EL CUARTO DE LA LUNA: EL JANTAR MANTAR (OBSERVATORIO) DEL DOLOR | ENRIQUE BERNALES ALBITES


“[L]a noche de Jai Singh bebiendo un flujo de estrellas, los observatorios bajo la luna de Jaipur y de Delhi, la negra cinta de las migraciones,”

Julio Cortázar, Prosa del observatorio

El cuarto de la luna ha sido editado por Proyecto Literal, sello mexicano de la poeta Jocelyn Pantoja y cuya colección A-Z de poesía la coordina el también poeta Manuel de J. Jiménez. Con Jocelyn y Manuel hemos coincidido en CDMX en más de una vez y, para mí, es un gran honor escribir estas palabras sobre un hermoso libro editado por ambos. De ambos, destaco su servicio, vocación y amor constante por la poesía. Esta nueva entrega, sin dudas, renueva esos votos. Conocí a Violeta Orozco, la autora de El cuarto de la luna, en Boston antes que la pandemia desatara todo su furor en el mundo. Ella es poeta, traductora y gestora cultural. Se encuentra estudiando un doctorado en Literatura Latinoamericana en Rutgers University. El pasado marzo, antes del encierro provocado por la pandemia del COVID19, compartimos una linda charla en un after party del evento de poesía que tuve el honor de organizar en esa ocasión. Se trataba de una hermosa lectura en Grolier Poetry Book Shop, un templo o pequeño y caluroso oráculo de la poesía. Grolier es un espacio muy íntimo, un cuarto de la luna y de los lunáticos de la palabra, me recuerda a Zurita y a su desierto, pues él también leyó allí, como tantos grandes poetas de nuestra lengua y de tantas otras. Ahora, Violeta nos entrega su primer libro de poesía, El cuarto de la luna ¡Qué primer libro! Contundente, escrito y editado con una seguridad y madurez poética que da gusto y causa gran asombro. En esta obra no sobra ni una palabra, el lector se conmueve con una ingeniería lingüística propia de una astróloga milenaria que busca desentrañar los más íntimos secretos y predicciones de nuestro satélite, fiel compañero, que nos ha acompañado por millones de años. Este poemario es el cuarto de la poeta, mas también de los lectores. Es un portal que nos invita a entender el sufrimiento, el dolor, las experiencias humanas más intensas; las mismas que no sólo producen pura disolución entrópica, sino que se vuelven detonadores de creación, una invitación para refugiarnos en la casa o el cuarto del lenguaje, que es la poesía misma, la filosofía primera con la que nos desentrañamos ante el mundo para (des) cosernos, (des) conocernos más y mejor en el otro. Así nos da el encuentro, la poeta, al otro lado del portal:

El encuentro
 
Cada quién
debe seguir
el llamado de su corazón solitario.
Pienso en los hombres que amé en silencio.
Fueron tantos. Fueron todos.
Eso es lo que soy.
Un poco de silencio
y un anhelo grande.
Ahora no queda
sino el encuentro
conmigo mismo.
He de aprender aún
a ganar el paisaje
de mi corazón solitario.

Como hemos señalado con anterioridad, El cuarto de la luna es el primer libro de poesía publicado por la poeta mexicana Violeta Orozco. Asimismo debo añadir que el lenguaje que proviene del Logos requiere de una maestría particular. Sobre todo, si se ha de hacer poesía con él. El libro de Violeta  integra Logos y poesía. El lector cuidadoso se desliza entre los poemas encontrándose con palabras, con estructuras que reflejan un gran manejo lingüístico de la autora y un cuidado por lo que se dice al no decirse, sino al sugerirse con imágenes y metáforas sumamente elaboradas y que (im) presionan hondamente como nos muestra la voz poética en el poema “Vejez”:

Envejezco al compás de la tarde
como un temblor de insecto
sobre la carretera del sol.
Envejezco
Cambio
como la noche y su marea de silencios,

El poeta y gestor cultural, Iván Cruz Osorio, señala en la contraportada: “Violeta Orozco es una poeta cuya voz transcurre entre el vertigo, de un tiempo de deshumanización y barbarie, y también la subversion para señalar la inconformidad, para develar nuestro propio descascare como seres”. Exactas palabras para describir el laborioso trabajo de un lenguaje poético que como el de Orozco lucha por perseverar sobre la entropía cósmica, las fuerzas del caos y la destrucción, fuerzas endémicas que condicionan nuestra existencia y sobrevivencia en el universo:

El ojo
 
El tiempo me pidió
verse en mi espejo.
No le di tiempo.
Me escondí en él,
lo usé para cubrirme.
En el siglo XVIII en lo que es actualmente el estado de Rajasthan en India, el Marahaja Sawai Jai Singh II, gran aficionado a las ciencias y a las artes, construyó el Observatorio de Jantar Mantar en la capital, Jaipur. Jantar Mantar quiere decir “intrumento de medición” en sánscrito. Es un emplazamiento arquitectónico de diversos instrumentos astronómicos a escala monumental. Lo colosal y enigmático de la estructura inspiró una hermosa obra, ilustrada con fotografías del sitio: Prosa del observatorio de Julio Cortázar. Sostengo que las cuatro secciones del libro de Orozco — Tiempo robado, Terrenos del insomne, Espejismos del desierto, El incierto territorio — funcionan como los aparatos de medición astronómicos del Jantar Mantar de Jaipur en Rajasthan; mas esta vez se trata de un Jantar Mantar poético que busca medir y calcular la experiencia del dolor, la desolación y el tiempo. Estas secciones instalan al lector en diferentes geografías del sentido, de la sensibilidad de un ser poético que no sólo refleja el sentir de millones de mexicanos, sino de millones de jóvenes en todo el planeta que se sienten alienados en una realidad mundial que es ajena a sus aspiraciones de comunidad, de imaginación y de justicia social. Así nos invita la voz poética a sus dominios de ensueño, una experiencia temporal más del ser, en la primera sección Tiempo Robado:
Renacimiento
 
Pero mi vida no era más que un nudo, en realidad
mi vida era el círculo
que dibuja el borracho en su nocturno pendular
por la ciudad difunta,
ondulando en su amar inexacto,
en su vaivén entre el sueño y el deseo.

Las secciones se configuran como aparatos de medición para calcular y procesar el dolor y transformarlo en sentir poético. El dolor requiere de diferentes tecnologías para ser procesado, la escritura poética es una de ellas. Es muy diferente el dolor como experiencia, grito ciego en la intimidad del cuarto o como grito colectivo en la plaza de las buganvilias. El dolor en la página escrita y dentro del dispositivo o el app de la estructura poética crea su propia estructura, su propia filosofía, su propia inmanencia. Así como la carta astral de un astrólogo que logra atrapar la energía lunar entre fórmulas, curvaturas y números; el poema por un instante logra atrapar lo inatrapable, es decir, los sentimientos, la experiencia temporal de lo humano:

El cuarto de la luna
un alarido animal aullido inmenso azul
arrojado sobre mis ojos la bóveda celeste
arropando el círculo voraz me devoraba todo
yo misma fui el silencio que se devoraba.
[…]
Y mi lengua dejó de hablar y se puso a lamer
herida el alarido
Soy un alarido
que rompió el muro del silencio y se hizo sangre
rasgada en el cielo
Yo soy la venida, yo soy la avenida violada
en su primera noche a la intemperie.
El poeta peruano, Antonio Cillóniz de la Guerra señala muy certeramente: “el mundo es una fábrica de dolor”. El dolor que observamos en El cuarto de la luna no refleja precisamente una fábrica de dolor, más bien, se asemeja, siguiendo lo desarrollado anteriormente, a un observatorio de dolor humano y existencial, que es expresión del tiempo o la levedad del ser, uno de los grandes ejes conceptuales del libro: El cuarto de la luna es, finalmente, un observatorio que mide y calcula dentro de una estructura poética, el sentir de lo humano codificado como palabra escrita.

El lector puede descargar El cuarto de la luna aquí
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