FONTANA | GLEN CALLEJA


TRAD. FRANCES SIMÁN.


FONTANA

 

No sé dónde estaba aquel julio del 95.

Era joven

y la juventud y la memoria son líneas paralelas que solo se encuentran en la eternidad.

 

Tenía diecisiete años: la edad del servicio militar, si es posible emparejar la edad con un rol social.

La edad militar según la Corte Internacional de Justicia, se define como la probabilidad de ser uno de los 8,000 hombres llevados a los bosques para recibir una bala

en la parte posterior de su cabeza.

Esta es una descripción falaz.

 

No sé dónde estaba el 11 de julio,

o qué hacía,

con quién estaba,

o sobre qué hablábamos.

 

Me falla la memoria.

 

Las palabras siguen desaparecidas,

sepultadas junto a los restos inmóviles respiran con dificultad, débilmente; en secas gargantas continúan desaparecidas. Las palabras son civiles. Ellas no usan uniforme. ¿Dónde han estado estos últimos 20 años?

 

El 11 de junio, en Srebrenica,

Mladic nos convocó a una reunión en el hotel Fontana.

No supe de esta reunión hasta ayer.

Mi ignorancia me molesta.

 

Eran las 10 de la noche.

No sé el número de habitación

pero la luz era amarilla y cálida.

Y las paredes estaban forradas con madera barnizada.

Estoy seguro de que la reunión hubiera sido más amistosa si hubiesen tenido algunas sillas y una bonita mesa redonda.

 

Cuando las personas se sientan en círculo invitan a la armonía a la habitación. Por otro lado, si desean bailar se levantan;

o cuando van camino al trabajo y el bus está repleto de cabrones gordos; o cuando los cajeros del banco se rinden ante ladrones armados

cubiertos de brillantes medias que aplastan sus caras en grotescas desfiguraciones de color piel artificial.

 

Las líneas rectas sirven solo para columnas y pilares de monumentos fascistas apolíneos.

Las líneas y columnas rectas son un fenómeno ficticio, o en el mejor de los casos, fenómenos extintos que sobrevivieron solo hasta comienzos del siglo XXI. Pero también los círculos perfectos son fenómenos ficticios, ¿verdad?

 

*

 

El 11 de julio de 1995 nadie se quería sentar.

Espalda recta, pecho afuera, barbilla arriba.

Queríamos divertirnos.

Espalda recta, pecho afuera, barbilla arriba.

Queríamos hablar.

Espalda recta, pecho afuera… ¿hablar sobre qué?

No te he visto antes…

¿Tengo que haberte visto antes para poder hablarte?

¿Tengo que haberte hablado antes para tener algo de que platicar contigo?

¿Tengo que haber sido tu vecino bullicioso para tener tu atención de francotirador?

 

Tomémonos un trago.

 

*

 

Mladic era posiblemente el hombre más bajo en la habitación.

Se mantuvo de pie, con las piernas separadas, manos en las caderas, ocasionalmente viendo hacia abajo

como si se acabara de parar en mierda de perro justo antes de la reunión; y si no lo conocieras mejor, pensarías que está aburrido. Vio al suelo.  Sus ojos ciegos a través del suelo; activamente sin desear poseer el quinto, sexto sentido que un hombre desarrolla cuando una chica lo unge como su padre. Mladic no estaba ahí para escuchar.

 

El camarógrafo filma, este es un medio perecedero…y no tan fácil como para distribuir al mundo exterior como el metraje digital. Hablan los hombres uniformados. Se recopila material. Escombros históricos en desechos humanos y

desechos humanos en escombros históricos.

 

Una buena toma, una toma. Es todo lo que es.

Una buena toma. Una sola. Es todo lo que será.

El camarógrafo se acerca ocasionalmente.

Un francotirador se acuesta, apunta, enfoca y sostiene la respiración.

El telescopio es irreal, un televisor, un juguete.

El audio no es tan bueno tampoco.

Claramente, no se trata de palabras.

 

Mladic está de pie al lado de la toma.

De vez en cuando mira a Karreman y le hace una pregunta.

El traductor habla inglés.

De vez en cuando Mladic repite la pregunta,

insatisfecho con la respuesta que le brinda el coronel holandés.

 

Pareciera que Mladic está solo en el cuarto, en el hotel, en el mundo.

Ha hecho que todos se vayan.

Karremans repite que él únicamente está siguiendo órdenes, haciendo lo que le indican.

Él no es quien decide, dice.

Solamente hombres tristes sin futuro dicen estas cosas.

 

Mladic mira al suelo, mira a través del suelo.

Él es un hombre.

¿Viste eso?

 

Sus ojos se enfocaron por un segundo.

Retrocede algunas tomas, por favor.

Veámoslo de nuevo.

Ahí, ahí.

 

Estoy tan contento de no haber visto esto hace 20 años.

No hubiera entendido.

No tenía hijos entonces.

 

Cuando Mladic mira hacia abajo hay un poco de enfoque.

El enfoque arde, arquetípicas desgarraduras en un corazón de cuatro válvulas.

 

Él estudia los bordes de las losas del piso,

algunas se han astillado en un lado, algunas están perfectas, incluso hermosas.

Debajo de todo está Ana, de 23 años,

el dulce cuerpo suicida de su hija

en el que todavía los gusanos están haciendo fiesta, disfrutándola.

 

Mladic pude haber sido yo.

 

Así que le escribo de padre a padre,

buscando consejo.

¿Qué debo hacer para no ser el padre

de un suicida?

¿Qué debo hacer para no ser el padre

de un suicida?

 

Él responde.

Su letra es como su voz,

engañosamente rizada, incluso atractiva, como la de una colegiala.

¡Es tan hermosa!

 

Odio cuando las personas unen todas las letras al escribir,

pero entre cada una de sus letras hay suficiente espacio para respirar.

Hay diseño, sensibilidad. Me gusta.

 

Puntos perfectos en las íes, limpios y agradables círculos para las oes y las bes, y bonitos sombreros para las tes

No puedes evitar sospechar un carácter obsesivo detrás de su caligrafía.

 

De vuelta en el Fontana,

mientras el camarógrafo se enfocaba en Karremans, Mladic, fuera de toma, balanceaba su peso en una pierna:

era un corpulento y astuto general en pose femenina listo para la acción.

Así es como coloca sus brazos.

La negociación es masculina.

Él no negocia.

 

Consíguele una cerveza a Karremans

No, dice él. Prefiere no beber

si sus soldados no beben tampoco.

 

¿Les gustaría un sándwich?

¿Un cigarro?

 

Y así comienza la fiesta con la Directiva 7

firmada por el mismo Radovan Karadzic,

el hombre que antes de la guerra era parte de los auxiliares de enfermería, quienes después de la guerra, regresaron a ser auxiliares de enfermería.

 

El directivo especificó que el VRS, las Fuerzas Serbias eran para:

 

CITA:

 

Completar la separación física de Srebrenica y Zepa lo más pronto posible,

evitando incluso la comunicación entre personas de ambos enclaves. Crear una situación intolerable de inseguridad total sin esperanza de sobrevivir para los habitantes de Srebrenica mediante operaciones de combate planificadas y bien pensadas.

 

FIN DE LA CITA

 

Bloquear convoyes de ayuda también era parte del plan:

 

CITA

 

El estado correspondiente y los órganos militares responsables de trabajar para UNPROFOR y las organizaciones humanitarias deberán, a través de planificados y discretos permisos, reducir y limitar el soporte logístico de los cascos azules de las Naciones Unidas en los enclaves y el suministro de materiales a la población musulmana, convirtiéndolos en dependientes de nuestra buena fe, al mismo tiempo que evitan la condena de la comunidad y la opinión pública internacional.

 

 

FIN DE LA CITA

 

La testigo 87 dice que nunca olvidará.

Ella nunca olvidará muchos detalles.

Ella nunca olvidará como fue pasada de hombre a hombre,

penetrada cuando los grandes camiones ingresaron a la ciudad para jugar.

Así es como ella completó su educación a los 15 años.

Lo que ella realmente quiere decir es que las memorias son

enjambres de invisibles moscas que se alimentan del cadáver oculto bajo su piel; y esta fue la escuela a la que ella fue. Bueno, realmente ella no fue a la escuela.

Ella fue llevada y mantenida allí durante todo un invierno.

Escombros de invierno en restos humanos.

 

Hay más como ella, por supuesto: clones no vengados que no existen para el mundo. Solamente para ellos mismos.

 

Los primeros besos fueron todos de despedida.

Sus primeros y únicos besos fueron hace 20 años.

Una buena toma, una toma. Eso es todo.

 

Sus rostros en primera línea son los mismos: retratos genéricos difuminados.

Y todos suenan igual: lloran.

Sus cuerpos; cabeza, hombros y dedos, todos borrosos

con parasíticos huevos de destrucción masiva y una generación de bastardos,

lo que quiero decir es que algunos son niños genuinamente no amados y desamparados (rostros genéricos difuminados

de atractivos hombres que los abatieron

con las mismas manos que golpearon, dispararon, enterraron, y quemaron a sus padres, esposos, hijos en edad militar).

 

A última hora de la tarde del 11 de julio de 1995, el general Mladic, acompañado por el general Ivanovic, comandante del cuerpo serbio Drina, entonces vicecomandante y jefe de personal del cuerpo Drina, y otros oficiales de la VRS, tomaron una paseo triunfante a través de las calles vacías de Srebrenica.

 

El momento fue capturado en video por el periodista serbio Zoran Petrovic.

Una vez más, es una única y larga toma.

Una cámara, una victoria.

 

Siguiente parada: Potacari.

El niño tenía su coche y nosotros dejamos nuestras pertenencias en él, o simplemente nos acostamos en el suelo…

El niño tenía su coche…

 

Y nos sentamos ahí mientras francotiradores disparaban de vez en cuando y toda la multitud se movía de un lado a otro, gritando.

 

Sobre nosotros estaba la aldea Pecista donde los soldados serbios disparaban a las casas.

 

El 12 de julio de 1995 la situación en Potacari empeoró.

 

El general Mladic apareció acompañado de cámaras de televisión que lo filmaron al entregar dulces a los niños.

Además de este gesto televisado, el general Mladic y sus hombres no hicieron ningún intento de aliviar el sufrimiento de los refugiados que estaban desesperados por comida y agua.

El soldado David Vaasen, uno de los mediadores de paz holandeses vio dos soldados, una niña, que, por supuesto es la hija de alguien,

un colchón…

…color rojo…

…fluidez…

…restos infantiles bajo restos coránicos.

 

CITO

 

Vimos dos soldados serbios, uno de ellos mantenía guardia y el otro estaba sin pantalones encima de la joven. Y vimos una niña en el suelo, en una especie de colchón. Había sangre en el colchón, estaba cubierta en sangre. Tenía moretones en sus piernas y sangre bajando por ellas. Estaba en shock total. Se volvió loca.

 

FIN DE LA CITA

 

Esto estaba tan lejos de la teoría como podría estarlo.

 

Córtame el pelo corto, bastante corto, antes de que comiences; guárdalo con tus otros trofeos. No me digas tu nombre,

y por favor vete en silencio. Yo me haré cargo de nuestro perdón o trataré de olvidar. Una buena toma, una toma.

 

A él le encantó. Orinó en la muchacha con su pene todavía erecto,

su caliente orina que salpicaba sobre su cara, sobre toda su imaginación y sobre su espíritu, sobre todas sus fantasías…

Él la hizo suya en una especie de ‘hasta que la muerte nos separe’ en amoníaco.

Él es un hombre; el hijo de alguien, quizás el papá de alguien.

 

¿Dónde estabas en julio del 95?

¿Qué hacías en julio del 95?

¿Por qué no estabas ahí?

 

Ella no ha hablado con su esposo en veinte años…

Ella sabe dónde vive él, él no conoce su dirección en Tuzla.

Ella no quiere que él sepa…

Ella quiere que sepa…

Ella no quiere que él sepa cuantos hombres la forzaron a

arrodillarse, agacharse, acostarse sobre su espalda, separar sus piernas…

 

¿Puede decirle cuantos hombres…?  ¿Puede ella…?

¿Puede decirle a su padre…?

Puede decirle como la montaron por horas…uno por uno…de dos en dos…

 

Es pura, pura inmundicia.

Un tipo perverso de pureza, siempre puro.

Pero no hay suras para una mujer impura.

Hay lluvia de meteoritos,

piedras del espacio

en caída libre por cientos y miles

que arden camino al suelo

en la tierra de nadie;

por veinte años y una eternidad

su destino permanece desconocido,

despiadados escombros coránicos sobre sangrientos restos asexuales en combate de pureza contra pureza…

 

Ella los sedujo a las primeras filas: los francotiradores, borrachos con su imperfecta belleza no-musulmana, no-bosnia, no-yugoslava…belleza infantil

en los telescopios de los francotiradores.

 

Julio del 95. Tan cálido,

tan lejano,

tan frío.

 

¿Dónde están todos hoy?

¿Dónde estás tú?

Líneas paralelas que se encuentran en la eternidad.


GLEN CALLEJA

Glen Calleja (1978) es un artista maltés interesado en poesía y en el libro como objeto. Su trabajo artístico conlleva la creación de alternativas en diseño de libros y elementos de actuación. Es el cofundador de Studio Solipsis y presidente del Hub for Excellence in Literary Arts (HELA).

 

La traducción es de Frances Simán.


 

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