COLECCIÓN ALFABETO DEL MUNDO | LA CASTALIA Y LÍNEA IMAGINARIA


El objetivo de esta colección, sin fines de lucro, no es otro que el de incentivar a la lectura y al encuentro en grandes dosis de buena poesía, narrativa, ensayo y fotografía. Muestra de ello es este comienzo: desde ya ustedes, amigos lectores, pueden descargar esta colección en estos enlaces:

https://centro-editorial-la-castalia.webnode.com.ve/
www.vallejoandcompany.com


Una de las razones por las cuales dependemos de la poesía en momentos de crisis es porque la poesía, de alguna manera, formaliza emociones difíciles de articular, porque en esos momentos es cuando resulta importante saber en unas cuantas palabras aquello que nos aqueja.

Pienso, sobre todo, en los funerales, aunque también es válido para los matrimonios y los alumbramientos. Sin poesía tendríamos silencio o banalidad.

Queremos agradecer a los autores que generosamente nos han confiado sus libros, a los fotógrafos que de modo sensible se han sumado gustosos a este loable proyecto y esperamos que nuestros lectores y lectoras disfruten de este trabajo con nuevos bríos.

Estamos orgullosos y felices de contar para la segunda salida de nuestro catálogo con firmas destacadísimas de la poesía escrita en castellano, autores de la talla de la escritora puertorriqueña Mayra Santos Febres, la cubana Reina María Rodríguez, los mexicanos Claudia Berrueto y Hernán Bravo Varela, y de la costarricense María Montero; así como de los poetas Samuel Vásquez y Robinson Quintero Ossa de Colombia, Juan Carlos Astudillo de Ecuador, Arnaldo Jiménez de Venezuela y Juan Domingo Aguilar de España.

Con ellos el Alfabeto de este pequeño y gran mundo seguirá buscando decirnos más… Poesía para celebrar y regresar con ella al enigma del lenguaje, porque es el poeta el que quiebra la mudez, no para hacerla audible, sino para llenarla del silencio primordial de ese mismo del que están hechas las palabras.

En estos enlaces los lectores podrán escuchar de viva voz a los editores del proyecto y a los 8 poetas que hacen parte del catálogo.

https://www.youtube.com/watch?v=buR_0jn4zhs
https://www.youtube.com/watch?v=eIkoy2HAbVM

Les dejamos aquí a nuestros 8 poetas invitados y una breve selección de sus poemas tomada de los libros que ustedes podrán leer plena y completamente, al descargar de manera gratuita los ejemplares:

 


Aleyda Quevedo Rojas nos presenta Ejercicios en aguas profundas. De él nos dice la poeta colombiana Lucía Estrada: “Hablo del cuerpo y del aliento en estado puro… De esta forma, Aleyda Quevedo Rojas nos ofrece su libro, y uno entiende que a partir de la primera página empezaremos a sumergirnos en una experiencia poética y amorosa. No hay en esta escritura anfibia otra búsqueda, otro anhelo. Aquí, cuerpo e imagen, cuerpo y palabra, ocupan un mismo espacio. No se repelen. Tienen al acercarse un ritmo compartido, una cadencia que los hace únicos, visibles y palpables el uno para el otro, como en la danza, como en el vuelo, o como ese banco fabuloso de medusas que parecen envolver suavemente la atmósfera del libro”.

CORALES

No importa la profundidad del descenso
o la imposible maleza derramada en el camino.
Es largo y frío el viaje sobre oscuros caballos.
Ejercicio de inmersión y belleza piadosa
hasta pisar altos jardines de coral negro.
Entre mi dolor –que conozco tanto desde el lodo-
y el universo poco explorado por la falta de tus palabras,
me quedan flotando la impenetrabilidad de la música y la sal.
Las medusas atrapadas entre mis pestañas me jalan rápido.
Más no importa el precio del descenso.
Es necesario volver al camino consciente del miedo
y el aliento del océano golpeándome en la nuca.

ACUÁTICA

Una flor
Una flor
Una flor

Flotando en el agua
al son de sus ciclos oxigenados
Mi vagina abierta al agua de flores
en perfecta alineación con las estrellas
Hasta el centro del estambre que guarda perfume
y una lengua
bulbosa,
carnosa,
florecida
vegetal

Chupando la flor abierta, acuática y amable al ácido de la saliva
hasta ver la muerte en el centro enceguecedor del agua
y no ahogarnos de placer
y no regresar a la superficie.

Nunca más una flor sin saliva.


Rafael Courtoisie nos deja en 62 poemas penden de la transparencia un libro magistral. Aleyda Quevedo Rojas ha hecho la selección y su respectiva presentación dejándonos un libro que celebra la vida y la obra de nuestro querido poeta uruguayo: Creo firmemente que es en la poesía donde Courtoisie nos entrega lo mejor y más depurado de su ardor creativo y de su inteligencia talentosa y gozosa. Su poesía nos permite encontrarnos con nosotros mismos y con el animal vital que somos. Salvaje y tierno, errante y sosegado, libre y curioso así es nuestro poeta y algunos de los animales que nos habitan a sus lectores. ¡Las inflexiones, quiebres y ondulaciones de sus poemas erótico-amorosos son de una belleza que mata de pasión! Heredero de Bataille y del Marqués de Sade construye versos de erotismo y amor dentro de un universo poético que arriesga y le apuesta constantemente a la invención, a la frescura de las palabras, a la vitalidad. Al cruce entre voluptuosidad, transgresión, pasión y emoción. No deja de cautivarme la sabiduría contenida en sus poemas de sus más recientes libros, donde todo pende de la transparencia como una cualidad.

El cuerpo es un arrepentimiento de la materia, la materia grita en el cuerpo una sombra viva. La vestimenta oculta la inmensa pregunta de la desnudez.
Al desnudarse amanece otra noche, una noche muelle brilla sobre la piel ubérrima de ganas.
En la superficie corporal todos los signos son humanos: nubes de significado, constelaciones gramáticas, glándulas apócrinas de leche existencial, jugo de piedras brunas, ciruelas prietas del pecho en las que la boca pronuncia, alternativa, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una palabra húmeda en la punta derecha y en la punta izquierda de la verdad.

Una excedencia de sentido se establece en el acto, desborda lo mirado, funda, más allá de la palabra, un espacio sin lugar. El relámpago de lo no dicho irrumpe en la desnudez, enceguece.
Ya no se puede ver. Solo tocar.
Las piedras no tienen peso.
El río de Heráclito lleva agua para su molino donde se muele el trigo para hacer la harina con que se amasa la carne del Espíritu Santo, el pan que se va a morder, a comulgar con la boca.


De la Venezuela de frontera, de la Venezuela de provincia occidental nos llega el libro de Ernesto Román Orozco, Zona de voces… En él… Se abre la página ante la palabra. José Gregorio Vásquez ha traído de estas páginas este comentario. Es el recinto donde el sonido de esa palabra encuentra su misterio, su zona silenciosa, su estancia antigua y nueva ante el tiempo. La señal de la levedad y el solo secreto urdido en las márgenes del papel de este libro han hecho de esta zona de silencios, una zona de voces, un lugar para la poesía que Ernesto Román Orozco ha protegido en su camino, en su andar de pasos entrañables por el destino. Son los pasos discretos en medio de las sílabas que secretean la magia, la delicada forma de los símbolos, aquellos sonidos que se adentran en la zona que la palabra abre para el resplandor. En cada libro Ernesto ha sabido trasegar por estos años en su propuesta poética dejando en sus páginas la enorme sensación de un hallazgo que se hace solo al cruzar el río de palabras que abren el camino hacia el poema. El poema no es más el lugar de un encuentro, es el inicio de un largo andar que comienza cada vez, que se muestra intacto en el resplandor del mediodía.

NATURALEZA DEL TIEMPO
Tenue y nube,
masticas el tibio jengibre
de un relámpago.

Puedes hacer sangrar al viento
y trastabillar dentro
de tu pequeña casa,

mientras caminas
sobre carbones de hielo,
en dirección contraria al día.

QUIETUD
Hay un cristal
insomne, un efluvio
de oro en las rosas
del invierno.
Hace frío,
y cada brizna de lluvia
se sirve con sus pájaros.


Ana Lafferranderie con su libro Casi real, nos desentraña la magia de la escritura poética de su gran labor. Carolina Esses nos comenta de este libro: “Lo real -nuestra historia personal, nuestro presente, lo que nos rodea- es de una terrible fragilidad. Todo se está quebrando, todo el tiempo. Pero acá están los poemas de Ana tratando de asir algo de eso que se escapa. Tratando de captarlo con lo único que tenemos: el lenguaje. Probablemente el lector, la lectora se detengan en otros versos, en otras imágenes. Yo he elegido estas, que son las que me hablan, las que indagan en la pregunta que me desvela, ¿qué de todo esto -las palabras que escribo, la escena familiar de la que formo parte- quedará en mi recuerdo? Los poemas de Ana astillan esta pregunta en otras. Como una red que se despliega para tratar de entender el meollo de una cuestión siempre esquiva”.

SIN LLEGADA

1

Era invierno, escapamos al mar
¿por qué vuelven ahora las mismas jaulas?

Había crecido la Santa Rita, ese era el logro
¿por qué otra vez la flor baja
pétalos en el mosaico
sequedad?

2

Ya pasamos por esto, pagamos
las noches con su fuego.
Debíamos llegar a otra estación,
luego la permanencia.

¿Y cuándo
se gana la palmera, la luz
quieta en la orilla?

¿Cuándo el camino que repita su verde,
nos lleve
ida y vuelta a una playa donde niños
regalan su escultura?

El palo para tirarle al perro, un simple desagüe al mar.
Faro cuando el sol abandona, pisadas
junto a las olas bajas.

Tu voz nombrando lo sereno
las cosas inofensivas, nuestras.

3

Lo que ahora veo: cifras cerradas.
Espacios cercados por espacios.
Sujeción.

Lo que recuerdo: arena
ganada a la tormenta, la casa
no tan lejos.

Un camino entre luces
que se encienden dispares.

El sonido de arranque de un auto viejo.

Nuestros, cosas usadas, suficientes.


Lucía Estrada, desde Colombia nos ofrenda Las hijas del espino. Un libro maravilloso. Un libro necesario. Un libro que viaja en el tiempo y teje y desteje la palabra venida de la piel y el alma femenida, de la creación y el dolor, de la pasión y la desmesura. Los poemas de Lucía Estrada – nos dice Santiago Espinosa- nos hablan desde el misterio, y son sus palabras las que regresan de esas aguas, delicadamente, trayendo el resplandor de los dominios perdidos. Pocas veces vemos este sentido ritual, de travesías donde la intimidad y lo externo se encuentran, llevados de la mano como dos niños ciegos. Esta poeta, tal como ocurre con los grandes maestros de la música, logra encontrarle al silencio sus espacios justos, haciéndolos fecundos, funda una nueva distancia al interior de nosotros. El resultado es un tiempo-otro que nos ronda, de cuando las palabras se decían junto al fuego, de cuando las palabras eran el fuego, y nosotros sus asombrados visitantes.

CATHERINE BLAKE

Soy el pacto de un dios
con el más terrible de sus ángeles.

Diseñó para mí un rostro,
el más puro en medio de la tormenta.
Tuve que ser fuerte
y en mi silencio
reservar la gruta de su descanso.

Del vínculo con lo oscuro,
abre puertas, paisajes
que no me atrevo a mirar.

Turbias coronas de ángeles caídos
en el jardín de las delicias,
uniones monstruosas
en el corazón de toda inocencia.

Su oficio le impide
no entrar, pero antes,
vuelve la mirada
y cubre mis ojos.

La rosa debe mantenerse
aun si la mano de su dueño
cava cifras penumbrosas,
el mapa real de lo impronunciable.

COSIMA WAGNER

Ofreceré mis ojos
al paso de la yegua nocturna,
ofreceré mi fiebre,
el arco de la medianoche;
porque tú estás al fondo,
porque es tu imagen
la que se oculta bajo el yelmo.

Una danza mortal
en el vientre blanco
de los sonidos que se cruzan.

Somos ángeles enraizados
allí donde nadie sueña.

La casa está vacía
y el oído.
Puedes entrar a galope
en el reino de los timbales
y las flautas.

Puedo morir
para que la música
siga en ascenso.


Del lenguaje de la pasión, la mesura, el delirio todo de la palabra, nuestro querido Jesús David Curbelo, desde La Habana, Cuba, nos deja como regalo Quemadura y fulgor. De él nos ha dicho Jamila Medina Ríos: “De Quemadura y fulgor -como el propio título transparenta- me gustaría subrayar, de un lado, más allá del regodeo en las mujeres estereotípicas (hada, pitonisa, sílfide, náyade, bacante, vestal, prostituta, prima, novia, adúltera, cordera, Madonna, Beatriz, viuda, huérfana…), la veta de amor místico, que hundiéndose en la carne no deja de buscar un pasadizo a la ascensión, a la odiada paz del saciamiento, a la fusión bendita. Y, del otro lado, el escarceo continuo y donjuanesco del amante implacable, del lobo voraz, que no por ello deja de ser estremecido y hasta burlado”.

(fuego)

EN VIAJE HACIA LA CARNE,
sólo la carne importa:
hundirse en el placer de la caída
sin escuchar los signos del espíritu;
para emerger, al fin,
en un viaje de vuelta
donde la misma carne,
por temor, por exceso, por fatiga,
es lo único que importa.

(fuego)

ANTES DE TI,
buscaba en otros cuerpos
suplir la gran ausencia
de no ser parte tuya,
y nadie mitigaba
mi sed de ser tu sangre.
Después de descubrirte,
sigo yendo a otros cuerpos
a modo de emisario:
debo expandir la nueva
de tu belleza y tu sabiduría
para perfeccionar la humanidad.

IDILIO

(A la manera de César Vallejo)

Qué estará haciendo en esta hora mi andina y dulce niña
de junco y capulí;
ahora que la reinvento, antes de que el vértigo me ciña
y me pierda en uno de los muchos laberintos que hay en mí.

Dónde estará la fiebre, dónde el dulzor de su amargura andina
porque supone que no soy quien fui;
ahora, cuando mi cuerpo se ilumina
con tanta ausencia y no la encuentro y sí.

Qué será de sus lágrimas de angustia y gozo, qué será de sus
desvaríos en las múltiples ciudades a que la hice llegar,
en las que me esperaba el sabor y el aroma de su sexo en pleamar.

Ha de estarse en su vida, puliendo el andamiaje
de presente y futuro, y pensará, temblando: “Te deseo, Jesús.
No demores mis ansias de tocarte y volar”.

Yo la busco en el signo trasgresor de la cruz:
tuerzo los clavos, quemo el maderaje,
y en mis venas relincha un caballo salvaje.


De México, de la búsqueda y la necesidad de entrar en el leguaje puro de las significaciones nos llega el libro de Rocío Cerón titulado Diorama. De él nos ha dejado la entrañable palabra Julio Ortega: “Diorama cita al lector en una cámara oscura donde su mirada se ve refractada, lector, mirada y cámara convertidos en milagro (que significa ver más) del lenguaje. Este libro lo espera todo del lector. Lo convoca a recuperar el verbo desde la acción del poema. Nos dice que la poesía es el lugar del lector en las palabras, restada aquí por el rigor y el radicalismo de su demanda contra un mundo profuso y redundante. Tal proyecto de otro libro y otro lector hace de la poesía el instrumento para forjar una nueva sintaxis de re-habitación. “La ofrenda: lengua en tierra propia”, afinca en la materialidad emotiva y lúcida, que el poema reorganiza con la claridad del recomienzo, allí donde la tersa enumeración recobra la fuerza primaria del nombre. Dolor y celebración del lenguaje, este libro refulgente despliega un horizonte de libertad por hacerse: una fe cierta en esa margen de humanidad”.

CUMBRES -TERCER SECTOR-

Pleura.
Antes incidencia.
Acaso hiel sobre vértice cresta cimera.
Pleura.
Yacimiento o ala, cuerpo afincado en montaña.
Tejido que cubre apenas el monte.
Tejido que cubre apenas el monte.
Mirto o salvia.
Nada queda sobre el césped.
Piso /alteridad y fuga.
Un misterio concluía:
sobre los cuerpos un ramillete de claveles;
entono de pasamiento.
Lenguamadre que acrecienta.
Pleura.
Latitud en descenso o descalabro del que llega;
zanja.
Viene o va,
campamento articulado por la ausencia.
Pleura.
Mi hermano guarda un grito que no encuentra trazo.
Golpes sobre la plaza,
pies que dan memoria.
Marcha.
No coopera, no interviene.
Corte o jaula, un niño duda si volverá su padre.
Pleura.
Nación pueblo contiguo creado por el “suyo”,
“nuestro”.
No.
No regreses.
Volvería si los nudillos no fueran tan de angustia,
hueso.
Preservación del apellido,
hermandad que se niega pero está.
Carbón, discada artificial, diorama de familia;
la sortija lleva inscrita la historia entera.
Pleura.
Atardecer en malva.
Rojizos haces entre nubes.
Resta, suma.
Los nombres no caben en sí.
Baldosas heridas;
iridiscencia casa o hiel sobre la plaza.
Pleura.
No hay misterio donde el huerto
/escarpada barrio colonia/
acaba.
Afinque nuestra mirada
en el ojo del que mata.
Nombrar lo sabido.
Nombrar lo sabido.
Nombrarlo.
Pleura.


De la tradición contemporánea peruana nos abraza nuestro admirado poeta Mario Pera con su libro Preparaciones anatómicas. Mario ha desentrañado el poema para decir en el lo inicial de la palabra. Así nos lo comenta Bruno Pólack en su presentación: “Se nos devela en estas páginas, cada poema como un aprendizaje. Mejor dicho, un cuerpo escindido en el anfiteatro y en cada parte, en cada preparación, el aprendizaje de la topografía de la ira contra dios y contra la muerte. La luz contra la luz. Dos reyes rojos sobre el oscuro bosque. Y la gente lo ve desde las gradas circulares maniobrar el escalpelo sobre la carne, y sus movimientos recuerdan la frialdad de Gottfried Benn, escenarios de Witkin. Y en un segundo de distracción, en un momento de sosiego, viene el recuerdo de Roma, las pequeñas alegrías pasajeras, el respiro de Dios. Nada más inseguro como el ojo de la tormenta”.

CASUS BELLI

La puerta es abierta de un empellón.
El fuego en el que ardían los leños, repentinamente, se convierte en
humo.
Los niños,
observan angustiados la imponente figura.

La madre intenta, muy despacio, acercarse a sus vástagos.
No obstante,
su acción es pronto detenida,
cuando el individuo hace crujir el piso de madera
al lanzar un seco y potente taconazo.

Con pavor, niños y madre permanecen inmóviles,
oyendo,
cómo las nubes descargan una tupida garúa
contra el vidrio de la claraboya.

Es invierno,
y la muerte se sufre y llora con más congoja
en esta época del año.

Los lobos otilan incesantes a lo lejos,
el aire ingresa gélido a la pieza,
y una telaraña,
que ha encontrado su forma en la esquina superior de la habitación
baila inquieta al compás del viento.

El hombre deja caer junto a su pierna un viejo rifle,
algunos cartuchos ruedan…
hasta detener su destino a los pies de los infantes;
luego exhibe un macizo revólver,
que al desenfundar
su luengo cañón refleja,
por un escueto segundo,
el brillo opaco de la luna.

La mujer y las criaturas yacen en el piso, abandonadas
a los caprichos de la muerte;
anchas lágrimas abrazan sus ojos con miedo.
Cuando la muerte ronda tan cerca,
incluso los ángeles dudan de su inmortalidad.

El sujeto cierra la puerta de un manotazo.
Columpia entre sus dedos el revólver
y luego lo deja descansar
insatisfecho
sobre la mesa.

El recién llegado cae postrado de rodillas;
la guerra ha finalizado,
su padre ha vuelto a casa.
Padres e hijos calientan sus cuerpos junto a la chimenea.

 

 


Para conocer más sobre la biografía de los autores los invitamos a visitar la página:
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