SOLO POR CONTEMPLAR EL AMANECER | EDWIN MADRID


EL TIEMPO MÁS FRESCO DEL AÑO

En el verano íbamos al campo. Era maravilloso el trino de los pájaros, el vuelo de las luciérnagas en la oscuridad del bosque. Imaginaba que flotaba en el espacio con millones de estrellas a mi alrededor. Desde esa época me agrada el olor de los eucaliptos y la fragancia de las vacas que llevaba a casa en los zapatos. Pero no pasaba más de una semana y quería salir corriendo en busca de la ciudad. Por suerte, un día descubrí a una muchacha que se bañaba en el río. Todas las tardes, escondido entre las ramas, miraba como con delicadeza se acariciaba el cuerpo y mojaba su pelo haciendo brotar abundante espuma.

En cierta ocasión me presenté y apenas avanzó a cubrirse las partecitas. Le conté que varias veces le había observado desde los árboles. La muchacha, sin decir nada se dirigió a las aguas más profundas y se puso a nadar. Rápidamente me desnudé y fui a su lado. Entonces, mis veranos fueron como podrán imaginarse.


MI INCURSIÓN EN EL CINE

Carina Seria, en las escenas más patéticas se agarraba de mí y arrimaba su cabeza a mi hombro buscando protección. Yo miraba las imágenes de maquillaje abominable, pero pensaba en el calorcito de su cuerpo junto al mío.

En determinado pasaje de la brutal trama puse delicadamente mi mano sobre su tierna flor. Ella dio un sobresalto como si se hubiera abierto una puerta en la película. Luego ya no pensó más en las escenas decoradas con salsa de tomate. Eso me contó cuando ingresábamos al motel.


LA MUJER QUE VA A MI LADO

Casi nunca he logrado mantener la calma con una mujer bonita. Me he puesto a saltar como una cabra vieja o he roto en ataques de celos que rápidamente las alejaron de mi lecho.

La última se preocupaba por mí. Me hacía mimos y estaba convencida, firmemente, que soy uno de los mejores poetas de estas tierras agrestes. Mas yo, en vez de valorar sus sentimientos, me paraba en mitad de la vía y gritaba: ¡Vivan las mujeres azules! Y es que una mujer bonita es fiesta todos los días. Pero ya ven que no he tenido suerte y hoy mismo camino de arriba abajo del brazo de una fea.


POSTAL URBANA DE QUITO CON YO EN EL FONDO

Montañas irrumpiendo el cielo de la noche, calles locas que suben y bajan, campanarios, más campanarios, autos que patinan al doblar la esquina, jóvenes que se dirigen a las discotecas pateando latas de cerveza, parejas que se besan mientras los semáforos cambian. Música fugándose entre las piernas de una minifalda y los tacones obscenos de un muchacho que da los primeros pasos en su verdadero mundo. Niñas de fantasía perdiéndose sobre el rechinar de las motos.

Y allí voy yo, casi sin poder pararme, abrazado de una mujer que como bandera me agita por bares y hoteluchos.


BLUES DE LA GORDA

Cuando uno es joven cree que puede echar la casa por la ventana, eso me pasó con la gorda y desde el primer momento le empecé a cortejar.

Me has hecho recordar a mi bien amada Janis Joplin, le dije; y era verdad, desde que empezó a cantar se convirtió en la atracción de la fiesta. Su voz alcanzaba registros insospechados, era evidente que podía interpretar a cualquier reina del blues o del jazz. Pero como me dijo luego: de algo hay que vivir hijo. Y eso era cantando bossa nova.

El sudor corría por su frente, y antes de terminar la quinta o sexta canción parecía un Buda envuelto en una túnica mojada.

Yo me había colocado frente al escenario y aplaudía rabiosamente cada interpretación. Me imaginaba a la gorda desnuda haciendo todos esos gestos. Pero realmente se fijó en mí cuando le ofrecí el pañuelo para que secara su rostro.

Cantaba con los ojos cerrados, y mientras con una mano sostenía el micrófono con la otra se tapaba el oído derecho. Así, era un biombo humano detrás del cual se escondían la batería y el baterista. Me imaginaba subido en la inmensidad de su carne con mi tallo templado tratando de alcanzar su lujuria.

Al terminar el show se despidió de la banda y se sentó conmigo en la barra. Hablamos y brindamos por todas las causas perdidas. Estaba encantada, y pienso que desde el principio sabía lo que yo quería, por eso cuando salimos de la fiesta y buscamos un taxi me advirtió: Vamos a mi casa, pero nada de sexo porque hoy estoy muy loca.


LA PRECIOSA CAJA NO SUENA, AMOR

Si llamas, salgo casi olvidando cerrar la puerta. En taxi, atravieso la ciudad, sin que me importen la música de los bares ni las muchachas de chaqueta y pantalón vaqueros. Iré maldiciendo al tránsito que a esta hora pone los nervios de punta. Pero el precioso teléfono no suena, amor. Y pienso y pienso en la fatalidad de no volver a verte. Tan linda que eres y yo bobo confiado en que llamarás. Contemplando la caja negra de números blancos. Cansado creo que debo meterme en la cama y olvidarme de todo. Entonces, suena la estúpida caja y salgo corriendo como pensé al principio. En el camino supongo que lo primero que tengo que decirte es que te voy a ser fiel y que nunca alguien me ha parecido más bonita que tú. Mi corazón late muy fuerte. ¿Será que estoy contento y tengo angustia? El taxista escogió la peor vía. Le digo ¿señor por qué no tomó por el otro lado? Él se hace el loco. Así que me bajo y tiro la puerta. Cruzo la avenida en medio de los autobuses pero siempre pensando en llegar a ti. Me detengo en la esquina y vuelvo a tomar un taxi para que aprecies mi puntualidad. El taxi arranca dando chirridos, yo contemplo la ciudad a través de la ventana. Por mi cabeza cruzan miles de frases y cientos de casas. Selecciono los pensamientos y le pido al taxista que me deje en la siguiente cuadra. Timbro la puerta y apareces tan bonita envuelta en una bata de seda negra. Se me borran las frases dulces e inteligentes que reservé para ti y no hago más que pensar en la desnudez que cubre tu bata. Me quedo como un perfecto espantapájaros. Mis ojos se llenan de lágrimas y empiezo a llorar de felicidad. Entonces doy gracias a Dios de que me perdones y empieces a recoger tus cosas para abandonar la casa de la bruja de mi suegra.


POLVO ENAMORADO

La muchacha usaba anteojos, lucía el pelo recogido con una cinta negra y tenía los labios más bonitos que jamás había visto. Debo haber parecido un bobo contemplándole. Pero nunca imaginé que los cuatro años siguientes, serían de los más deliciosos y festivos de mi vida, junto a una muchacha que me enseñó a amar fervorosamente a los clásicos y que jamás me permitió escribir una línea de nuestro romance.


MIRADOR DE QUITO

He visto a mis amigos dar vueltas en torno a las jovencitas y zumbarles al oído cosas muy graciosas. Mis amigos hablan de mujeres hasta por los codos (incluso han escrito libros por ellas). Sin embargo, nunca conocerán (de verdad) el corazón de una mujer, como yo que acompaño a los amigos solo por contemplar el amanecer (¡Qué lindo es Quito a las 5 de la mañana!) con una muchacha bajo el brazo.


ESCÚCHAME BIEN

Existen locos que se disfrazan de poeta y van por el mundo recitando garabatos. Aunque también están las locas que se visten del amor de tu vida y caminan de aquí para allá jurándote fidelidad. Si un día se cruzan en tu camino, huye como si tuvieras al frente al mismísimo demonio.


EDWIN MADRID (Quito, Ecuador, 1961). Poeta, ensayista, docente y editor. Se desempeña como director del Taller de Escritura Creativa de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en Quito. Dirige la colección de poesía de Ediciones de la Línea Imaginaria. Libros: Formas de tapar o Sol (Portugal, 2019), Todos los Madrid, el otro Madrid (España, 2016), Mordendo o frio, libro completo (Portugal, 2016), Al Sur del ecuador (Ecuador, 2015) Pavo muerto para el amor (Argentina, 2012), Lactitud cero° (Colombia, 2005),  Mordiendo el frío (España, 2004), Puertas abiertas (Ecuador, 2001), Open Doors (U.S.A., 2000), Tentación del otro (Ecuador, 1995), Tambor sagrado y otros poemas (Ecuador, 1995), Caballos e iguanas (Ecuador, 1993), Celebriedad (Ecuador, 1992), Enamorado de un fantasma (Ecuador, 1990), ¡OH! Muerte de pequeños senos de oro (Ecuador, 1987). Antologías: Todos los Madrid, el otro Madrid (Espala, 2016), Pararrayos (España, 2012), Mordiendo el frío y otros poemas (Cuba, 2010), Mordiendo el frío y otros poemas (Ecuador, 2009) y La búsqueda incesante (México, 2006). El 2004, en Madrid, recibió el Premio Casa de América de Poesía Americana, también alcanzó el Premio Único de Poesía Ministerio de Cultura y Patrimonio 2013, por su libro Al Sur del ecuador, el Premio Escritores Ecuatorianos de los 90, entre otros galardones. Tiene traducciones de sus libros al árabe, inglés, portugués, alemán, francés e italiano. Al Sur del ecuador es su más reciente libro traducido al francés y publicado en Francia por la Maison des Écrivains et des Traducteurs, Saint-Nazaire, 2016.  En la Collection  “Les Bilingues” diregée par Patrick Deville.


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