DESDE UNA MONTAÑA | SANTIAGO ESPINOSA

SANTIAGO ESPINOSA

ODA A CELAN

Sous le pont Mirabeau coule la Seine
                                       APOLLINAIRE

Para Carolina Londoño

Fuimos al puente Mirabeau
para pagarte una promesa.
Las horas pasaban
sobre el Sena, las vidas
cada vez más diminutas
y más rápidas. Confiados,
pensando que un suicida
escogió el lado de la Torre,
que nada termina de caer,
arrojamos al agua
una moneda.


DERIVA PLANETARIA

Es como si los rostros durmieran
en la quietud de los autos
obstinados en las prisas del café
o junto a una mosca que rodea
torpemente la última luz del arroz.

Todo se obstina y pesa,
es el calentamiento global.
La habitación ha quedado vacía.
Por las ventanas
entra el viento quemado
de las naves del mundo.

y sin embargo, se mueve.


FOSA COMÚN

Te abres el pecho

largamente

y allí encuentras

 

dos libros

 

casas que no alcanzaron

su estatuto

de moradas

 

el ojo de los dormidos

como un carbón

  bajo la niebla

 

sigue cavando

 

los rostros de tus abuelos

amarillos

por el cáncer

 

el uno era político

y soñaba con los trenes

 

el otro un músico

que le cantaba

a las luciérnagas

 

Montañas arrastradas

por un río

de voces

pedregosas

 

y más abajo

el mar.

 

Ha sido inútil el arte

de cavar huellas.

 

Abrir un agujero

entre la hierba

y los

papeles

dispersos

 

para mirar de nuevo

las estrellas.


INTERIOR AU VIOLON

Matisse le ha dado luces a un encierro
que no era la alegría de la vida.
El negro abisal de una ventana entreabierta,
el violín en su estuche de oscuridad
incapaz de traducir las gradaciones del océano.

Similar a un sueño, cuesta entender
qué es el arriba o el abajo.
El esplendor de lo sencillo
sobre una superficie en reposo
donde no llega el invierno ni la muerte.

Por un momento podemos sentir
la vecindad de la palmera y las olas
imaginar que el violinista
se ha ido a la playa o a morir
y en el estudio ha quedado
toda la música del mundo.

Se necesita olvidar mucho para pintar de esta manera.
Aprender a mirar los objetos como umbrales
entre el fuego y la semilla
hasta hacer de la luz un niño que se asoma.

Mi padre heredó esta réplica. La imagen lo acompañó
en los mejores años de la vida.
Allí supe que él también quiso huir, antes de nosotros,
perderse en su mar, también que quiso hacer del interior
un espacio propicio para la música.

Miro este cuadro donde un sonido deslumbrante
está a punto de abrirse. Y es otra vez el mar
el que espera por nosotros, mi padre y yo,
es otra vez la música. Como un vacío
que aún en la huida de los cuerpos
hace que triunfe el color sobre la gravedad y los días.


DESDE UNA MONTAÑA

Miramos la ciudad. Vemos desde la altura
tu casa o la mía, donde antes estuvo el mar.

Las voces se sumergen
al fondo del espacio
dejando en su lugar
un rumor desconocido.

Tuvimos que escribir para encontrarle
a los fantasmas su lugar bajo la lluvia.
Tantear su marca en la memoria.

Los amigos se marcharon
a otro punto del horizonte,
buscaban la semilla dispersa.
Aviones y promesas
dividían los años.

Nosotros aprendimos
a esperar lo que regresa.
Viendo bajo a las huellas
el movimiento de la Tierra.


Santiago Espinosa (Bogotá, 1985). Poeta y ensayista. Profesor de la Universidad Central y del Gimnasio Moderno de Bogotá, donde Dirige la Escuela de Maestros. Es el autor de Escribir en la niebla (Granada, España, 2015), compilación de ensayos sobre 14 poetas colombianos, y del ensayo literario El resplandor y la sombra Una poética de las montañas (FCE,2021) Ha publicado los libros de poesía Los ecos (2010) y El movimiento de la tierra (2017), ganador del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2016. En 2019 apareció en Turín Detrás de lo que escribo siempre hay lluvia, antología de sus poemas traducida al italiano. En 2021 se publicó Meditación interrumpida, compilación de sus traducciones de Robert Hass.  Coordina el taller de ensayo literario en el Fondo de Cultura Económica de Bogotá.

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