitebsk
entonces no te sorprendas si una cabra verde salta sobre los tejados rojos
si un desconocido sale por una ventana tocando la música de un violín celestial
o si caminando por la acera alguien a tu lado lee bocabajo la Torah

ciudad de goteantes aleros bajo la llovizna tempranera
de madrugada se levantaron los compradores de leche de mi abuela
sus picheles y cubos de plástico les sirven de paraguas
en días soleados y ventosos los chavalos elevan barriletes de papel de china
ciudad de grandes casonas con parques
donde los jugadores de ajedrez se toman los quioscos
empeñados en descifrar la jugada del mate del alfil y el caballo
los jugadores de Go también están invitados
son los grandes estrategas de nuestro tiempo
las estatuas de este parque son tan reales que espantan a las palomas
la gente repite una historia de la estatua de Joyce en un parque de Trieste
dicen que la brisa y el viento cercano del Danubio limpian sus gafas todos los días

en cada acera la gente lleva sombreros o gorros de Vitebsk
mientras van hablando un idioma que puede ser el yiddish
o el náhuatl o el quechua el francés el español el árabe
todas las lenguas de las islas pápues
todas las lenguas de las tribus amazónicas
el lenguaje de los esquimales con sus 60 maneras de nombrar la nieve
el Záum de Vladímir Jlébnikov
el lenguaje oulipiano y matemático de Jacques Roubaud
le procedé de Raymond Roussel
el glíglico de Cortázar
el chino y el ruso

cada ciudad de Klee es el lugar y la fórmula
la jugada correcta
frontera donde termina el mar
y comienza la tierra en la cartografía de los videntes.

Metrópolis

Metrópolis por el pintor Paul Klee


Santiago Molina Rothschuh, poeta (Juigalpa, Nicaragua, 1958). Después de vivir 23 años en Rusia y Francia, retornó a Nicaragua y publicó Los dominios del aprendiz (Nicaragua, 2005) y Círculos de alfarero (Costa Rica, 2008). Tiene una licenciatura en literatura hispanoamericana y una maestría en lingüística española por la Universidad Michel de Montaigne. Es amante de la literatura rusa en general y de Osip Mandelstam en particular, le interesa y se ocupa de estudiar y comprender el lenguaje de las artes plásticas. Es considerado uno de los poetas vivos más importantes de Nicaragua.


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