BUITRE DE LUNA | JAVIER ROJAS


NO VENGAS…
No vengas,
que soy una botella rota,
una mentira
que te apuñala si te acercas,
soy una trampa de lo cotidiano
donde mi fracaso come de tu carne.

No te acerques,
no te aferres a mi espalda,
me soltaré para verte caer,
y sí,
sé que al final
estaré tan viejo como solo,
contando mis dientes negros
mientras lo recuerdo todo.

No vuelvas,
no me tiendas la mano,
soy una granada,
lánzame
o tus dedos volaré.


INUNDADO

El hombre,
ese río furioso sin cara,
como un animal grande
termina en el mar,
que es otra muerte.

La ciudad estrangula sus ríos,
los ahoga con perros
y niños ciegos,
aunque la dicha del peso muerto,
como la de una piedra de río,
es una dicha sin fondo.

Soy lo que se olvidó de mí,
es decir,
soy lo que refleja en el río seco,
lo que se pudre y se lleva
en esa negrura alcahueta
que se disfraza de tiempo.

Pero siendo río,
también me pongo brabucón
con las piernas de esas casas por donde paso
pues ahí me llevo al hombre.

Soy el río mierda
soy la diarrea de dios,
por mi bajan los muertos sin cabeza
que cabalgan los señores buitres.


CRUZ DE MAYO

Nos juzgará esta quimera de clavos,
espinas,
maderos,
y demás porquerías,
pues es el cordero que engulle al cordero
en nombre de todos los yesos que rellenan las iglesias.

Pero vengan,
vengan y miren las curiosidades
que esconden estos gansos tiesos bajo las naguas,
es el milagrito colombiano
que en bolsas de nieve ruda se huelen los curas
con las llaves del cielo,
sin compartirlo con el prójimo.

Pero arriba,
engrapado de envidia
por una borrachera eterna de la que nos culpa,
nos manda los gorgojos de su soledad
para que se nos coman la cara,
porque me dijo
con su voz de piojo,
que el rostro humano le recuerda
la imagen y semejanza
de su incesto perpetuo cuando le rezan.

Pero este dios monótono,
de aliento a incienso
y que suda diezmos,
no pudo ser poeta,
pero al mundo y sus formas
infestó de belleza
o de horror,
―no sé, por acá las usaron tanto que ya son lo mismo―
para que el hombre,
con ese invento tan maravilloso que es el pecado,
les diera nombre y sentido.

―Eso le reconozco―

Y mi abuelita, que es tan dulce,
al verme tan aburrido
armó una cruz de mayo
con los cueros que me saco de las uñas,
con lo que me encuentro entre las muelas,
con las pestañas que le quemé a la virgen de niño,
y con las ramas de hierba que fumo
― de esa que enrollo en hojitas de biblia para que el verbo se haga humo y traba―
para que este carpintero se descuelgue,
baje, y se despabile ese guayabo eterno,
él y sus clavos,
a puñetazos limpios conmigo
o con otro,
o con usted, que me escucha
y que ya se fue.

Descuide,
que al final, como todo, le alcanzaremos.


DEJA A LA GORDA TRANQUILA…

“Gimo bajo ella
que me deja más liso que una tabla.”
François Villon

Deja a la gorda tranquila
deja de sobarle su tierna panza,
¡déjala!
lengua de trapo,
que la hinchas con tanto verso
que por las noches
le truenan en su tripa diabética.

Colgada,
el cadáver de las mugres
brilla para ti
lela y amarilla,
y trepando sus patas
clavas en su punto rancio,
las banderas del amor lechoso
que los poetas se meten en el bolsillo
para aullarle a sus lobas rosadas.

Cuando la veo
y está llena,
me rasco con las uñas crecidas
para dárselas de comer al día.

Buitre de luna,
carroñero selenita
que vomita bajo sus tetas de plata,
mira el claro de luna,
de luna colorada
que brilla entre las nalgas.


UN CARNICERO

“Hacer un pan no es menos misterioso que hacer un poema”
Fernando Linero

El oficio del poeta
es como el del carnicero,
un poema, como la carne
está vivo,
un poema respira,
sangra, hiede,
y palpita.

El poeta
con su voz,
que es un cuchillo,
taja la carne
y rompe los huesos
para entender
la orgía de sus nervios y tendones,
que entre sus cortes
le dice uno que otro secreto.

Un poema fresco
mancha,
salpica,
se escurre,
y grita con su olor
rojo y violento,
para ser escuchado en el mostrador,
y también,
como la carne,
cuando un poema aburre
se pudre.

¡No!
mejor olviden esa carreta
y más bien recuerden esto:

La lengua es la carne
y la poesía es el cuchillo que le da forma.


JAVIER ROJAS Bogotá-Colombia,1986. Poeta y cuentista. Ha publicado cuentos y poemas de su autoría en varias antologías. Ganador de la beca para edición de talleres literarios del Ministerio de Cultura de Colombia del 2015, con la que se publicó en “Ríos paralelos II” (2015) algunos poemas suyos. Es licenciado en Español y Filología clásica de la Universidad Nacional de Colombia.


 

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