HUESITOS | CLAUDIA SCHVARTZ


HUESITOS

Como aire sobre la hornalla
Este trueno interminable
Ronco soplido
 el calor
Sobre mi espíritu en congoja
 
Luchaba por encontrar una palabra
que abriera en la dolida expresión
cargada de voluntarioso esfuerzo 
un rostro que pensara con bondad
el incontenible curso de la vida
 
Sí, muy parecidas
Pero esencialmente opuestas
Huir de mí?
Huir las dos
Acaso es este peso mi existencia?
 
Confabulaba
gestos contra palabras
Pero no se trataba de hipocresía
Un punto ciego, tal vez
Toda nitidez pasa en el cuerpo
Y requiere estricta línea de tiempo
Poder pensar
 
Esa tristeza no es fácil de mitigar
Al menos si se abriera una nueva perspectiva
Eso desea quien se duele
Y no tolera la obscena invasión de los sentidos
Ni regresa a los lugares
Donde -un cordial saludo, quizá-
La sorprendiera
 
Aquella antigua voz
Un peldaño o la rama florida
Que idéntica
Sobre el muro          
Extiende su insistencia estremecida

EL EGOÍSMO DE LOS SANOS
 
                                                a la memoria de Cacho Rascovsky
 
-Nada de música. Ni televisión. Ni radio. No quiero nada. Sólo silencio.
-Pero yo podría leerte lo que quieras. El Cantar, si querés. O …
Los grandes ojos se abrieron inmensos. Y sus labios. Los dientes pequeños.
-La boca rara, tengo. Seca y áspera. No sé por qué. Sed no tengo. Viste la sonda. Pero tengo que comer. Muchas veces al día. Me paso el día comiendo. Qué cansancio. Otra vez comer…
Había abierto los ojos, tal vez sintiendo la presencia de alguien otro en la habitación. En la cama de al lado, la presencia de un enfermo silenciaba las voces, acercaba los gestos.
-Yo dije que no quería ver a nadie.
-Pero yo no podía dejar de venir. Qué vas a hacer. No podía.
-Viene mi hermana y se sienta ahí con todas las cosas que sé que tiene que hacer. Una pérdida de tiempo. Y me dice que no tiene nada que hacer. Pero hace. Me cambia todo de lugar. Arregla. Pero a su manera. Cuando se va, así sin lentes, no encuentro nada.
El egoísmo de los sanos- pero no lo dijo, ella. Todo lo que no fuera silencio o escucharlo, a él, era ruido.
-¿Y ahora qué hora es? ¿Las siete?
-No, todavía falta… recién son las cuatro.
-¡Las cuatro!

 
 NERVADURAS
 El país sin mi padre
Todos sus ecos en el comentario
Hay quién
y quien no
  
La voz sonríe … a veces
Otras, trae una indecible tristeza
o vibra en violencia insolente
La misma voz, moviendo sus sonidos
 
Sintió pudor
al hablarme del nene
pudor, tal vez
o temió que envidiara
su inmensa felicidad de ancestro
 
 Ah, Vida, apasionante vida!

Como tantos libros que demoro en leer
Al fin he dado con éste
Y aunque tanto tardé en llegarle
Era libro para mí.
Tal vez su autor tuviera mi edad actual
Y entonces sí los espejos funcionan como puertas
Y quiebran el tiempo lineal en un solo verso
Chispa que acalla todo el resto
 
Discurrir. Y de pronto
La defendida pena
Es transparente
Y se repliega si la quiero consentir
 
Ya no sé qué es lo que me enciende
Más bien siento el peso de las cosas
reúno amistades siempre esquivas
soy una lejana amiga de la infancia
…¡ah otra vez sin terminar el verso!

 



Claudia Schvartz nació en Buenos Aires (1952). Escritora, traductora y editora, publicó Xímbala (1984), La Vida Misma (1987), Pampa Argentino (1989), Nimia (nouvelle 1993-2018), Tránsito es nombre (2005), Miyó Vestrini o el encierro del espejo (2002 Ed. Blanca Elena Pantin. Venezuela), ávido don (1999 y 2008)que mereció Mención del Premio Nacional 2001-, Eólicas (2011). En 2015 publica El papel y su futuro, reunión de prosas. En 2018 presenta alcanfor, Poemas impugnados en 2019. 
Participó en lecturas en diversas jornadas poéticas  Compiló, en los años 90, las Antología Erótica y Nueva antología del amor (Leviatán). Su poesía aparece también en www.cuartaprosa.ar, Octavo Boulevard y Analectaliteraria, sitios virtuales. Editora responsable de Leviatán de Buenos Aires, desde 2002.

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