EL SUEÑO DE LA ESCRITURA | JUAN CALZADILLA



 

EL SUEÑO DE LA ESCRITURA

En la mitad de mi sueño llegué a pensar que la tinta empleada
para escribir era sangre. Pero lo escrito resultaba (en el
sueño) demasiado borroso, no ya para descifrarlo, sino para
saber si estaba escrito con sangre.
En realidad, la punción de la pluma en mi piel era la herida
que ella abría en la página en blanco.
En realidad, la punción de la pluma en la página en
blanco era la herida que ella abría en mi piel.

 

 


 

ÍTACA

Es más fácil llegar para el que está dentro
que para el que viene de afuera.

No es menester que avance lentamente
o a la carrera, que sepa la dirección o que la averigüe.

Ni que dé muestras de estar llegando, liviano o exhausto,
a campo traviesa, por avenidas, bosques o encrucijadas.

No importa el medio de transporte, lento o acelerado,
ni la velocidad a que hace el camino
ni el paso de las horas.

Bien enterado del sitio, no necesitará cruzar la calle
ni abrir la puerta para informar, como Ulises,
que ha llegado.

Y para que, adentro, en el hogar, estén junto a él,
convocados, al calor del fuego, unos brazos,
unos labios, unas miradas.

Bastará con que esté en su casa
para saber en ese mismo momento
que sin necesidad de venir afuera,
ya ha llegado,
ya ha llegado.

 

 


 

 

LA MUERTE DEL REVERÓN

¿Por qué tomó tan extraña decisión
de irse a vivir a un litoral desierto
donde el lento y acezante mugido del oleaje,
embistiendo contra las rocas,
rompe el silencio de la playa
y el viento que silba entre los almendrones
lima la aspereza de las hojas del uvero?

El erizado mar y la picada montaña,
los cocoteros, los dioses, los monos, las quebradas,
el bramido de la espuma salpicando las piedras,
supieron al fin que recibir aquel huésped irónico
significaba no hacer cómplices
de quienes, para usurpar sus dominios ancestrales
no abandonaban sus hábitos ciudadanos,
sus chequeras, sus mal habidas ganancias,
su colts, sus automóviles último modelo.
Reverón prefirió sus demonios internos
al halago de ver canjeadas sus pinturas
por una cuenta bancaria.
Y murió pobre.
La locura no avasalla
sino a los que saben, por haberla poseído,
arrancarle alguna estrella.
Y así, aunque la naturaleza nos impida combatirla
para librarnos de sus garras salvo cuando el sueño termina y la tiniebla llega,
padecer la locura es también prueba
de que aun en la mayor soledad y en la miseria
a un hombre puede estarle reservado
por un instante ser un dios o un demonio.



Juan Calzadilla (Altagracia de Orituco, 16 de mayo de 1931)  poeta, pintor y crítico de arte venezolano. Estudió en la Universidad Central de Venezuela y en el Instituto Pedagógico Nacional. Es cofundador del grupo El Techo de la Ballena (1961) y de la revista Imagen (1984). Ganador del Premio Nacional de Cultura de Venezuela 1996 Mención Artes plásticas.

Irrumpe en el espacio literario venezolano a mediados de la década de los cincuenta con Primeros poemas (1954), alcanzando con Noticias del alud (2009).  Fue director de la Galería de Arte Nacional (2011-2041). Premio Nacional de Artes en 1996, Premio de poesía Leon de Greiff en 2016 y Premio Nacional de Literatura en 2017.  

 En su obra se percibe la inquietud de un ser curioso e insumiso. que ahonda la palabra con delicadas certezas pero que las abandona en el siguiente puerto en  un profundo estado de humanidad.

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