UN ESCUDO DE PALABRAS DE HABLA VIVA | GIORDANA GARCÍA SOJO


MIGRAÑA 

Quiero entrar con sigilo en la adormidera
acurrucarme allí en su terciopelo
envolverme en mi propia pelvis.

Afuera ha llovido tanto que se forma una capa de rocío en mis pestañas
como aquella fotografía de Man Ray
o como el agüita de hojitas verdes de Otilio
o como el goteo persistente de las tuberías sobre las platabandas ardidas de sol.

Quiero un brebaje mineral que pulverice las patas de la pantera noctámbula
porque yo seré la tierra que la sostenga
y le dará de beber desde alguna orilla sonriente.

Sanar aquella carraspera de la noche ebria de estrellas y muertos,
amarrados con un nudo a mi pupila
extendida como la arenisca imantada del Sahara.

Quiero anestesia en dosis temerarias,
sentir la amapola

en espiral hasta besar mi corazón de estrella enana.

Volver al sueño de la muerte.
Pronunciar las palabras adecuadas
y afeitarme un lado de la cabeza
para dibujar allí

 justo en el centro del dolor

la X plausible de la extracción.


LAS MANOS SOBRE EL HIELO

a Sigfredo Ariel

Escribir no funda
no incrusta vigas
no remueve la tierra para asentar la gran base
no proyecta casa ni rascacielo.

La escritura ahueca la carne tambaleante
la aflige con laceraciones mientras  silba
se hunde en el fondo helado del océano
no detiene su máquina incisiva hasta desgarrar la membrana del núcleo.

En tal natural destrucción
se revela el sentido
como el violento estiramiento de la columna vertebral al nacer
y ocurre el milagro

sobreviene la luz.


UNA MADRE NORMAL

Esta escafandra se ha convertido en paisaje y psique
me pesa y engulle de afuera hacia adentro.
Admito que me place la textura afelpada de su cara interna
una se acomoda ante el reflector
aprende piruetas de nado sincronizado
aunque falle el sonido y nos contorsionemos en silencio.

Afuera respiramos el aire de polvillos fósiles
susurramos mantras contra el brillo de los cuchillos.
La esperanza es sostenida sobre piedras calientes
en la curva hacia la rotación de las especies.

“Revertir las violencias de adentro hacia afuera”
me digo
con un escudo de palabras de habla viva
no puedo dejar colar la muerte en los ojos de las niñas

las niñas del círculo de liquen
las niñas de las máscaras de arcilla
las niñas de los pájaros vendados
las niñas de la fracción de tiempo ante la colisión.

No sé leer la divina danza de la abeja
ni conozco el prodigio de un motor de ocho cilindros
pero estoy segura de que mi destino se cifra en tres actos

atajar el ocaso
hundir los pies entre la tierra
e hipnotizar a la muerte.


VÉRTIGO 

Para Miguel
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
S.Q .

I

La soledad es condición natural. En su clasificación de lo viviente Linneo no da lugar a lo informe. Un ser vivo es un ente cerrado en su contorno. Da igual si es hongo o roedor, arbusto o ser humano.

Ceñidos al límite de la figura de un cuerpo, seguimos el curso natural del destino de las especies: crecer y perecer. Cada cuerpo transita la muerte en su adosada soledad. Morir es descomponer lo único. Difuminar la silueta. Abandonar el límite.

Se podría abrazar la idea compasiva de que en la repetición de los entes se pierde la soledad condicional. Que en masa nos poblamos hasta sentir muchedumbre. Pero cada libélula muere sola. La extinción de una especie sucede de cuerpo en cuerpo, también la pervivencia de un reino sobre otro.

Nos juntamos para evadir la muerte, nos aislamos para atajarla por dentro.

II

Quiero abjurar de Linneo. Su catalogación de lo viviente es seductora y me asfixia. En su siglo fue justo deshumanizar el privilegio de lo vivo. Pero, ¿en la informidad de la sustancia no bulle la vida? ¿Dónde se fragua el lazo del enjambre?

la tierra en el corazón de la montaña
el manantial que atraviesa los grumos
el haz de luz entre las alas del insecto

El universo es sustancia sin recinto. Acaso no haya sonido de esferas ni silencio ni piedra desolada. Solo intuición manchando la galaxia.

III

Mi cuerpo reclama una danza primitiva
Invoca la risa de los muertos

(Zurita rasga su canción renacida)

Desde el fondo marino de la tierra

se elevará

la revuelta polvareda de luz.

 

 


Giordana García Sojo (Caracas). Editora, investigadora social y promotora cultural. Licenciada en Letras por la Universidad de Los Andes (ULA). Cursó la maestría en Antropología Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el diplomado en Gestión y Promoción de los Derechos Culturales por la misma casa de estudios. Se ha dedicado a la edición en distintos formatos; actualmente edita el espacio transmedia #PoesíaEnCasa. Forma parte del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) y es profesora de Literatura Venezolana en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ha publicado en compilaciones, portales web y revistas de América Latina. Ha representado a Venezuela en las Ferias del Libro de Buenos Aires y de La Habana.

 

 

 

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