POEMAS INÉDITOS | HEBERTO DE SYSMO


LUZ SIN NADIE

«En nuestras almas todo
por misteriosa mano se gobierna.
Incomprensibles, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras».
Antonio Machado

Somos corpus, glosarios de palabras
caminantes que sueñan ser la cosa innombrada
que al encontrar su nombre se vacíe
de aquello que creía indispensable.

Inventamos lenguajes para llenar vacíos
de otras lenguas, ahora, inaccesibles.
Diseñamos las voces, su sentido y gramática,
convenimos que el símbolo, aunque sea a la fuerza,
satisfaga nuestra hambre de inventariar el mundo.

Ignoramos que cada nombre y lengua
aleja de nosotros cuanto ansiamos,
pues sin nombrar las cosas, cualquier flor,
insecto o ave viven y otros viven
por ellos y para otros que no saben
que el verbo no suplanta aquello que en silencio
no requiere decir para ser todo.

Darse sin un lenguaje que mancille
la innominada gracia de esa esencia
es don que no se elige; parcela de verdad
vetada a los hablantes: luz sin nadie
con ojos que la observe ni perturbe
cuanto dice al hacer sin falsos signos.

¿Qué verdad nos impone la mentira del verbo?
¿Qué solemne belleza preserva de nosotros?
Desde una perspectiva, el lenguaje es un puente
que concilia a deseo y deseado;
desde otra, es centinela de ese misterio informe
y nos confunde y ciega: su fiebre nos prohíbe
nombrar sin nombrar nada.

Nosotros veneramos una música
que en arbitrarias notas codifica
una parte del fuego, deja fuera
el prístino caudal que lo es sin cauce;
y ese desesperado intento es el lenguaje:
nacimiento de fe, esperanza asida
a una mentira en busca de verdad.

Es verdadero el río que inspira a trovadores;
la calidez de un rayo de sol a media tarde;
los ramajes del árbol que proyecta
su sombra en la ensenada.
No necesitan voz para decir,
ni tan siquiera un gesto:
discurren, iluminan, son
y siguen siendo sin nosotros.

La maravilla a solas que no exige un testigo
para satisfacer humanas ansias.
Así el amor de dios proclama en los no hablantes
sus consignas y así solo se aman
aquellos que no esperan del amor
y son la vida.


LA EXTRAÑA PAREJA

Walter Matthau discute con Jack Lemmon
por alguna manía de sacudir alfombras,
recoger la vajilla, limpiar todo
a alguna hora bastante intempestiva.
Por alguna razón, todo lo limpio
parece contagiarnos su optimismo;
lo sucio, el abandono.
Los seres maniqueos, como yo,
no conseguimos nunca tener todo ordenado,
vivimos en anillos de penumbra,
en la elipsis de un guion ya muy reescrito
que resulta más cómico que trágico:
somos entes sensibles, conductores
de la energía ajena del entorno.

Walter Matthau, Jack Lemmon,
no son más diferentes que un poeta
que aspira a la belleza en un cubil
destartalado, cómico,
como el apartamento en que conviven
Óscar y Félix, solos, en New York.

Así de tragicómico resulta
buscar lo que no existe, construirlo
con piezas de un lenguaje que es mecano
de niños tan ingenuos que todavía sueñan
con una luz perfecta, mientras
duelen su propia ingenuidad, su infancia
enarbolada en la mentira.

¿Qué pensarían Óscar, Félix,
si supiesen que Neil Simon ha muerto?
Gene Saks sigue rodando
la vida de estos hombres divorciados;
comparten piso, gastos, pero ignoran
que su sumo hacedor ha fallecido.

Así nos levantamos cada día,
orgullosos de nuestra mezquindad,
felices de ignorancia, improvisando
la caída, el tropiezo, el desencuentro
que provoque la risa.
Lo imperfecto en busca de lo perfecto:
esa extraña pareja en la conciencia
que nos desequilibra y nos divide;
esa mediocridad que contradice
la altura de sus sueños;
esa contradicción maldita que
nos grita y nos define, nos condena y retrata,
como al pobre Óscar Madison,
desnivelando cuadros,
hollando circulitos en la mesa
con el culo del vaso,
lanzando pepinillos a la alfombra,
creyendo que es feliz entre el desorden.


EL ENCUENTRO

Hay un rastro de amor original
en la lengua del ídolo caído,
su transcripción no es crátera
ni aceite de su néctar,
pero el lingüista encuentra
en su forma y la ley de su gramática
la fidedigna prueba que señala su origen.

Hay un destello antiguo, primitivo,
en el germen sonoro, acto de habla,
en el grito que el hambre ha cincelado:
el modo de nombrar de cualquier lengua.
En su necesidad, en la dación de un yo
que vive agazapado entre las sombras
palpita una igual ansia, un ávido querer
que impele a desnudarse.

Solo en la desnudez
la comunicación es plena.
Solo de la arbitrariedad,
la convención, del símbolo
liberados, podemos comprender
más allá de la voz y la escritura.

Recobrar ese don, volver en sí
a través del sendero marcado por palabras
inventadas, ensaya la apatía,
fortalece el ingenio, nos dice y nos predice.
En la divinidad perdida
del primate arrogante, del ídolo caído
de las bestias, se encuentra su olvidada belleza,
pureza corrompida en el empeño
por querer conquistar cuanto no es suyo.

Es el verbo el abismo, que insondable,
salvaguarda esa gracia, ya perdida:
verdad que a la palabra se anticipa.
Es el verbo —ahora— la casa del orgullo
de quien busca quién es y no recuerda
que el orgullo es ajeno a quien es y se dice
en los demás, y lo hace sin reservas.

Recordar lo que fuimos antes de la soberbia;
presentir que la cosa
no era diferente de su nombre;
sentir en el lenguaje
la fuerza creadora que nos une
aun deformada: eso deseo.

Adánico, babélico, estoy seguro:
el lenguaje de Dios sigue en nosotros.

 


JOSÉ ANTONIO OLMEDO LÓPEZ-AMOR. Su seudónimo literario es Heberto de Sysmo. Escritor, crítico literario, poeta y editor valenciano (Crátera Editores, España). Estudia Filología Hispánica en la Universidad de Valencia. Codirector de la revista literaria Crátera. Miembro de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional. Publica los libros de poesía: Luces de antimonio (2011), El testamento de la rosa (2014), La soledad encendida (2015), La flor de la vida (2016), Maldito y bienamado bibelot (2017), Nubes rojizas (2019) y Actos sucesivos (2020). Publica en 2017 su libro de ensayo y crítica Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017). En breve, publicará El monstruo en el camerino, su primer libro de aforismos, en Ediciones Trea.

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