PUDIMOS HABERLO PERDIDO TODO, PERO NO HUBO TIEMPO | CLAUDIA RANGEL


PUDIMOS HABERLO PERDIDO TODO, PERO NO HUBO TIEMPO

Solo existe lo que se enuncia.
Nos tomamos de la mano y miramos la marcha
como en una película.
Ya habíamos estado aquí.
Éste no era nuestro primer apocalipsis.
Una vez en la televisión vimos un glaciar del tamaño de un estadio de fútbol
caer al mar.
Tuvimos miedo, pero no dijimos nada.
Nosotros también hemos perdido cosas.
Pasó lo mismo en el vuelo de regreso a la ciudad
cuando creímos que el avión se iba a caer
y nos quedamos callados.
Solo existe lo que se enuncia. En el nombre sea de Dios.
Jamás pensé que dejar abierto el grifo del agua
nos quitaría tanto.

Cientos de estrellas fugaces aparecen de pronto en el cielo.

No hay futuro decía un cartel
Las protestas llegaron con la primavera,
aunque el problema empezó antes.
Las tormentas empeoraron hasta que dejaron de impresionarnos,
pero los deslaves y terremotos sí lograron partirnos en dos.
¡No es tiempo ni lugar para sueños! Grita alguien de la multitud.
Pero si soñar es lo único que nos queda, dice mi amante.
No supe si estaba bromeando o si de verdad estaba triste.
Pienso en la mujer que después de que se canceló la ceremonia
se comió su pastel de bodas ella sola
a lo largo de varias semanas.
No existe lo que no se enuncia.
La gente que protesta siempre tiene las uñas enterregadas,
así sabes que sus manos han estado en las tumbas.
¡Es hora de despertar! Alguien responde. ¡Es lo único que no nos han robado!

Las estrellas alumbran la cara de los manifestantes en matices rosas y amarillos.

Yo pregunto en qué se parece un huracán a
los niños que dibujan soles con caritas sonrientes
y guardan sus colores en mochilas a prueba de balas.
Mi amante pregunta si hay algo verdadero qué salvar y me aprieta la mano.
No sé si está jugando o intenta ser romántico.
Un barco se queda varado en una costa que no estaba ahí antes.
El capitán no puede creerlo. ¿Cómo pudiste?, piensa.
Se refiere a Dios.
Dios no responde.
Yo trazo con mi dedo en la palma de mi amante:
Si alguna vez tengo que identificar tu cuerpo en la plancha de una morgue
no sé si querré tocarte,
pero sé que me arrepentiría si no lo hiciera.

Todo palidece en un blanco incandescente que consume todo,

Nos damos un beso y la marcha nos rodea
con bocas y dientes cada vez más grandes que amenazan con tragarnos.
Quisiera preguntarles en qué se parece una inundación
a los domingos por la tarde,
pero qué puede decirle alguien que conserva algo
a alguien que ha perdido todo.
Nosotros no cargamos con ningún letrero.
La sequía no se lleva el agua, solo la esconde de nosotros.
Ahí siempre han estado los océanos.
Nos abrazamos mientras la protesta nos devora y alguien vocifera
que solo reclaman lo que también es suyo,
hasta que nuestra carne los deja mudos a todos

como si alguien hubiera encendido las luces en una fiesta.

 

 


Claudia Rangel Lic. En Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara. Traductora e intérprete de profesión, escritora por pasatiempo. Sus publicaciones han aparecido en Apócrifa Art Magazine, Music Men Ruined for Me Vol. 1, Áspera fanzine #3. Traducción al español del poemario “Altiplano subtropical” de Kimberly Kruge (Impronta, 2019).

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