ORFEO EN LA DISCOTECA | DINU FLAMAND

Transilvania (Rumanía)

Traducción del rumano: Catalina Iliescu Gheorghiu


ORFEO EN LA DISCOTECA

1

Sólo tras comprender que fue el azar
quien lo detuvo en la escalera de una discoteca
a descansar
llegó a descubrir por qué se había vuelto
invisible – vestido de vejez –
ante los jóvenes risueños subiendo esbeltos
quienes lo esquivaban sin pararse
con ese instinto que te hace eludir la confusión.

Es sin embargo cierto que desde alguna perspectiva
la falsa indiferencia de las cosas cambia
en cuanto desvanece el ángulo muerto,
ellas se vuelven dicharacheras: por ejemplo
la hilera de zapatos blancos, verdes, rojos, negros
transportando tobillos finos de muchachas sobre tacones altos
era un lenguaje nuevo para él o incluso
la revelación que explica cierto fetichismo
de los que adoran que su piel
toque la piel neutra de las cosas.

Mientras la noche lo cubría con su piel de una indefinida
sensualidad cutánea divisó – felix conjunctio – a Orfeo
subiendo desde el Tártaro
(él por la espalda dándole la mano a ella
en precaución y estirándola escalera arriba
con una especie de tristeza exaltada, mientras
que en el rostro de ella gorgoriteaba una sonrisa
presagiando el alba):

pero al abrirse las puertas pendulares
el guardián de la entrada
seguía siendo Cerbero
abrasador, los abofeteó el heavy metal.

2

“Tiende tu mano mi amor” le susurró incesante
Eurídice en sus adentros
y en el confín de sus dedos el desespero tintaba ya sus uñas
con pálpito de azafrán morado otoñal;

tanto el recelo como su posible traición
seguían germinando en ella a partes iguales
con la zozobra de su espera
le habían dicho que los hombres son así

y luego las confusas voces cuchicheaban sobre
la panda de otros jóvenes de Tracia con los que
él se había juntado
y sobre sus cruelmente suaves juegos
en las fratrías de ese amor que tras de sí
no engendra vida;

como Hathor, se habría puesto orejas de vaca,
con tal de mantenerlo cerca,
así que cuando él bajó a buscarla
la asaltó una auténtica descomunal sorpresa
que la enmudeció.

Por eso al caminar dirías que flotaba
en su propio asombro aunque
con los ojos cerrados pues no quería
ver la mirada de él cuando hacia ella
habría de volver el rostro tal y como
ella intensamente presentía.

3

Ya que la mano que él tendía por detrás
derecho no tenía a empujarla ni a arrastrarla,
los dos sólo en sus sendas soledades
podían ya tocarse;

ni el crujido de
sus pasos le penetraba el oído, ni su perfume
nocturno el olfato, tan solo la curiosidad
vagamente distraída, acariciaba el rostro de ella improbable
desde lejos
o sentía su respiración y el temblor de sus senos
quemándole la espalda, pero era un suponer que ella
lo seguía con pasos instintivos o husmeando
el aire que la lira peina.

¿Aunque qué tipo de encuentro era ese, si su encarnación
después de tanto tiempo se le prohibía? ¿habrá quedado
intacta su piel
que antes emanaba el vaho de su invisible calor
igual que el sueño y el alma
antes de que la noche se los apropiara?

¿Su misterioso sexo y el secreto de su entrega – su don

en esa beatitud hermana da con la muerte – habrían seguido
intactos en la sobria somnolencia con la que ella lo atraía antaño?

Y si de sus sábanas iba a borrarse de ahora en adelante
la forma de ella y la mano cálida que le enjugaba el sudor de la frente,
cuando el espanto lo sacudía y si ella
en el lecho dejara de sentir el arañazo de sus ásperos talones
diciendo que adoraba los caminos que surcaron esos pies
¿significaría eso que de Eurídice no quedaba ni el temblor de sus narinas
que husmeaban el futuro de los dos
y que tampoco la exhalación de ella se deslizaría más
en su respiración… como una niebla del ya pasado
tiempo presente?

¿Se le concedería a él otro permiso para leer
los jeroglíficos de la pelusilla
en su esbelto cuello bajo la oreja?

¿De ahora en adelante, podría él de nuevo divisar en el horizonte
curvo de sus caderas,
el desvío de la luz que explica
la fuga asombrosa de las galaxias?

Si no, ¿cómo podría comprenderse esa larga
espera de un amor, más rica
en espera que en esperanza? – y luego
acostumbrarse al aplazamiento que a su vez se torna en
sexualidad de esa infinita espera –
¿la generosidad de una vida así,
supone solo espera, hasta perder el juicio?…

¿Y si no oía sus pasos, podía pensar que Eurídice
seguía caminando en pos de él con susurrantes pies
que antaño hubiera oído aún estando sordo
y que seguía abalanzándose hacia él,
su pelo magnético, tintado con cáscara de nuez, esa melena
que atolondraba hasta a las mariposas y que él, con sus sentidos
devastados
arrollaba en un asombro sofocado
hasta no hace mucho?

¿Podría él seguir buscando
sólo en el remanente de espera lo que había parecido
ser justo su fin,
si tenemos en cuenta la sospecha de que los dioses
pueden a veces ser taimados y no
cumplir su palabra?

¿Y si ella iba a ser la primera resurrección
como mesiánica victoria del amor, entonces
eso no le convertía a él en el último hombre
del principio del fin?

4.

Extraña es la noche de los sentidos cuando sólo el recuerdo
los mantiene con vida, cosechada en la sombra de la vida,
perpleja por haberse acabado
estando aún inacabada;

y te resientes de esa inaceptable
ausencia o frustración incomprensible
cuyos restos siguen siendo magnífica zozobra escondida en lo ardiente
del sexo sin sexo
taladrando la memoria de la carne como los olivos
de Articia taladran en lo hondo, bajo lápidas.

Las raíces de vid insidiosas penetrando entre esquirlas de sílex
como entre las sales del olvido, todavía emanan
en la superficie el color oscuro del vino;
y su lenta decantación mantiene despiertas hasta
las partes más secas del cuerpo con sus apagadas
sensaciones.

Sólo al sentir corpóreo su deseo
es cuando Eurídice tuvo conciencia de su cuerpo.
Y todo lo demás podía esfumarse, pues nada
provocaba más dolor en su vida alojada en un resto de vida
que ese deseo que sentía
de ser en uno solo, dos.

Todos nos convertimos en eternas viudas, pero incluso
en la impotencia de explicar, sabemos que el hueso muerto
en su yerma cáscara aún sueña con retoños.

Cierto, nuestros escalofríos quedan como cartílago
de pasadas caricias, cuyo recuerdo duele más
que el espectro de la pierna amputada, mas su presencia intuída
mantiene los recuerdos amotinados
en la revelación
de que nada perdura – especialmente la consternación
de ese abandono no verbalizado.

Así pues, al tratar en solitario de mantener con vida
en su cuerpo el recuerdo de ese misterio,
se transportaba a las cumbres irrespirables de una
todavía más severa ausencia, que solo el desespero
conseguía amamantar meciéndola en su seno
como a un niño muerto.

Pues sospechaba que sólo quien no da la vida
no sabe aceptar su muerte
– extraviado en el exceso de su propia falta de confín –
y entonces su infecunda escandalización resulta ser
mera ironía de los dioses, (quienes
exigen sangre de mamíferos,
hombres o bestias, abrazados, a fin de cuentas,
sólo en el éxtasis de la muerte).

Sólo pariendo la mujer comprende
la dichosa precariedad de la vida, de modo que,
en un supuesto mundo transhumano,
ella con la vida no juega;

he aquí el por qué la vital resignación se vuelve mujer
al romperse los cintos que sujetan la placenta
y en cuanto trae a su hijo al mundo ella forja amistad
con el principio del fin y en su nombre
empieza a dar su leche.

Eurídice supo que aquel misterio buscaba todavía
respuesta en su cuerpo yermo,
así que el regreso de él no sólo habría de
colmarla con la música sino
también llenarle el vientre.

Y cuando ocurrió lo que ella presentía,
precisamente cerca de esas puertas entreabiertas
en las tinieblas que su vista alcanzaba, sintió el abrasador
destino y

sus latigazos, como cuando en primaverales prados
verdes tallos corren contra el niño extraviado
y el frío, que se vuelve súbito calor, rompe
los brotes y libera la leche incolora
del tiempo, de vástagos y ubres.

Con entornados ojos se vislumbró a sí misma
en alguna ribera de Averno, entre sauces,
no lejos un tropel de ménadas
borrachas, las carnes arrancaban de un cuerpo
en el que aún latía vida – ¿sería
lo que sospechaba?

Abrió los ojos grandes y un detalle
solo por ella conocido
le confirmó los hechos
bajo la luz de discoteca.


LLAMADA A LOS POETAS

Seguid proporcionando a Einstein vuestra manera de mirar
el tiempo por debajo,
dejad que lance por encima de vuestro hombro miradas curiosas
volando de nuevo con vuestra imaginación y cabeza abajo
como cuando deambulaba por vuestros valles y entendió
que en el tejido del tiempo-espacio puedes perfectamente envolverte
incluso si no es allí donde cabría imaginar, incluso si no es
envolverse de verdad.

Y dad a los nuevos geómetros vuestras alucinantes borradores,
ellos darán sus virtuales pasos por los espacios imposibles
por donde vuestra mente anda ya a tientas,
animadles a emperender la travesía honda hacia una cumbre
plana y bajar en la topografía de única salida
hacia otras dimensiones del horizonte – ayudales a respirar
cuando el vértigo se apodera, prestadles vuestras manos
para palpar con ellas esta realidad – relativa – de lo no posible.

Siga permaneciendo vuestra furia fosilizada en el cristal
de la translucidez del E = mc2
para que se comprenda que las partículas de vuestra furia golpearán en el futuro
otras partículas de base de vuestra insurgencia, y la energía de la explosión perpetuará
insospechadas combustiones de la indignación universal
es decir ese plasma que os asegura la combustión
parte y todo de la hermosura del mundo total.

No déis a los políticos ni una metáfora, una rima, una imagen
de las que quedan en la alfombra, junto a la silla, arrugadas
ellos tienen el don de amplificar cualquier energía potencial
mas nunca sabremos qué exactamente florece
de sus mentiras lucrativas.

Ni un resto de súplica, ni un matiz de infeliz felicidad
que implora, cuando estornudáis en garras del terrible sofoco
no ha de llegar a las narices de los banqueros, a sus oídos;
¡no vendáis por nada en el mundo vuestra desesperación
ni a los sacerdotes ni a vuestros dioses!

Quizás sólo al Destino, el cual
está emparentado con la Materia Negra podríais confiarle
vuestra digna resignación con la temporalidad
que él ya os había embutido en el tórax;

o tal vez a una entidad aparte
multiplicada en el espacio de las cuerdas
donde Parménides, gran buscador de lo que no existe,
[aún] sacrifica hecatombes de bueyes sagrados en el altar del Milagro,

y os recomienda que os extraviéis con toda confianza
en ricas contradicciones…

No caigáis en manos de quienes intentan explicar
el misterio de las palabras con otras palabras clavadas por las agujas del insectarium,
y no os dejéis engañar por la propia emoción
ondeante, ni por los asaltos de la ambición ni por las estrategias
mediocres de la impersonalidad.

No aceptéis que la materialidad
de vuestro ideal sea más leve que la hipermateria
no dejéis que la patria os confisque y si podéis,
cantad sus guerras perdidas,
no permitáis que las horas de sobremesa aturdan
el sueño fecundo de vuestros insomnios. Y sobre todo,
no os dejéis atrapar en el engrudo de las evidencias o apariencias,
ni fijar al suelo de las certidumbres diarias,
ni a la vista que se autocontempla despreciando
lo desconocido y lo oculto.

Lo que os supera se halla más cerca de vosotros
que del resto, pues en vuestros oídos zumba
la propia gravedad de esta oscura llamada
y lo que os hace ridículos al tratar
de poner nuevos zunchos a la barrica de la que
corren vuestras antiguas dudas
por todas las juntas
es el propio arte que hace añejo vuestro vino intemporal.

No difaméis a la poesía al agotaros
no os importe cuando mas bien os desprecien
no temáis su “inutilidad” al sentir
que ya no os lleváis con este mundo en que vivís…

Y aquello que lográis decir, tened cuidado
siempre conlleva pérdidas pues nunca
se cierra, y los infelices o solo curiosos que se acercan
a moler o comprar en vuestro molino harina,
nunca han de marcharse con el saco lleno;
si no, en su camino de vuelta se preguntarán
si vuestro molino es necesario, cuando ellos mismos
podían haber machacado entre dos piedras los granos…

Pero al enamorado ayudadle a encontrar la emoción
si no las palabras incluso que la expresan, con humildad,
al moribundo ayudadle a encontrar lo inaceptable
sabiendo que lo bello y lo existente lo delatan
para acogerlo en su seno precario y definitivo
así como la estructura de la noche abraza una flor.


 

SÓLO POR CONJETURAS ADIVINO
qué es lo que con tanta fuerza por la lluvia
de otoño y casi vivaracha
le hacía atravesar los huertos todavía verdes
a esa vieja del alfoz de la aldea;

la lluvia es luminosa en su rostro – quizás
un cesto de harina, aceite, sal y huevos
le habría prometido
alguna amiga de la infancia.

Enciclopedia de penurias era a su edad:
“caminante
acuérdate cuando yo deje de saber
qué es la felicidad”.


 

HACÍA TIEMPO QUE NADA BUSCABAN YA
mis manos en el recoveco de dificultoso acceso a ese estante
donde se despierta, además, el dolor
de columna
como una araña cada vez que me agacho;

así que ¿eras tú, Suetonio? tus cartas
a Lucilio, según parece
no por primera vez están ante mis ojos
pues ya ves, la sombra de un lápiz
de antaño sale a mi encuentro: los golpes
que la suerte nos depara
decías
no los aguardes anhelando que te esquiven,
sino con la certeza inmutable
de que habrán de ocurrir.

Pero hay algo en mi cuerpo que se niega a creerte
pues él sin mí prepara
sus rodeos
mientras yo me pregunto ¿quién
mis palabras escritas rastreará
cuando mi dolor pierda la conciencia
de sí mismo?


Dinu Flamand nace el 24 de junio de 1947 en Susenii Bârgaului, un pueblo del norte de Transilvania (Rumanía). Estudia en su localidad natal y después en Brasov y en Cluj-Napoca, tras lo cual obtiene en 1970, Licenciatura en Filología en Cluj-Napoca. El nombre Dinu, que se convertiría en su seudónimo literario, proviene de la contracción del patronímico Achidin (del griego akindynos – inofensivo, sereno, hombre seguro) que en el calendario ortodoxo designa a un mártir cristiano que murió por cremación el 2 de noviembre del año 341.
Estudió primaria, secundaria y bachiller en su pueblo natal, en Braşov y en Cluj Napoca, donde, en 1970 se graduó en la Facultad de Filología. Como universitario, participó en la creación del cenáculo literario Echinox, y más tarde, en la revista homónima, que aunaba, al final del siglo pasado, uno de los movimientos literarios más importantes. El crítico Ion Negoiţescu reconocía la importancia de esta forja de talentos y de espíritus audaces, en 1994: “Dinu Flămând se formó en Cluj, en el grupo Echinox. La huella de esta agrupación se intuye en su dignidad en el ejercicio de la profesión de escritor, como en la patente intelectualidad de sus manifestaciones literarias, reconocibles fácilmente por quienes han seguido su trayectoria de joven poeta y ensayista”.
Debutó como poeta en la revista Tribuna (1966) tras lo cual, empezó a publicar poesía, critica, reportaje y traducciones en la mayoría de las revistas literarias destacadas de la época: Steaua, Viaţa Românească, România literară, Luceafărul, Amfiteatrul, Secolul 20, Argeş, Vatra, Convorbiri literare, Ateneu, Cronica, Orizont, Familia, Astra, Ramuri etc. Al acabar sus estudios, le fue asignado un puesto en la Central del Libro, departamento dependiente del Ministerio de Cultura que controlaba las editoriales del país (en aquel momento, todas ellas, estatales). En 1971 sufrió un traslado disciplinario por negarse a participar en una selección de libros a ser destruidos por razones ideológicas. A medida que la supervisión política se hacía más severa, Dinu Flămând prefirió refugiarse cada vez más en sus críticas literarias y traducciones de grandes autores para evitar las frecuentes intervenciones de la censura en sus obras. Siguió una breve e ingenua etapa en la redacción de la revista Flacăra, la cual pretendía ser una escuela del reportaje social antes de convertirse, a su vez, en un vector de propaganda del régimen comunista. Fue trasladado, de nuevo con carácter punitivo, a la redacción de las revistas Viaţa studenţească y Amfiteatru, donde permanece hasta febrero de 1987. Durante este tiempo, consigue publicar en las páginas de la revista Amfiteatru a varios jóvenes escritores que se convertirían en referentes para las nuevas generaciones, a partir del derrocamiento de la dictadura. Como hecho exponencial de esta accidentada carrera editorial, cabe mencionar su despido de la revista Amfiteatru por haber publicado cuatro famosos poemas de Ana Blandiana que ridiculizaban el régimen. Su paso por la revista Secolul 20 dura unos meses, hasta febrero 1989, cuando, aprovechando una visita institucional a Portugal, solicita y obtiene asilo político en Francia. Pero esta decisión tiene un coste: su familia se queda atrapada en Rumania, de donde podrá marcharse sólo después de la Revolución anticomunista. Durante sus primeros meses de exilio, concede entrevistas y publica artículos en la prensa francesa, denunciando la dictadura de su país. Es corresponsal radiofónico en Paris para las cadenas BBC y Free Europe y luego redactor para Radio France International, donde continuaría hasta 2013.
Previo a su exilio, Dinu Flămând había publicado en Rumania los siguientes volúmenes de poesía: Apeiron, 1971 que obtuvo el Premio Nacional “Mihai Eminescu” por su debut literario; Poesías, 1974, Altoiuri (Injertos), 1976, Starea de asediu (Estado de sitio), 1983. Sobre este volumen, presentado en el umbral de su madurez artística, el mismo crítico Ion Negoiţescu decía que situaba a su autor “entre los poetas contemporáneos más interesantes de la lírica rumana”. Esta remarcable colección de poemas era, en su opinión, fruto de una “lenta pero infalible realización espiritual, que impresiona por la gravedad de su tono y por el peso del entramado ideático, por el rigor en la vivencia, y por el poder incisivo de su expresión”. La colección de poemas de Dinu Flămând, opina este crítico, se distingue por el hecho de que cada una de las inquietudes más profundas y sensibles del poeta se consagran a través de su alta envoltura moral: “las palabras que emplea el poeta no sólo emergen incesantes debido a la artesanía que ahora domina, sino que señalan la existencia activa de una consciencia, lo cual, en las circunstancias actuales, garantiza la autenticación del juego estético mediante la disciplina interior”.
La obra de Flămând previa a su exilio abarcaba también volúmenes de crítica literaria y ensayo: Introducere în opera lui Bacovia (Introducción a la obra de Bacovia, uno de los simbolistas rumanos más importantes, que fue comparado en un artículo publicado por la revista portuguesa Nova Renascença, vol. IX, 1989, con el propio Pessanha) 1979, una edición corregida y aumentada Ascunsul Bacovia (El oculto Bacovia) 2007, Intimitatea textului (La intimidad del texto) 1985; y también dos volúmenes traducidos: Martin Booth – Polenul insidios (El polen insidioso) 1977, junto a Liliana Ursu, y 20 poetas latino-americanos contemporáneos, 1983, junto con el poeta chileno Omar Lara.
Después del cambio del régimen político rumano, Dinu Flămând se reincorporó al ámbito literario de origen, donde, en paralelo con la actividad periodística, centrada especialmente en la política internacional, empezó a publicar nuevos volúmenes de poesía y antologías personales: Viaţa de probă (La vida ensayo) 1998. Dincolo/De l’autre côté (Más allá), edición bilingüe rumano-francesa, en rumano por Pierre Drogi, acompañada gráficamente de los dibujos del escultor Neculai Păduraru, 2000; Tags, 2002; Migraţia pietrelor (La migración de las piedras), antología prologada por Ion Pop, (primera edición 2000, segunda edición, 2003); Grădini/Jardins (Jardines), edición bilingüe, versión francesa por Claudia Fontu, 2005; Frigul intermediar (El frio intermediario), 2006. Opera poetică (Obra poética), antología selectiva, dos tomos, 2007. Raras veces ocurre, dice el crítico Lucian Raicu (en la prestigiosa revista România Literară en el año 2008) que “una poesía impregnada de cultura, meditación intelectual y espiritual como la que nos ocupa, esté en igual medida o incluso de manera más patente, surcada por las arrugas de un profundo y amargo sentimiento existencial. Raras veces el lirismo se ha construido con tanta gravedad y sin la supresión, sin la anulación de aquello que en un principio parecía contradecirlo, rechazarlo. En la madurez, la aparente no-poesía, el desgarro, la total ausencia de ilusiones, da lugar a la verdadera poesía”. Raicu invoca uno de los versos de Flămând: ¡duro, duro y hermoso!, (una asociación casi oximorónica, por otra parte, tan consustancial con el poeta) para elevarlo a la potencia quintaesencial de su obra: “Muy triste, a veces abominable, pero aun así, admirablemente «hermoso», es decir, exacto”, concluye Raicu.
Sus obras se tradujeron al francés, español, italiano, inglés y portugués. Estas traducciones abarcan volúmenes como: Estado de sitio, traducción al español por Omar Lara, editorial Lar, Madrid, 1983; Poeme în apnee (Poemas en apnea), antología bilingüe, traducción y prólogo por Pierre Drogi, editorial La Difference, Paris 2004; De l’autre côté, en la antología Eclats, 5 poètes roumains, traducción al francés por Pierre Drogi, editorial Comp’act, Paris, 2005; In refracţia realului (En la refracción de lo real), antología bilingüe, selección y traducción al inglés por Olga Dunca, prólogo por Nicolae Baciuţ, Târgu Mureş editorial Tipomur, 2006; Corzi (Cuerdas), edición bilingüe, traducción en inglés por Olga Duncă, Bucarest, editorial Ideea europeană, 2007; Există oare viaţă înainte de moarte? (¿Habrá vida antes de la muerte?), edición bilingüe, traducción al portugués por Teresa Leitano, con una reseña crítica a modo de prólogo por Antonio Lobo Antunes, editorial Quasi Editora, Porto, 2007; La luce delle pietre, antología y traducción al italiano por Giovanni Magliocco, editorial Palomar, Bari. Recientemente, el presente volumen, Umbre şi faleze (Sombras y rompeolas) ha aparecido en su versión alemana y también portuguesa, en la editorial Guerra e paz, Lisboa, prologada por Antonio Lobo Antunes.
Dinu Flămând ha participado en antologías publicadas en Francia, Alemania, Holanda, Hungría, Polonia, España y sus poesías han tenido una presencia constante en las revistas literarias internacionales: Chaiers Bleus, La Polygraphe, Poésie/Première, Voix d’encre, Nunc, Confluences poétiques – en Francia; Journal de lettras, Nova renascença en Portugal; Equivalencias, Serta, Empireuma en España; Südosterdeutche Vierteljahres en Bläter, Alemania; Micromegas en Estados Unidos; Rascunho, Syblia, Sidartra, Atarde en Brazil. Su volumen Tags se encuentra en formato digital en la página liternet.ro.
Una de las características que la crítica identificó es lo incisivo, lo virulento, lo implacable en la poesía de Flămând, que el poeta, en opinión de Raicu, “antes de verter sobre el mundo, ejercita sobre sí mismo, dolorosamente despojado, sin complacencia alguna, y falto de cualquier compasión auto-contemplativa. Antes de ser amargo, incrédulo y despiadado con el mundo, el poeta lo es consigo mismo, en el autorretrato que dibuja […] la poesía de exilio de un muy sustancial Dinu Flămând”.
En lo que ha transcurrido del nuevo milenio, Flămând se ha dedicado a ampliar el espectro de sus traducciones incorporando a poetas, escritores, ensayistas y filósofos: Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, dos tomos, 2000; (segunda edición revisada y comentada en 2009, en la prestigiosa editorial Humanitas); Fernando Pessoa, Oda marítima y otros poemas, prologada por José Auguso Seabra, 2002; Philippe Sollers, La guerra del gusto, 2002; Jorge Semprun, Viviré con su nombre, morirá con el mío, 2002; Dominique de Villepin, Los cien días: el final de la era napoleónica, 2003; Fernando Pessoa, Odas de Ricardo Reis, 2004; Samuel Beckett, Poemas y precipitados, 2005; Jean-Claude Guillebaud, El Sabor del futuro, 2006; Umberto Saba, Capra si alte poeme (La cabra y otros poemas). Asimismo, ha prologado las ediciones rumanas de libros de Jean Louis Curtis, Pascal Quignard, Hugo Mujica, o Antonio Lobo Antunes.
Ha publicado en revistas numerosas traducciones de Herberto Helder, Sophia de Mello, Carlos Drummond de Andrade, Mario Luzi, (en cuyo homenaje en septiembre de 2004 participó, en la ciudad de Frascati, con motivo de su 90 cumpleaños), Umberto Saba, Antonio Porta, Jean-Claude Siméon, Sophie Loiseau, etc. Es el primer traductor al rumano de Antonio Gamoneda con una abarcadora antología muy bien acogida por la crítica y con visos de alcanzar un claro record de lectores, hecho confirmado por la aparición de una segunda edición a sólo un año de diferencia de la primera.
Tanto sus volúmenes de poesía y de crítica literaria, como algunas de sus traducciones han obtenido premios nacionales e internacionales, de modo que Dinu Flămând es ganador del premio nacional Frontiera Poesis, es ciudadano honorífico de la ciudad de Bistriţa, fue galardonado en 2008 con el premio de traducción de la Unión de Escritores de Rumania por el famoso diario de Pessoa, O Livro dedesassossego, tras haber sido premiado en 2003 por su obra poética, así como con el premio de poesía de la ciudad de Iaşi en el 600 aniversario de la primera referencia documental de la misma. En dos ocasiones, la radio y la televisión nacionales le han concedido el premio a la excelencia por toda su trayectoria como escritor y periodista. En 2010 se le otorga de nuevo el Premio Nacional de Poesía “Mihai Eminescu”. Asimismo, se le han concedido becas para participar en estancias de creación en: Yowa City, Estados Unidos, 1983; Lisboa, Portugal, 1985 de la mano de la fundación Kalouste Gulbekian; en Naplouse, Francia 2002; en Bogiasco Italia, 2005, gracias al Centro de estudios Liguria, y en Salvador de Bahía, Brazil, 2008, con la beca del Instituto Sacatar.
Ha participado en numerosos congresos internacionales de literatura en Francia, Bélgica, Italia, Nicaragua, España, México, Rumanía, y en coloquios universitarios. Ha escrito numerosos artículos de crítica literaria, ensayos, estudios y prefacios publicados en los últimos decenios. Sus más recientes traducciones incluyen La máquina del mundo y otros poemas de Carlos Drummond de Andrade (Humanitas, 2012) y Nu există lumină pură de PabloNeruda (Art Edition, 2015).


aportación gracias a la gestión editorial del poeta Jordi Valls Pozo


 

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