EL TITIRITERO QUE SOY | IVÁN DARÍO ÁLVAREZ



EL  TITIRITERO  QUE  SOY
Soy
El niño grande
Que nunca dejó
De ser animista.
Soy
El infante irredento
Que no quiere renunciar
Al juego y sus amados juguetes.
Soy
El juglar irreductible
Que habla hasta dormido
Con sus oníricas criaturas.
Soy
El muñeco libertario
De huesos, carne y sangre rojinegra
Que nadie anima.
Soy
El que no pospone
Ni hipoteca sus alas y sus sueños
Al mejor pastor o impostor.
Soy
El que prefiere no transigir
Ni con dioses invisibles
Ni con amos visibles
O invencibles.
Soy
El titiritero y sus dobles
La infinitud de máscaras y voces.
Soy
Mis manos cansadas y viejas
Cuya imaginación no se rinde.
Soy
La rebelión de los títeres
El dulce encanto de la isla acracia
El héroe que venció todo menos su miedo.
Soy
Mi pulgarcito ingenuo
Y mí alucinado Quijote.

LA  CIUDAD 

Luces, edificios, carros
Smog puro
La ciudad sin árboles
Horas pico, tráfico pesado.

La policía y el ladrón perseguido
Drogos, pedófilos, travestis, prostitutas,
Cárceles, colegios, manicomios,
Mendigos, perros callejeros como hormigas,
Casas de cartón, inquilinatos,
Barrios chic, conjuntos cerrados,
Restaurantes finos, niños ricos.
La ciudad
Uno y la muchedumbre.

Fábricas, talleres
Que vomitan humo y obreros.
La ciudad,
Un cuartel,
Políticos corruptos,
Refugio de la mafia.

La ciudad,
Un cruce de caminos,
Un mapa para perderse,
Un laberinto,
Un callejón sin salida.

La ciudad,
La soledad,
El amor que ya no está.

 


LA  NOCHE  CITADINA
La noche enciende su chimenea
En la estación del tiempo
Surge aterradora como pantera
Se escapa de la jaula de la urbe
Sus garras desgarran su alma
La desangran a jirones
Sus grandes ojos de búho
Ven en la oscuridad
Su linterna mágica de gato
Dibuja calles fantasmagóricas
Con su luz pálida de vampiro
Refleja entre sombras
Mendigos y extramuros
Su paisaje nocturno
Ilumina juegos prohibidos
Meretrices
Malandros
Acuden a su cita
La noche
La bella y decrepita
Nos abre sus entrañas
A las salidas de las fábricas
Hombres en racimos
Peregrinan solitarios
Como muchedumbres domesticadas
Por calles abyectas
Pero traviesas
Músicas voluptuosas
De fines de semana
Anidan en sus pechos ansiosos
La noche encendida nos captura
Hierve la sangre en sus calderas
La noche es sal y pimienta
Es ojerosa e insomne
Como Drácula
Es despiadada como los asesinos
Es desaforada como los amantes insatisfechos
La noche es el resbaloso precipicio de los sueños
Es experta en amansar incertidumbres
La noche peligrosa
Cosecha una amarga
Jungla de pesadillas
La noche podrida
Cocina una sopa espesa
De moscas
Noche
Aquí me tienes
En el filo de tus secretos
Noche anfibia
Apaga la luz
Mira la luna ciega
Croa hasta reventar.


Iván Darío Álvarez, cofundador, codirector y dramaturgo del grupo de los grupos de teatro y títeres La Libélula Dorada y El submarino invisible del Capitán Nemo. En esté momento como creador cumple 44 años de labores ininterrumpidas.
En su escritura Iván nos lleva por observaciones  de una  sencillez profunda, conmovedora y humana. 

 

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