UNA CORTINA DE AVES SE DESATA | ERICK CHÁVEZ SALGUERO


LA OSTIA 

“Porque lo que sucede a los hijos de los hombres,
y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es:
como mueren los unos, así mueren los otros,
y una misma respiración tienen todos”
Eclesiastés, 3,19.

 

“Mitad víctimas, mitad cómplices,
como todo el mundo”
Jean Paul Sartre

La ciudad enfatiza su atmósfera de saliva alcoholizada. Los monigotes sucumben inermes ante la nueva edad de los falsarios, que ahora mueven las dentadas ruedas para el turno del saqueo bajo el gran fragor de los aplausos. Ya las sábanas multiplican asfaltos con sus oscuros mapas de muerte, mientras se levantan garfios para expoliar las caras de la memoria, como concilio de cúpulas en su pacto con la sombra.
Los perros en las calles forman un solo esqueleto vagabundo como signatura del desprecio. Y las putas son lechugas resecas tras veinte años en las esquinas, donde se erectan ahora las paredes de la banca internacional de los despojos. Ahora el palabrero exhibe su delirio de cien libros en el ojo, y conduce las anteojeras bíblicas de la multitud hacia el velatorio de los cráneos, donde nadie tiene amparo de inocencia en esta fiesta de máscaras que danzan sobre la inamovible piedra del demonio.
Ahora la pantalla usurpa la razón, como moneda que transita hacia el delirio colectivo de las plazas, donde se imparte la ostia emocional como antídoto preciso para el tedio. Y el garabato del grafiti tiene un peso de plomo en cada uno de sus gestos, como el cero inconmovido que reclama la exclusividad de los parqueos.
En las periferias laten fuegos de barrios en disputa, donde niños reciclan los afanes retorcidos de sus calles, entonces la venganza es un mapa obligatorio en el tatuaje, como los guantes de pólvora que cubren sus manos después de los disparos; luego aferrados al cristal de las pipas, derriten dientes para ahogar el resoplido de la angustia, y escapar de las botas policiales cuando el ardid escarba huecos en la sangre.
Entonces los falsarios desempolvan las huellas exiliadas de sus pies; y los exponen como lobos en las jaulas sin fragor de las pantallas; mientras a la sombra bajo la mesa, acuerdan la administración de la muerte bajo el murmullo de treguas comulgadas, con los polvos comunes de cementerios clandestinos que los monigotes celebran con el banderazo y tambor de las campañas.
Y en el abismado corazón de la ciudad, bajo el reverso de la noche, ya con empujada niebla en la mirada, se esparcen sin apuestas los pesos de los muertos. Mientras el humo se eleva en la cerrada indiferencia, de centinelas que fuman sentados sin traspiés.


EL HIJUEALAGRANPUTA 

“Yo soy el mismo siempre el macheteado…
a quien le hiede el nombre y qué me importa”
Roque Dalton

Su rostro era una bolsa de pintura roja
apretujada por la ira bajo el sol.
Bajo la húmeda axila el renquear de la muleta.
Dicen que tenía un calendario de muerte en la oquedad de su historia.
Que todo él era una mano asida con fuerza al borde de un abismo de bruma.
Que la carcoma le dejó un carbón apagado en el pecho,
cuando el fuego del licor fijó su resaca como vapor del mediodía.
Su pasatiempo era putear a los peatones al sentarse en las esquinas.
Nunca soportó una puteada de regreso.
Y un día,
quebrantada la muleta que sostuvo su miseria,
quedó arropado en las aguas verdes que estancaban la cuneta
y murió, como el hijuelagranputa que siempre fue.


PLAZA PÚBLICA 

Una cortina de aves se desata,
cuando el rojo nos secuestra la pupila,
y coagula moscas sobre las espaldas del asfalto
como reguera de miados del derribado cuerpo de un borracho.

Nada nuevo ha pasado
pronto vendrán los noticiarios con la maraña de sus cables,
a fingir gravedad en el gesto de las cejas
y extraer la última sustancia de la angustia,
desde la humedad delirante por la que testimonian los curiosos.

Entonces, el aire de la tarde se estropea en los estómagos
la multitud estremecida se derrama en las aceras
bajo la erección lenta de los humos de pólvora
después de los disparos.

 


Erick Chávez Salguero San Salvador, 1976, poeta y gestor cultural. Perteneció al extinto Taller Literario “El Cuervo” (1998-2000), Taller Literario “La Fragua” (2000-2001) y Taller Literario “La Casa del Escritor” (2005) dirigido por el escritor Rafael Menjívar Ochoa (Q.E.P.D). Licenciado en Filosofía UCA, El Salvador (2010) y Doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (2020). Ha sido publicado en la Antología Poética de la Universidad de El Salvador (UES, 2000), Antología del Foro de Poetas y Escritores de El Salvador FOPES (2008), Antología “Lunáticos” (Índole editores, 2012), Antología poética “La Casa del Escritor” (Índole editores, 2012), Revista “La Guadarraya” (diciembre, 2015) de Los Ángeles, California, Revista “Puerto Poético” (julio, 2018) de Valparaíso, Chile. Ha publicado “En el mal tiempo de la amnesia” (Editorial Ixchel, Tegucigalpa, 2015). Actualmente reside en Valparaíso, Chile, donde se ha destacado como gestor cultural y educativo, entre Chile y El Salvador.

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