DEL AZAR Y OTRAS NIMIEDADES | ALBERTO QUERO

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¿Es trampa la memoria?
¿Es ceniza o es cadena?
Solo sé que se llena poco a poco,
se llena de cosas o de rumores
y va así, con su pesadez inmensa y a escondidas
fracturando hasta las más fervorosas balanzas,
sin siquiera tambalearse ante un grito resuelto.
 
¿Es timo la memoria?
¿Es estafa o es desfiladero?
Solo sé que termina siendo candente,
resistente a las premoniciones
chilla y se instala impunemente, sin dilación ninguna
 
Toda superficie mía difiere ahora
de su antigua forma:
en vez de seguir lanzando clamores
soy maestro en el arte del difuminado,
he aprendido a velarme con eficacia suprema;
nada me ciñe y mi bastón es un secreto profundo
No se convirtió el tiempo en bálsamo
ni en inexorable arcón de dolores sino en distancias
y en aprovechamiento de distancias.
 

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¿Con cuál blindaje podré revestir mi sangre?
solo conozco el asedio del polvo y del mediodía.
 
Reside en mí la hartura,
una ya no tan súbita pero aun enorme.
Mi desasosiego es un río espeso,
río de todo lo interminable, río lento y casi lloroso:
serpiente hinchada, que no cesa.
Me recuerdo permeable
ignoro, sin embargo, qué premio tendré por saberlo:
inútil buscar la ruptura que me origina
No señalo ni confieso;
he notado los intersticios que me recorren:
traigo ahora una pregunta lejana
y una áspera barba
 
Algo me ha mostrado el tiempo:
soy yo quien difiere.
Algo me han revelado los recuerdos:
es en mí donde reside el transcurso
 

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¿Cuándo he sido atalaya?
Nunca, en realidad.
 
Me he edificado a pedazos
Con lentitud constante, me construí o me completé:
fui colocando las piezas más diversas
unas eran cosas disímiles e inútiles
o con lo primero que encontraba,
lo que estaba al paso, lo imprescindible
otras eran dádivas de mi hermano.
 
Me he edificado a pedazos,
solo con deseos de simetría
porque siempre me negué a ser indistinto
o lleno de vericuetos.
y con vehemencia suelo disipar mi tiempo
haciendo sandeces,
como recordar una novia judía que una vez tuve,
Verdad es que eso no era mucho;
después de todo, muy poco quise:
sólo linternas me fabriqué,
ábsides y murallas,
el penúltimo piano que en el mundo hubo,
el último altar.
 

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¿Cómo soy ahora: vano o predecible?
 
Ya no voy, como antes, corriendo tras el viento
ni me golpea mi habitual intermitencia;
Todo lo confirmo ahora:
más por desgano que por convicción
pocos deseos de duda me quedan
y sigo paralelo al tiempo y con mi voz más opaca.
En ciertos momentos mera presencia soy,
simple ocupar un espacio;
eso me ha vuelto a juntar:
algo más que llenar un nicho.
 
Siempre he medido todo
según el hastío que me embargue
Desconozco mi antigua cautela,
sus formas antiguas
Un antiguo sigilo me ha llenado de abrojos
y de simplezas.
Me ha recorrido una inmovilidad aun ilesa
y repetida hasta la saciedad:
he dudado.
Podría ser arquitecto o clarividente,
pero todavía carezco de proclamas
y no soy más que algo que crepita
o se duplica indefinidamente
tumulto soy,
y jaqueca a mediodía
 

Extraídos de Alberto Quero, Del azar y otras nimiedades, Art and Literature Mapale & Publishing Inc., Ottawa, Canadá, 2018. Selección de Mariano Rolando Andrade.
 

 Alberto Quero (Maracaibo, Venezuela) es licenciado en Letras, magíster en Literatura venezolana y doctor en Ciencias Humanas por la Universidad del Zulia. Ha publicado seis libros de cuentos: Dorso, Esfera, Fogaje, Giroscopio, Aeromancia y Borde. También ha publicado los poemarios Los que vinieron y Del azar y otras nimiedades. Ha recibido varios premios literarios y su obra hace parte de varias antologías en Venezuela, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. Reside en Canadá.

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