EL SOL QUE REVENTÓ EN EL MAR | HART CRANE

AL PUENTE DE BROOKLYN
 
Cuántos amaneceres, fríos tras su descanso ondeante
será penetrado y por las alas de las gaviotas
soltando blancos anillos de tumulto, construyendo libertad
en lo alto, sobre las aguas encadenadas de la bahía —
 
entonces, con una curva intacta, olvidará nuestros ojos
tan espectrales como las velas que cruzan
alguna página de números que será archivada, hasta que
los ascensores nos dejen caer desde nuestra jornada —
 
pienso en los cines, prestidigitación panorámica
con multitudes inclinadas hacia alguna escena parpadeante,
nunca revelada, pero hacia la cual se apuran,
predicha para otros ojos en la misma pantalla —
 
Y tú, al otro lado del puerto, con tu ritmo de plata
como si el sol te llevará el paso, y sin embargo
dejara algún movimiento sin consumar en tu marcha,
¡tu libertad aquietándote implícitamente!
 
Salido de alguna escotilla del metro, celda o desván,
un betlemita se apura camino a tus parapetos,
inclinándose pronto allí, la camisa chillona hecha globo,
cae una burla desde la caravana muda.
 
Bajando por Wall Street, desde la viga hasta la calle gotea el mediodía,
el diente roto del acetileno celeste;
toda la tarde, giran las grúas atravesadas por las nubes —
tus cables aún respiran el Atlántico Norte.
 
E impenetrable como el cielo de los judíos,
tu recompens — otorgas la consagración
de la anonimia, que el tiempo no impugna:
muestras perdón y gracia vibrante.
 
Harpa y altar, confundidos en plena furia
(¿cómo pudo el simple trabajo afinar tus cuerdas corales?),
terrible umbral del juramento del profeta,
oración del paria, grito del amante —
 
de nuevo aparecen las luces del tráfico, que rozan tu rápido
idioma sin quiebres, suspiro inmaculado de estrellas,
dejando cuentas a tu paso — eternidad condensada:
hemos visto la noche alzada por tus brazos.
 
Bajo tu sombra, esperé junto a los muelles;
sólo había oscuridad en tu sombra clara.
Las fieras parcelas de la ciudad todas desechas,
ya la nieve hundía un año ferroso.
 
Insomne como el río bajo tu peso,
abovedando el mar y las praderas que sueñan con césped,
desciende hasta nosotros alguna vez, los humildes,
y con tu curvatura presta un mito a Dios.
 

 TO BROOKLYN BRIDGE

 
How many dawns, chill from his rippling rest
The seagull’s wings shall dip and pivot him,
Shedding white rings of tumult, building high
Over the chained bay waters Liberty—
 
Then, with inviolate curve, forsake our eyes
As apparitional as sails that cross
Some page of figures to be filed away;
—Till elevators drop us from our day …
 
I think of cinemas, panoramic sleights
With multitudes bent toward some flashing scene
Never disclosed, but hastened to again,
Foretold to other eyes on the same screen;
 
And Thee, across the harbor, silver paced
As though the sun took step of thee yet left
Some motion ever unspent in thy stride,—
Implicitly thy freedom staying thee!
 
Out of some subway scuttle, cell or loft
A bedlamite speeds to thy parapets,
Tilting there momently, shrill shirt ballooning,
A jest falls from the speechless caravan.
 
Down Wall, from girder into street noon leaks,
A rip-tooth of the sky’s acetylene;
All afternoon the cloud flown derricks turn …
Thy cables breathe the North Atlantic still.
 
And obscure as that heaven of the Jews,
Thy guerdon … Accolade thou dost bestow
Of anonymity time cannot raise:
Vibrant reprieve and pardon thou dost show.
 
O harp and altar, of the fury fused,
(How could mere toil align thy choiring strings!)
Terrific threshold of the prophet’s pledge,
Prayer of pariah, and the lover’s cry,
 
Again the traffic lights that skim thy swift
Unfractioned idiom, immaculate sigh of stars,
Beading thy path—condense eternity:
And we have seen night lifted in thine arms.
 
Under thy shadow by the piers I waited
Only in darkness is thy shadow clear.
The City’s fiery parcels all undone,
Already snow submerges an iron year …
 
O Sleepless as the river under thee,
Vaulting the sea, the prairies’ dreaming sod,
Unto us lowliest sometime sweep, descend
And of the curveship lend a myth to God.

ANTE LA TUMBA DE MELVILLE
 
A menudo bajo la ola, amplia desde esta cornisa,
vio cómo los dados de hueso de los ahogados
legaban una embajada. Mientras miraba, sus números
caían en la playa polvorienta y se apagaban.
 
Y pasaron naufragios sin cortejo de campanas,
el cáliz del botín de la muerte devolviendo
un capítulo disperso, jeroglífico lívido,
la herida del portento entre pasillos de conchas.
 
Entonces, en la circular calma de un vasto bucle,
sus ataduras encantadas y la malicia reconciliada,
había ojos escarchados que levantaban altares
y respuestas silenciosas reptaron a través de las estrellas.
 
Brújula, cuadrante, y sextante ya no traman
mareas lejanas — arriba en las cumbres azules
la monodia no despertará al marinero.
Sólo el mar guarda esta sombra fabulosa.
 
 

AT MELVILLE’S TOMB
 
Often beneath the wave, wide from this ledge
The dice of drowned men’s bones he saw bequeath
An embassy. Their numbers as he watched,
Beat on the dusty shore and were obscured.
 
And wrecks passed without sound of bells,
The calyx of death’s bounty giving back
A scattered chapter, livid hieroglyph,
The portent wound in corridors of shells.
 
Then in the circuit calm of one vast coil,
Its lashings charmed and malice reconciled,
Frosted eyes there were that lifted altars;
And silent answers crept across the stars.
 
Compass, quadrant and sextant contrive
No farther tides … High in the azure steeps
Monody shall not wake the mariner.
This fabulous shadow only the sea keeps.

AL NORTE DE LABRADOR
 
Una tierra de hielo inclinado,
abrazada por grises arcos de un cielo de yeso,
se lanza mudamente
hacia la eternidad.
 
“¿Nadie ha venido a ganarte o
a dejar algún rubor
sobre tus senos relucientes?
¿No tienes recuerdos, oscuramente brillante?”
 
Callado por el frío, sólo tiene leves momentos
que viajan hacia ninguna primavera —
sin nacimiento, sin muerte, sin tiempo ni sol
en respuesta.
 

NORTH LABRADOR
 
A land of leaning ice
Hugged by plaster-grey arches of sky,
Flings itself silently
Into eternity.
 
«Has no one come here to win you,
Or left you with the faintest blush
Upon your glittering breasts?
Have you no memories, O Darkly Bright?»
 
Cold-hushed, there is only the shifting moments
That journey toward no Spring —
No birth, no death, no time nor sun
In answer.

Extraídos de Hart CRANE, El sol que reventó en el mar (Poesía y prosa). Traducción, prólogo y selección de Adalber Salas Hernández. Amargord Ediciones, Madrid 2016.

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