ENTRE UNO Y ESTO / COLOMBIA TRUQUE VÉLEZ


ENTRE UNO Y ESTO

¿A qué distancia me aparto
que casi pospongo el arrebato
supliendo en arcones
lo que me habría faltado
a fin de no morir
de muerte ajena?
Y no obstante, sabes dónde hallarme
Vienes, cargando tus inútiles
pífanos, y ensayas así crearme
en una dulzura que ese viento
sabrá cómo arrastrar
dejándonos una impresión hastiada.
La de una embriaguez
en la que ubico en otro pie
el superfluo filo
de tu afincada nariz
para que pueda reafirmar mis ideas.
Para que pueda hacer el centro
inamovible de mis lugares
concéntricos, estáticos, sutilmente
mayestáticos…. ¡a falta de brújula!
Pero, ¿a qué distancia me llevo
el peso muerto que me cura
y disipa los excesos esenciales,
remediados en acosos irreverentes
a fin de no vivir
de vida ajena?
Y no obstante, sabes dónde hallarme
Prefiero el aire para decir,
atravesando mis cuerdas vocales,
penetrando mis fondos,
de cuáles resonancias habré temblores,
de cuáles afán, de cuáles muerte;
dónde precipitar, letra por letra,
categóricamente, las líneas
más propensas, las más afirmativas.
¿A qué distancia deberé
mudar entonces
cada partícula
que congracia lo debido
y lo intenta una
y otra vez conmigo
a fin de no hablar
de voz ajena?

A Sonia Nadezhda Truque Vélez


UN PUEBLO PEQUEÑO
Las monedas, el tiempo circunscrito a un ruedo de arena maculada, la diaria rotación de los periódicos que se diría interminable, los esquemas reducidos a recorte, a collage de mis funciones necesarias.

Y,

Abruma la bruma matinal
y su dispersión pausada

Abruma el mediodía largo
por donde pasa el tren
estirando su silbido

Abruma la siesta que aprisiona
el bochorno contenido
de las calles

abruma la roja llana
en que se incendia el cielo

Abruma de morriña vacua
carente de algún anhela cierto

Abruma el vespertino deambular
a solas por el pueblo pequeño
abruman las luces de tan pobres
y abruma que temprano se quede
el pueblo dormido
hasta que cante el gallo
Abruman esas noches en que no existo
abruma que en la alcoba
alguien desaparecido de mi vida
hace ya tiempo
venga y tome mi lugar.


NARBONNE, ESCRITO EN BOGOTÁ

Nuevo rumor de cosas ya tan viejas
como días claros viajados de sur a norte
siguiendo estelas de asfalto
tan dudosas al crepúsculo
cuando llegados a un punto incierto de destino
el tiempo consistía en sombras
que desdibujaban los rostros y las voces
-sombras crecientes sobre nuestros azares
pasados: la habitación invadida de noche,
de humo de cigarrillos
de latas vacías de cerveza
con el crepitar del fuego encendido
y esa espera anhelante del futuro.


AUTORRETRATO

Cuando nací ya eran viejos los Rolling Stones
pero a mí siempre me gustó Angey
y las canciones de Serrat en la penumbra
de ciertos atardeceres ya olvidados.
Viví de lo que nos dejaron los sueños incendiados
en mayo del 68. Habité ese Londres
que alguien inventó
para que uno pudiera encontrar a la maga,
a Linton Kewsi Johnson, un cielo irrecuperable
en Saint-James Park y muchos años después
a un poeta de ese chile austral y doloroso
que escribió exiliados tangos londinenses
y siguió andando, uniendo los hilos de una trama,
para que un día la vida nos dijera
que el azar no existe, sino la magia
que todo lo convoca y lo reúne.
Casi nunca me he ocupado en nada serio
aunque todas las cosas serias me preocupan
-me preocupa, por ejemplo, que un niño llore
porque han de morir las mariposas.
Fumo como si esa fuera la única medicina posible
en un mundo sin remedio.
Como a todos los soñadores, me han invadido
los crepúsculos de algunas tardes
esencialmente tristes
-esas tardes en que el destino de los hombres
se parece a la brasa y la ceniza.
Milité en el lado de las quimeras, con Lenon
y Mayiakovski siempre en el corazón,
…y las derrotas.
Ahora, en el remanso, enciendo fuegos fatuos
con la herida de la trompeta de Amstrong
que me quema el pecho de imposibles.
De todas las curas posibles, escribir
es la única que le cuadra a mi locura.
Todavía no escribo sin embargo
ese poema perfecto. Me faltan huesos y no consigo
poner en orden el arbitrario calendario
de mis ansias y temblores.
Hay en mis noches un fulgor secreto,
palabras teñidas con la claridad de los días,
viviendo como el fuego que se resiste a morir.
Acompañarán mi paso como el ligero silbo
de una canción que abre un camino
en la memoria: sólo soplo de aire
que se me escapa incesante de la piel.


1
En la quietud de la noche
la estrella que se disipa detrás de la nube

Viento y nostalgia

Almanaque de instantes
que regresan
solo pétalos dispersos y amarillos

Condena de vivir hora tras hora
amarrados al tiempo
adivinando fugaces fulgores

Oscurecidos a la sombra

Nimbados de infinito

Aéreos y aferrados a la tierra.


3
Las lluvias han marcado
con su ritmo monótono
la lentitud de esta tarde
El tiempo, como un caimán
inmóvil a orillas de la corriente,
se demora después
en el último sol del atardecer

La penumbra del cuervo
llega paso a paso
a opacar en sombras
las copas de los árboles
el eclipsado vuelo de las aves

Morosa, la palabra del ocaso
antes de la oscuridad
de la cotidiana derrota de la luz

Lentas también estas palabras
que se encadenan en un inútil ejercicio ritual:

hacer del poema
una borrosa instantánea
que alguien le toma al tiempo.


9
Letras dilatadas en un espejo de distancia
un espejo lívido habitado por un rostro
en espera de su definición

Árbol que aguarda desnudo
para vestirse de follaje

A veces también ese recodo imperceptible
que envuelve todas las cosas
si uno las mira con tensión de arco
donde la flecha se tiende
preparada para un blanco que se niega a resumirse

La prisa del corazón como animal desbocado
que se adelanta al paisaje con sus ojos
lo consume como el rayo
y sin saberlo ya ha sido devorado
por el verde y la ingravidez del aire

Ciertas vocaciones arcanas
cuya clave es un destello
una intermitencia entre dos abismos afiebrados

Y el ángel que le respira con sutileza de llama
por encima del hombro

La espuela es esa insuficiencia
con la que nos decimos y decimos el mundo

He ahí el buitre más certero
para carcomer entrañas.

A Yvonne-América (RIP) y Sonia Nadhezda, mis amadas hermanas.


COLOMBIA TRUQUE VELEZ, es poeta, narradora y traductora. Ha publicado tres libros de poesía: Palabras de sueño y de vigilia (Ediciones La Catedral, Bogotá, 1984), Lugar de un secreto Nadir (Colección Viernes de Poesía, número 53, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2007) y Poemas al Margen (Ediciones El Canto de la Cabuya, Bogotá, 1998). Obtuvo el Premio Nacional de Cuento en 1993 con su obra Otro nombre para María. Es cultora del micro-cuento y miembro de la Internacional Microcuentista. Muchos de sus textos originales y traducciones se han incluido en antologías y algunos de ellos pueden encontrarse en páginas de Internet.


 

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