BESTIARIO DE LOS MÉDIUMS | EUGENIO LÓPEZ ARRIAZU


A María Belén Aguirre


PRÓLOGO DEL PERSONAJE FELIZ

Había una vez un personaje feliz. Era tan feliz que su cuento ni siquiera podía terminar con las consabidas palabras “y todos felices comieron perdices”. No, no había un conflicto precedente que las justificara. El personaje era Él y estaba enamorado de Ella. Eran tan felices, ambos, que sólo disfrutaban de su amor, sin nudos narrativos, ni tragedia peripatética, ni desenlaces sorpresivos. Esto era un problema para el autor. Caviló, caviló, caviló y finalmente decidió dejar el cuento en medias res: “que sigan siendo felices”, dijo en su impotencia. Ni siquiera punto final pudo ponerle. Se mordió los puños y puso suspensivos…


EL GRILLITO DEL RINCÓN

El grillito del rincón ama la geometría. Por eso vive en rincones que forman ángulos opuestos por el vértice con otros rincones. Pero, como también ama la física, no se conforma con vértices comunes: habita los rincones cuánticos comunicados por vórtices. Su música es tan formal, abstracta, poderosa, perfecta, sensual, sintética e imaginativa como la mejor hipótesis del más alto teorema. Al frotar de sus alas, el mundo se transporta en axiomas de espíritu y potencias de carne. Cuando sale del rincón de Él, y lo envuelve con su música, Él no puede sino pensar en la perfección más bella: en Ella. Y cuando sale musical por el otro lado del vórtice y se pone a darle vueltas a la cama de Ella, Ella suspira, en sueños, pensando en Él.


LA MUÑECA ENTERRADA

Duerme tibia en el corazón de la tierra. Desde allí ve, con los ojos cerrados, el corazón de la gente. La enterró Ella cuando era niña, como a las otras muñecas, en el fondo selvático de su casa; pero a ésta no la desenterró. Quedó allí, olvidada y presente, como un refugio de infancia en su corazón de adulto. La muñeca enterrada camina por las calles de San Miguel en suave bamboleo de sístole-diástole. Juega a escribir poemas y publicar libros. Su inhumada condición de inmortalidad le infunde a Ella un sentimiento de muerte para amar a los vivos. Gran estratega, busca entonces matarlo, a Él, con tácticas de odio, para que viva de amor. Esto se lo contó, de corazón a corazón, nada menos que a Él, en una noche profunda como los túneles que unen Tucumán con Gualeguaychú, ella misma, la muñeca enterrada.


EL CUZCO PERROMORFO

A diferencia del hombre, que camufla su ego al clasificarse entre los simios antropomorfos (es decir, considera, de todos modos, que los hombres son monos que sólo se parecen a sí mismos), el cuzco perromorfo se autoclasifica sin pruritos entre los perros con forma de perro. Su afán clasificatorio no tiene límites. Gracias a sus poderes analíticos vive en el más singular de los mundos: donde los gatos son felinomorfos, los peces piscimorfos y todos los toros singularmente tauromorfos. Se hizo famoso. La gente lo consulta: “¿Quién soy?” pregunta Joseph. El cuzo perromorfo le responde oracular: “Eres José de la familia de los Iósifs, orden de los Guiseppes, clase de los Joseps, philum de los Iosephi, reino de los Pepes”. Cuando Ella y Él lo consultaron, Ella por su amor y Él por el suyo, el cuzco perromorfo se rascó la oreja derecha con la pata trasera, se paró, dio tres vueltas antes de volver a sentarse, gruñó, ladró y finalmente profirió con voz de tenor: “Tu amor no es Ellamorfo”, le dijo a Ella, “ni tu amor tumorfo”, le dijo a Él. “El amor de ustedes es, ¡oh, dualidad única del yo… el amor de ustedes es… mutuomorfo!”


FALOPA

Falopa huele los cadáveres. Es adicto al Más Allá. A veces, los ojos se le extravían. Las pupilas se le dilatan hasta derramarse por fuera de las cuencas. O se le eriza la piel del lomo, o mete la cola entre las patas. A veces le ladra al vacío; otras, aúlla como ausente. Pero la más de las veces sacude contento la cola, con las orejas paradas y una sonrisa de colmillos. La gente viene a buscarlo en jaurías para ver en sus signos a sus difuntos. Hacen cola para llevarlo a sus muertos. A los velatorios en las casas o en las funerarias. A los entierros. Falopa va de muerto en muerto, insaciable, de paseo por el Más Allá. Huele los cadáveres. Les olfatea la nariz, la boca, las orejas, las axilas, el sexo. Saborea, extático, el rastro fresco de las almas.


EL MOSQUITOTE GIGANTITO

Es el único ejemplar conocido de su especie. Por sus características monstruosas, lo exhiben en la feria de atracciones de Gualeguaychú. La carpa del mosquitote gigantito es alta y ancha, por lo que la gente tiene que agacharse y entrar de costado. Pero es muy corta: cien pasos para entrar y mil doscientos para salir. El mosquitote gigantito aletea y la carpa se llena de brisas huracanadas, zumba como un helicóptero inaudible y se posa descomunal sobre la nariz de la gente. El mosquitote gigantito es sólido como el alma, etéreo como la materia. Los amantes lo solicitan cuando atraviesan crisis amorosas. Él fue a verlo y le preguntó: “¿Es el amor un instante eterno, mosquitote? Dime, gigantito, ¿o es acaso una eternidad efímera?” El mosquitote gigantito lo miró con ceguera, lo desoyó escuchándolo y solo pidió por respuesta, altisonante y mudo, un muchito de espíritu disuelto en sangre, y un pocote de sangre en solución de espíritu.


LA MARIPOSA PALIMPSESTO

Bajo el dibujo de sus alas hay diseños que ocultan un arabesco que esconde una filigrana que tapa las imágenes que… Si un maestro chino la sueña, al despertar ya no sabe si su cuerpo está en las alas que pintan sus tatuajes o debajo del tatuaje que se imprime en las alas. Cuando la mariposa palimpsesto aletea, el efecto mariposa produce las realidades superpuestas del territorio bajo el mapa que encierra al territorio dentro del terreno que se oculta en el cruce de biomas, cuevas, vientos y geografías. Si se intenta agarrarla, deja palimpsestos de polvo en los dedos: un manto de Verónica con la cara de un hombre que trasluce a un caballo perfilado sobre un dios con contornos de mujer. Lleva tantos hogares a cuesta, que no tiene ninguno. O los ignoramos. Él la busca, sin embargo, metódico y amante, en cada mariposa de Gualeguaychú, seguro de que Ella vuela, múltiple y hermosa, con mil caras, cuerpos y sonrisas, en alguna de sus alas.


EUGENIO LÓPEZ ARRIAZU es escritor, traductor literario, docente e investigador universitario. Ha publicado los poemarios La revuelta (2017), La reja (2017), Los urutaúes y otros poemas de amor (2018), El norte es el sur (San Petersburgo, 2019, en coautoría con Olga Jojlova) y Yo animal (2019). Las bestias aquí presentadas son parte de Bestiario de los médiums, aún inédito. También es autor de los ensayos Pushkin sátiro y realista (2014) y Ensayos eslavos. Poesía, teatro, narrativa (2019). Cómo traductor ha publicado desde diversas lenguas a autores tales como, entre otros, Fiódor Dostoievski, Alexandr Pushkin, Francois Rabelais, William Blake, Julio César, Hristo Bótev y Vladislav Bajac.


 

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