DISPLICENCIA | SUE MENDOZA


No es que Robertito no supiera la diferencia entre el bien o el mal, es sólo que no le importaba inmiscuirse en el tremendo dilema moral. Prefería que sus instintos se manejaran de un modo autónomo, es más sencillo, incluso para la conciencia porque a su corta edad algunas veces le hacía reproches generosos.
Desde el último castigo por parte de su progenitor, decidió desconectar cuerpo y mente, como consecuencia  tuvo un desprendimiento de personalidad.
Se mostraba benévolo y simpático por el día, pero cuando la noche llegaba un extraño brillo en sus ojos anunciaba caos  en la comunidad animalesca. Era cruel y despiadado, torturaba a placer a ciertos animales cuyo pecado era cruzarse en el lugar equivocado en horas del paseo nocturno de Robertito.
Sin estar pendientes del paso del tiempo, Roberto se licenció como médico; con mención honorífica llenó de orgullo a sus padres. Estaban tan agradecidos con la vida por haber tenido la oportunidad de verlo crecer.  Ya en edad muy avanzada de Claudia y Rodrigo este niño llegó a completar su felicidad.
Al obtener su consultorio, Roberto no mostraba la doble personalidad que de pequeño pudo trabajar. No, ya no había motivo; paciente que llegaba pasadas las siete de la noche no se volvía a saber de él.
Después de múltiples crímenes sin piedad, Roberto fue descubierto y recluido en un hospital para revisión exhaustiva.
Los médicos, maravillados encontraron el “problema” que lo motivaba a ser cruel, puesto que en casa llevó la mejor educación posible, se debía a un desorden en su cerebro causado por sustancias usadas como apoyo a la fertilidad de una mujer que tuvo a bien prestar su vientre. La madre biológica de Roberto había sido concebida de un modo análogo, así como su abuela. Mismas que habían sido recluidas en ese  hospital hacía años.
Roberto se sintió desilusionado al saber que su maldad era una manipulación química y no parte de la creatividad de un ser sumamente inteligente, por lo que dejó de interesarle la anatomía interna de los seres vivos y se dedicó a pintar.


Sue Mendoza es originaria de la Ciudad de México. Es directora del Colectivo ViajantesImaginantes. Ha publicado en la antología de cuento corto El manuscrito de las hadas, Susurros en la piel y más allá de la piel (de corte erótico), Voces en libertad, El tiempo no es olvido. También ha publicado el poemario Insomnes (Ed. Ojo de Golondrina) y Entre periplos y bifurcaciones, cuento y poesía (El Librero de Úrsula, ed.).

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