LA TERNURA BLANCA QUE NO CESA │ EDDA ARMAS


DÍPTICO CONTRA EL AIRE

Si no eran ojos

no esconde el sol la mano abierta
dedos recorren la arena
vi cenizas que no eran ojos
una cuerda que ataba
vi tan lejos las sinuosidades
que devolví la angustia
a Vincent Van Gogh

La máscara

la máscara despierta                                                                                                                                                                                                        con inmensos ojos
en la sombra da vueltas
designa una ventana                                                                                                                                                                                                              que no regresa

lejos no recuerdo
si golpeados contra el aire juntos
escapamos

he recordado la fragilidad
la ranura en tu piel

De Contra el aire

 


SABLE

La memoria tiene un enorme cuerpo alargado
que me visita y ofrece
pinceladas de acuarelas y algún trazo definido
la escucho, la veo,
recurrente, a veces hasta obsesiva,
insiste en un dato, una fecha, un nombre

Sus razones gozan de arbitrariedad
holocaustos
barroquismo
libre albedrío

la convoco y danzo sus aciertos
presagios
en ese lugar de reunión de los amados
la memoria habla de espalda

sable arriba
sable abajo

ella logra hilvanar
las ocurrencias del gato que brinca sobre la mesa
tumbando el jarrón para que los añicos brillen en el arco
y la flecha tome el impulso para adentrar el corazón

De Sable

 


FLORES DEL NARANJAL

Complaciente irás atándolas
como sea que ellas lleguen
tal quien cincela las paredes
con el nombre del que ama,
armazón de hierro y cemento
neblina tal vez,
igual que identificar un sitio
donde quererlo puedas
por más tiempo
si la paz es calma del amado
aún al tiempo de la sombra,
y cuando ya no hayas de querer
que de nuevo te visite
cierra la ventana que la vista
ofrece al naranjal
para que ni el olor ni el color
formen semilla
que lo despierte en ti,
y tal vez, así nazca la certeza
que baile en la palma de la mano
aunque sea esa mano la misma
con la que irás diciéndole adiós
a la ternura blanca que no cesa.

De Fruta hendida

 


CANCIÓN

Vuelta y vuelta a la canción
que perpetúa el sentir avispado
al comerle al níspero
su interior rojizo y arenoso
con la semilla lustrosa y hendida
que despezuña sus mitades

pico de loro-real
hombro-alas
columna vertebral-esternón
dátiles-madrugada-celajes
resaca-febril-lucidez

mitades, acaso amantes sin reloj
abandonan la estrella de cinco puntas
arañazo fiel de ajustada rotación
que te hace mitad del otro

engranaje táctil que extiende
señuelos de seducción
caracol al oído
canción que se repite
en los baúles de la memoria.

                                                           a Cecilia Ortiz

De Fruta hendida

 


A LOS GATOS LES HABLAS

                                                           Algo más que piedad, que providencia
                                                           y desatino. Olga Orozco

A la hora pequeña la turbación acorrala
sin dioses ni oraciones y en casa te aquietas y te apropias de una estrecha rendija de aire en lobular y asfixiada respiración.

En esa penosa travesía acopias largas frases que inflamas y en desatino caen, descobijan las pupilas afiebradas que ellos en tu nuca
clavan cuando sientes escalofríos de miedo.

A esa hora estrecha sin piedad ni cercanías
a los gatos de fervientes pieles
les hablas con palabras oscuras
que erizadas ellos entienden
mirándote, enroscada como estás
en la mecedora heredada,
donde la impaciencia a solas también se mece.

                                                                  con Dacha Nazoa y Katyna Henríquez

Inédito

 


EDDA ARMAS (Caracas, 1955)

Poeta, psicólogo social, gestora y productora cultural, facilitadora de talleres de creación literaria y editora venezolana. Su obra poética, comprende los libros, Roto todo silencio (1975), Contra el aire (1977), Cuerdas de serpiente (1985), Rojo circular (1992), Aguaricuar – La partida (1993), Sable (1995), El reino sin fin (1996), La otra orilla (1999), La mujer que nos mira (2000), En bicicleta (2003), Armadura de piedra (2005), Dagas y otras flores (antología personal, 2007), Toma lo simple por el tallo (2009), Corona mar (2011), Sin negativo ni estaciones (2012), Alas de navío (México, 2016), A la hora del grillo (Quito, 2016), Manos (Bogotá, 2019), Fruta hendida (Madrid, 2019). Sus poemas han aparecido antologados en, Antología de poetas de Anzoátegui. Jóvenes poetas venezolanos (1985), Poesía en el espejo. Estudio y antología de la nueva lírica femenina venezolana (1997), Del dulce mal. Poesía amorosa de Venezuela (2008), Cantos de fortaleza. Poetas venezolanas (2016), Poesía Latinoamericana de hoy (bilingüe, 2016), Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (España, 2019). En su labor editorial destaca, el proyecto de la Colección Obra Completa de Alfredo Armas Alfonzo, su padre, desde 1996, y a partir de 2015, impulsa Dcir Ediciones, junto a Annella Armas y Carlos Cruz-Diez. En 2019, edita en Madrid, Nubes. Poesía hispanoamericana, de 291 autores, compilación suya (Pre-Textos & Dcir). Presidió P. E. N. Venezuela (2005-2009). Entre las distinciones recibidas resaltan, Finalista del Concurso Internacional de Poesía Le Courrier de l’Oréneque (Francia, 1994), Premio Municipal Alcaldía de Caracas (1995), Premio XIV Bienal de Poesía J. A. Ramos Sucre (2002), y la Orden Alejo Zuloaga, Universidad de Carabobo (2013), por su obra literaria y aportes desde la gestión cultural. Ha representado a su país, en lecturas poéticas realizadas en Europa, América y El Caribe. Harry Almela escribió sobre su poesía, “Desde su primer libro, su escritura ha intentado mantenerse en equilibrio entre la argumentación y la mesura, esmerándose en el sonido de las palabras y en el trabajo minucioso con los adjetivos”.

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