Y EL CORAZÓN UN CUENCO DE ARCILLA | IVÁN CARVAJAL


PEQUEÑA COREA, NY

Empieza a oscurecer cuando el enjambre
todavía espiral entrando saliendo de los almacenes
baratijas no-te-olvides el sacacorchos
empire state en el reverso el humo el cacareo

al voltear la esquina rancias bocanadas
grasa cebolla ajo por diez dólares
le otorga ese sombrero cierto aire
de explorador aunque no sea lo suyo

ostentar la cornamenta del ciervo sobre
una chimenea que ciertamente no posee
solo espera en la esquina por aquel autobús
que ha de rodar toda la noche al occidente

esparciendo sobre el asfalto la silenciosa familia
paquistaní la mujer que llega con su almohada
la joven que parece ir en búsqueda y el oscuro
gris al fondo pero aún apoyado al capó

el muchacho enrolla el porro somnoliento
el andino recuerda la cafetería junto
a la gasolinera un asco todo se nubla
y cae un hombre abatido por el nunchaku.

Inédito


DISCURSO DEL MÉTODO

Y si todo fuera ilusión
sería inútil correr de lado a lado
por la casa en desorden
y buscarte en cada rincón
de este laberinto de vasos
de libros y frazadas

que si fuera engaño
tu cuerpo denudándose
y desviviéndote de amor tú
deseo mío
ardientes besos y quejidos
no fueran más que el sueño de un infierno

pero más que la furia de la tempestad
o la herida en la guerra
o un pensamiento mío
tu cuerpo de mar extendido
al que repliegan muerte y vida
es certidumbre plena.

De Poemas de un mal tiempo para la lírica


MEMORIAL

Camino desde el lecho a la butaca,
vengo a la cocina, enciendo la luz,
hiervo agua en una olla
y vuelvo tras mis pasos
a la butaca y después al lecho.

Son malos tiempos.
Llueve y a causa de la artritis
sufren mis huesos.
Hay mucho polvo en casa.
Barbado y en pantuflas la recorro
de un extremo al otro.

No soy un héroe,
no nací para serlo.
Persigo por la casa una mosca
con una mueca y tal vez con miedo.
Miro al jardín y luego hacia las nubes.

Más tarde empiezo a destapar conservas,
despilfarro mi acre sarcasmo abriendo latas
y aunque afuera maduran los higos
comeré salchicha y fruta seca.

Miro la taza única,
el único pan sobre la mesa,
el café muy negro.
Mordisqueo un trozo,
la silla cruje
y no hay más movimiento
que mi balanceo,
ni otro ruido.
¿Y qué diré?
¿Con quién conversaré?

Óyeme gato ― ¿pero qué gato? ―.
Era tu risa la que llamé un día
«felina insensatez».

Están aquí el pan, la taza, el café,
una ventana abierta que da al jardín
y en él la higuera y allá las nubes.
Adentro está mi cuerpo en bata y en pantuflas,
dentro del cuerpo el hígado maltrecho,
unos huesos crujientes,
los pulmones en duelo
y tanto humo tragado
y mucho más sin duda.

Pero si bambolea la puerta
es que la empuja el viento.
Aquí no hay gato encerrado,
es el aire es el aire es el aire.

De En los labios / la celada


LA MADRE

Trepábamos saltando la escalera en la casa de inquilinato.
Mi madre fregaba con la estopa el suelo sucio.
La vi encogida, con sus trapos, lustrando
la Puerta del Juicio Final en Santa María de las Flores.
La vi de hinojos, puliendo el piso del Escorial.
Su sombra, con una contorsión churrigueresca, era columna.
Muy rápida cruzaba con su trasto hacia la fuente.
La madre con el agua y el regazo.
Y en una exhibición de sus destrezas,
también la vi encaramada brillando en altos ventanales modernistas.
La sorprendí, luego, de monja genuflexa
en la capilla de Tlalpan, bajo el rayo de luz
que corta las aristas.
Para sus manos, la escalera vibrante,
un piano, y allí, ella y yo, a nuestro paso,
canturreábamos. Antes y después de los incendios.

De Inventando a Lennon


ANUNCIACIÓN

Quizá un día, entre esa música, el follaje, el piar, y en un murmullo, sabría el hombre por labios de tímida mujer que llegaría el hijo. Cuando sería un punto, mórula incierta, mínima moral, tenaz crecimiento de un canto bajo su propio impulso. El minúsculo ruido, inaudito, inaudible, un ligero tamborileo apenas pegado a la pared de la arteria.

¿Tuvo entonces el padre tiempo para poner la mano sobre el vientre de la madre, tembloroso, o ya corrió ebrio a hundirse en pestes de taberna, perros sarnosos a sus pies, escupitajos en el aserrín, cerveza amarga?

Quizá un susurro los haya juntado nuevamente. Un sollozo. O cayó entre ambos un tajo de silencio absoluto, abierto por el hierro.

¡Cuánto pudo cambiar el mundo en ese instante! La verdad, en error. En rencor frenético, la voz del amante. Pudo quebrarse el tiempo. Pudieron cerrarse las aguas sobre los cuerpos, hendirse los techos.

¡No sobrevivirá la casa en ruinas! ¡En la ceniza del altar doméstico! Consumidos los manes, arrasadas las alacenas, abandonados el horno y dos platos.

Quizá suceda que el amante recoja suavemente el rostro de la hembra entre sus dedos, coloque los labios en sus ojos, selle el pacto.

De Inventando a Lennon


NOCTURNO CON GATO

Para Lucía Arízaga, Javier Vásconez y Elmer

I

Pasada la medianoche
el gato empuja la puerta,
calcula el salto.

De un zarpazo
quiere acercar la luz
hasta el bigote.

Miro su gesto,
complacido.

¡Pero qué calma
y lejana
permanece la luna!

II

Deambula el gato
entre los libros
dispersos sobre la mesa.

Pese al sigilo
chocan sus patas contra las cucharas.

En la noche profunda y sosegada
el tintineo del metal parece
una pregunta pertinaz sobre los usos,
el ánima animal, la humana
soledad y el vínculo.

III

Todavía pasea el gato por la casa.
Golpea con la cola ese jarrón,

No sé por qué no duermo
si el gato hace la guardia,
si sobre la mesa
ya no está la copa.
No sé qué espero del paso sigiloso,
o del error de cálculo que acabe
con el jarrón, o del zarpazo inútil
contra la luna en la penumbra.

De La ofrenda del cerezo


ESCARCHA

Estos copos de nieve
¿de qué lágrima?
¿de qué olvido?

caminamos
unos hacia la aurora
otros hacia el osario

frías enanas blancas
que la ventisca barre
sobre las frentes

y el corazón
un cuenco de arcilla
que recoge la escarcha.

De La casa del furor


LA CABEZA DE LA SIERPE

Para Jorge Aguilar Mora

La cabeza de la sierpe sostiene
desde la esquina inferior
al suroeste
                              el palacio entero

¿meditará la sierpe
la sucesión de muros
que sostiene el cuerpo?

ahí permanece
colgante de algún estambre
en la tela de araña

                              Eternidad

De Jacarandas


IVÁN CARVAJAL (San Gabriel, Ecuador, 1948). Ha publicado los poemarios Del avatar, Poemas de un mal tiempo para la lírica, Los amantes de Sumpa, Parajes, En los labios / la celada, Inventando a Lennon, Ópera, La ofrenda del cerezo y La casa del furor, recogidos en Poesía reunida 1970-2004 (2015). Luego apareció la plaqueta Jacarandas con ilustraciones de Alejandra Freimann (Madrid, 2018). Es autor de varios libros de ensayo, entre ellos, A la zaga del animal imposible. Lecturas de la poesía ecuatoriana del siglo XX y Trasiegos.  


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