LA INSACIABLE FANTASIA | JESÚS ENRIQUE BARRIOS


DISPERSIONES AFECTIVAS

.1.
Puedo destruir mi poesía y sacrificar todo mi tiempo, por una endiablada pasantía de tu cuerpo, en lo que queda de la vida mía.

.2.
¡Anda!.. Súbete a la piedra, a la hoja y a la flor. Aduéñate del viento. Sobrepasa las alturas. Desborda el infinito. Agota lo imposible, pero quédate en mis versos, que aguardan los rituales de tu amor.

.3.
Exprimíamos estrellas en busca de aventuras. Tus ojos segregaban el color de la medianoche y el frenesí que corría por tu sangre embriagaba mis deseos, a medida que me disolvía en las alquimias de tus ganas.

.4.
Quiero un puerto errante con una ola sin orillas. Quiero el dátil del encuentro. Quiero el regocijo de tu boca. Quiero tu morada de asombros, donde pastoreas a mis recuerdos. Quiero voltear el viento para cosechar tu voz en mis ancestrales emociones. Quiero que me guíes en este laberinto. Quiero una larga despedida de tu juventud en mi vejez y la maravilla de no saber mi muerte ahora y tu vida siempre.

.5.
Abrevo en tus dispersiones afectivas. Enciendo el fuego y juego contigo. Resuelvo la acumulación de mis ganas: la pelea es dura y Eros y Psiquis revuelven los afectos. La leyenda se convierte en manantial. La creación acelera su explosión y el amor nos quema.

.6.
Agua de tus cumbres para mi sed: crisantemo de luz en tus ojos para ahogarme en tu camino.

.7.
Rompo la noche y miles de astros diseñan el escenario: silencio preñado de claridad. En tu navegación nocturna el pulso del océano permite que vivamos la armonía y el desorden que el azul nos brinda.

.8.
La luna nos sorprendió jugando con palabras afrodisíacas. Cuajó su llamado el magma de las manos. Lo demás ocurrió con la aleación de muestras ganas: corrió la candela laderas abajo… Y tus movimientos con los míos hicieron el recorrido libremente, para escapar de las leyes y condensarse para siempre en el titilar de las estrellas.

.9.
Necesito crear rosas en mi alma para dártelas. Sin saber que te doy, necesito más rosa y más alma y volver a dártelas, hasta que no me queden ni alma ni rosa, y te siga dando rosa y alma para quererte.

.10.
El crepúsculo hace del horizonte la morada de mis expectativas… Me cuelo entre sus rayos y me pierdo en las coordenadas ideales, donde encuentro mi destino. Entonces la noche desparrama sus efugios en el resto de mi viaje.

.11.
La pasión inicial sirvió de fundamento y tu disposición carnal fue danza enloquecida, que llegó a ensimismarse en los apremios de mi cuerpo, y convino en completarse cuando hicimos el periplo por la vida y descosimos el resto de nosotros mismos.

.12.
Prendemos el fogón y cocinamos los recuerdos. Cuántas ilusiones tapizan el encuentro!
La manzana azuza el deleite y se precipita entre las brasas del encuentro. En una sola palpitación se burla de las normas y se adueña de la gravedad. El fulgor de la plenitud desabrocha tus senos y la pasión nos invita al prohibido gusto de agotar el paraíso.

.13.
Después del choque de los deseos, pusiste de moda tu silencio en mi palabra y tu palabra en mi silencio. Esa moda vistió de ola nuestros cuerpos, para emprender aquel itinerario, donde logramos convertir cielo, mar y tierra en deliciosas tentaciones que nos compaginaron para siempre.

.14.
No fue cierta la llamarada de tus ojos. No fue cierto el ímpetu ni la zozobra de tu pulso. ¡No fue cierto! ¡Está bien! Pero quiero esas afirmaciones, aunque no sean ciertas.
Ahora dime: ¿dónde estaban nuestros ojos cuando tomábamos el vino?, ¿qué se hicieron los sabores de la lengua cuando puntualizábamos el beso?, ¿qué hacían tus manos y las mías mientras guiaban el anhelo? ¿Acaso nos dimos cuenta si era amanecer o anochecer? Ahora, ¿cómo me deshago de todo eso? Nada puedo hacer para que sea verdad o mentira lo sucedido, pero el tictac de mi sangre me anuncia lo interminable de este asunto.

.15.
Quiero un punto de tu carne en el instante de mis gustos. Quiero la invasión de tus dones en mi sueño. Quiero tu magia en el flujo del deseo. Quiero tus sobresaltos que descarrilan a mi imaginación… Quiero hundirme en tu piel y sentir que no puedo dejar de alimentar esta locura.

.16.
Sé de tus alquimias: haces oro del agua y de mi vida haces el oro de tus alquimias. En tu cuerpo cocinas certeras brujerías y con erótica armonía sometes mi libertad al juego permanente de nombrarte reina, dueña mía, y al acierto de ocupar un sitio en tu mesa de ambrosías. No me queda nada de carne que no sea alma tuya. A fuego lento enfureces mi locura. Y por si fuera poco, un mosto proverbial derrama sus jugos en tus dulces movimientos, y el amor que necesito, de un solo mordisco lo arranco de tu cuerpo enamorado.

.17.
Quiero construir una catedral y casarnos; transformarla en burdel y desquitarnos. El poema quiere ser mi agua y tu sed en conjugación y enfiebrarse en tus miradas y completarse. Mi poematú es un derroche de presagios que se desliza al compás de los conjuros y siente ganas de adentrarse en tus pasiones. Mi poematú ancla en las mieles donde tus besos se parecen a los argumentos agitados de un mar enfurecido de amor hasta mi muerteyo.

.18.
La luna mina los caminos. La travesía de una ola celebra tus años venideros y devuelve mi ancianidad al límite de tu juventud, que alarga lo que separa a mi vida de su muerte. Tus andanzas abandonan la tierra y se riegan en el cielo, mientras mi prisma vital penetra el óvulo germinado en el concierto existencial. La insinuación de bailar altera los hechos y el horizonte se multiplica cada vez que tu pie acorta mis linderos. Tus travesuras hilvanan la fiesta de las estrellas, que con sus destellos alumbran el convite.

.19.
¿El olor que me gusta? No sé donde escondes el aliento de tu sonrisa, que enloquece al ángel de mi guarda. ¿Ser contigo? No importa que el oráculo diga verdades o mentiras, porque ya no cabe ni una partícula en esta contienda. ¿La noche entre tus piernas? ¡Ah!, me atraganto de celos, cada vez que tu hirviente hendidura de flores y explosivos, escribe sus poemas sin dedicárselos a mis ganas. ¿Buscar más allá? No sé…, porque mis quejidos van a morir en las danzas de tu cuerpo.

.20.
Esta lágrima, orgullo del misterio que soy, te pide audiencia. En su petición multiplica los alegatos con acordes musicales y exige la compaginación de nuestros arrebatos.

.21.
Decirlo de mil modos o no decirlo. Que sea como ha sido: uno más otro hasta que tú y yo seamos uno solo.

.22.
El delirio asume el poder cuando tu sigilosa madreselva expulsa sus tornados y a campo abierto me llama a la contienda. No hay resumen porque la tormenta pasa de largo sin rozar lo sucedido. ¡Retoñan las tentaciones!, y esclavizan a mis deseos. Tus pasos penetran mis huellas y no queda un solo momento donde tu piel no satisfaga el apetito de la mía. Sin hora y sin lugar, tus labios dejan caer un beso sobre mí, que me pone a orbitar en tus oficios de mujer.

.23.
Fue de clavel aquel beso que nació en tu boca. Y fue más cuando se abrió la herida. Ha podido ser el balance de la nieve y el alud, pero la manada de lobos hirió la luna y tus miradas se escaparon por una de sus hendijas. Además la magia de aquella discusión enredó las sendas de las reflexiones. ¿Llegaremos a degustar el contenido de aquella metáfora inmortal? ¿Habrá algún límite para la armonía? Es difícil predecir algún acierto, sobre todo si recordamos los gustos que escanciamos al inicio de este enredo… Por eso, mejor es abrir más la herida y favorecer lo que nos queda.

.24.
Con el viento en los confines imagino cada uno de tus dones. Mi oración enamorada vibra al compás de tus impulsos: un rayo de tu vida y nada más.

.25.
Te invito a descubrir lo que hay y después de convencernos, vamos a inventar la belleza que no hay, con sus irresistibles adicciones.
Te invito a remontar la nieve en la cumbre solitaria y cultivar los ritmos para vivir en las alturas que hemos escalado.

.26.
Quémate en la llama y dispérsate en el aire, alma mía. No abandones tus asombros y cuando no des más, cuaja lo que eres en el punto y el instante donde el amor nunca deja de manar.

.27.
No habrá lumbre para seguir el rumbo y ahí mismo agotaremos el milagro. Diremos las palabras de otro modo, y a medida que nuestros ojos caigan hacia adentro, esperaremos que el silencio sepulte nuestros nombres en los milenios que faltan para que el amor se acabe.

.28.
Seguro estoy que ni en la eternidad me podré recuperar de haber existido y haberte amado.

.29.
Caigo en delirante noche y persigo la incógnita que empolla, a cada instante, el amor que tú me escondes.

.30.
Con la lentitud de lo que no ocurre, apareció en mi horizonte y se hizo fuego, viento y destrucción para el olvido.

.31.
Sin ti no sé lo que es y contigo sé hasta lo que no es.

.32.
Tanta belleza desligada de mí y el dolor en mis entrañas, configuran mis visiones. Esa belleza es fuente de mis nostalgias. Sin embargo, no sé en qué metafísico momento de mí mismo, se agita un altar que constituye un para siempre y un más nunca, que hace sonreír hasta a mi muerte.

.33.
Acumulo mi amor para que en tu boca sus besos se suiciden.

.34.
Me visito a mí mismo: soy más tuyo que mío. Montones de aleteos, vestigios de alma en pena, naufragios de deseos, caricias perdidas y otras calamidades conforman el resultado de estas ruinas… Y por si fuera poco, mucha ternura imantada de lujuria, me sirve de acicate para soportar tus recuerdos, que aún arden en espera de alguna magia redentora.

.35.
Anduve por el mundo. Agoté las fronteras y no pude borrarla. Opté por la embriaguez y a veces se disipaba. Pero pronto volvía con inusitadas promesas. Demás está decir que la desesperación se había adueñado de mí. Ya sin capacidad de razonar y sentir, se apareció como resplandor final… Y aún acaricio sus avasallantes maldiciones…

.36.
El niño recoge las hojas. Enloquece la aurora. El silencio se bebe mi tristeza. Vanas ideas fatigan el pensamiento. Me deshago de los sentidos. En pleno mediodía y entre cósmicas señales, entro al paraíso donde primarios arquetipos, se atropellan unos contra otros, para resolver el final, donde extrañas proporciones revelan el sin sentido de nunca haber sido y haberme erigido en piedra en la soledad del camino, donde sucumbe mi destino y el niño recoge las hojas de la aurora.

.37.
Las palabras se multiplicaron y germinaron en los apuros del amor. El aire se engrandeció con los jazmines. Y el pujido de la madre construyó esa flor viviente que jamás enmudeció.

.38.
El amor de sus manos diseña el arcoiris y eleva el papagayo. La alegría del pulso que vuela discurre libremente. A pocos les importan esas circunstancias. La brisa baila en las alturas y todos piensan en la necesidad del alimento. Al niño se le acaba el hilo y se entrega a la dignidad de su llanto, en busca de algún recurso y pidiendo más cabuya para irse por el mundo, en el viento, que le regala la dicha de volar su papagayo.

.39.
Mientras Osiris alborotaba mis sueños, tropecé con legiones de poesía: un estornudo de Poseidón atormentó el mar; orlas de champán azuzaron las miradas; nuevas verdades permitieron la llegada de otros seres, que acabaron con la leyenda del otro mundo o el más allá; los deseos ejecutaron sus mandamientos; concienzudos utopistas esbozaron nuevas realidades; la risa alumbró al pensamiento y cada uno se sumó a la convivencia. En mí, la poesía elaboró el milagro de contarlo… Y seguir buscando amor para nosotros.

.40.
Tu voz dirige el vaivén de los cipreses. Hay saudades entre tú y yo. Agoniza el contenido de mi pregunta frente a la negación de tu respuesta, que también acaba con las intenciones de levantar el vuelo hacia tus sueños.

.41.
Cuando sobrepasas los confines, me arrimo a tus orillas y asalto la desnudez con que te bañas.

.42.
Anclo en los vivos reflejos de tu cuerpo que alborotan mis inacabables adicciones.

.43.
Más nada: el recuerdo muerto, la risa consumada y el silencio yerto.

.44.
Soy reflexión que lame tu semilla en espera de su flor.

.45.
El lirio derrama sus delirios y desabrocha las pasiones. Levitan los embrujos. Su magia nos catequiza. La noche usa sus imanes y acentúa los llamados de la carne. Los antojos, al rojo vivo, cumplen su cometido: ceguera de todos los sentidos y una desbocada libertad hacia todas las locuras.

.46.
¿Qué hace mi vida desnivelada para recuperar la armonía de estar contigo? Estos versos míos, sólo admiten la conjugación de tu cuerpo con el mío y la primordial necesidad de nunca más otra despedida.

.47.
¡Luna!, atiza mis heridas, llora dentro de ellas, incítalas y convierte en venenos sus recuerdos.

.48.
Cuando probé un trozo de mí, no creí que supiera tanto a esa mujer, que había minado mis asombros. Con ese sabor apenas sé lo que hago, porque mi vocación sensible echó anclas en todas sus sonrisas.

.49.
El canto del gallo amaneció en tus senos y cocinamos el encuentro con las desorbitadas ganas de anudar nuestros cuerpos.

.50.
Me deslicé en tus deseos. En tu piel hervía el anochecer. El ideal del rocío calmó mi sed. Derrumbaron los muros y el sol amarró nuestras sombras para siempre.

.51.
Viajamos en el zumbido del caracol y ahí mismo desovamos nuestras vidas para conquistar la inmensidad de los océanos.

.52.
El deseo esparce tus emanaciones gustativas, que multiplican mis premuras. El amor elige el vuelo y en un instante pone a chocar las estaciones para darle gusto a la certeza de transgredir lo prohibido.

.53.
Esta lluvia, este ritmo, el alveolo de una caricia, el deseo encumbrado, las increíbles variaciones de tu cuerpo en el mío, como si jamás el ocaso ni la arruga pudieran rebajar este sol que dirime el error y la satisfacción de la juventud en los alrededores del manantial, que no cesa de conjugar la palabra siempre entre los dos. Esto eres, no lo olvides…

.54.
Las flores minaron su boca y su risa se hizo torrencial caricia para alimentar mis ganas.

.55.
Tu aliento se expande y explotan los deseos. La sensualidad prepara el desafío. Se apresuran las miradas. Una onda caliente califica la revuelta. La lámpara produce un resplandor que culmina en nuestro propio paroxismo.

.56.
Fortalece mis ilusiones. No permitas despedidas. Ordeña en mis oídos la canción de las sirenas. Y con tu vida ocupa la mía hasta que más nunca se separen.

.57.
Tus variaciones despliegan inagotables comienzos y finales. Acabo con la eternidad y en ese mismo lugar, en la propia raíz de la palabra, cultivo mis deseos para vivirlos contigo.

.58.
Espiga del baile, en el aire, dibuja el desgaire de la mujer a quien le pido me deje caer en sus ideales.

.59.
Me asombra que entre mis piedras aún hayan versos, por eso en el mar, entre las olas, busco lo que no me canso de esperar.

.60.
Exprimo mis gustos. Tu piel desequilibra mi razón, que desanda sus errores. Se amotinan los espasmos de tu cuerpo e invitan al mío. Chocan los estruendos y el viento riega complaciente la leyenda de este lío.

.61.
Tus latidos navegan en mi pulso en pos de los anhelos. Tus emociones anidan en la luz, que nos salva del naufragio en la tiniebla. Entonces mi navegante vocación organiza los encuentros.

.62.
Me escurrí dentro de ti. Mi labor fue siembra de magias. El tiempo se detuvo en la cosecha. Tus maravillas me envolvieron. Cuando el amanecer despuntó en tus ojos, decidí que nunca más sin ti y siempre contigo, sería el resto de mi vida. Desde entonces no he sabido más de mí…

.63.
Tú eres gota de agua y yo grano de arena. El grano cae en la gota y en el mar desaparecen

.64.
Las ansias de encontrarte regeneran las luces que alumbran tus caminos.

.65.
Ocurrió el resplandor. El enredo fue acuerdo entre tú y yo: llama en el cielo, y aunque la muerte amoló sus filos, no pudo con el nudo que nos ató.

.66.
Cuando oficia el amanecer, somos tú y yo conjugándonos para evitar cualquier desenlace y creer que escaparemos a los ataques del infortunio. Con el ritual de la ansiedad desciende por tus hombros la esperanza y en la palma de tus manos el horizonte se abre a la inmensidad y nos invita a oír el aquelarre de las estrellas que sitia el olvido y orilla los recuerdos en nuestros ojos, donde se desborda el amor y la claridad del mismo amanecer deposita su alegría en nuestro enredo. Pero se vuelve a reventar la cuerda y con más bríos que los que caben en mi otoñal meditación te dibujo, te pinto y te llamo para que formes parte de mis fiestas y canciones y para que tus labios de mar sazonen mi vida y mi muerte, hasta que tu belleza sea del exclusivo dominio de mis sueños.

.67.
Ella me hace como soy. Sus palabras se revientan en las mías y escriben esta conversación de orilla a orilla, para que el río nos lleve hasta el mar. La ola baila en su boca y es ardiente brujería que ilumina lo que falta.

.68.
No doy un paso sin consultar tus pies, que construyen la música y ejecutan la danza, que segrega amor para el encuentro.

.69.
Cercas mi imaginación y con los versos que me quedan, destruyo las murallas del asedio. Ya sin horizontes que limiten mis sueños elaboro las artimañas para atraparte.

.70.
Nada nuevo. Siempre lo mismo. Menos aquella vez, cuando una flor, el sol y el vino confiscaron nuestra pasión y nos llevaron muy lejos, tan lejos que todavía nada sabemos del regreso.

.71.
En su cabeza tiré un verso y se regó por su imaginación. No hubo donde no germinara. Y en un santiamén, se convirtió en sensualísima gestación, que arrastró para siempre el resto de mi poesía hacia sus formas de mujer.

.72.
En las diferencias de mi familia, mi padre solía colocarse en el amanecer y mi madre lo hacía con sutileza, entre las estrellas, al anochecer. A mí me gustaba quedarme en el mediodía, bendiciendo la mañana que se iba y acariciando a la noche que llegaba con intenciones de prender la fiesta. En la sangre debatíamos los afectos y en la razón amontonábamos las opiniones. Entonces se alborotaban las alegrías, que con magia creadora nos invitaban al derroche del festín.

.73.
Mis ilusiones se convirtieron en alas de la realidad y le declararon la guerra a las circunstancias y al dinero. Agoté deprisa la esperanza. Perseguí antiguos fantasmas de mi difunta vocación artística. Una a una le di muerte a las tentaciones de la fe. Tiré el anzuelo y con mis fracasos filosofales continué la jornada tratando de pescar otras ilusiones.

.74.
Los rumbos perdidos. Algún beso equivocado. Una mirada sin luz. Estos milenios de dudas sin despejar. Y ahora, la suerte de escalar innombrables ideas e inútiles carencias de armonías. ¡Qué sé yo! Me juego el alma más allá de la muerte y ejerzo este amor hasta la eternidad. Lo demás, si puede ser, es esa sonrisa y ese fatal argumento de para siempre entre tus manos.

.75.
Grita ella y grito yo. Se calienta el azar. Sobrepasamos los lindes donde se acaba la realidad y comienza lo imposible. Sentimos a la belleza cuando nos precipita en la inmensidad.
La luz alumbra los misterios que se multiplican inabarcables.
Juntos fabricamos la posibilidad. El árbol de la conciencia da sus frutos. Surgen los que se disipan en el heroísmo. Por ello galopamos los anhelos en nuestras entrañas enamoradas.
Llora ella y lloro yo. Los golpes continúan. Resistimos. Un cardumen de espejismos se expande por el entendimiento. Pero burlamos la ensoñación y nos quedamos colgados de la espiga que tanta alegría segrega en el viento.
Presagiamos la insaciable fantasía y aunque nuestras penas son dolorosas, nos empecinamos en largas caricias que ponen en fuga las amarguras que nos manda la muerte
De esta manera con la brújula señalando los imaginarios del placer, agotamos la espera mientras el arcoíris se surte de nuestros besos.
Ríe ella y río yo. Respiramos y la esperanza, la verdadera, sembrada y abonada por los dos, nos abre el corazón. Flores salvajes y creencias primitivas nos saludan, y a punto de no encontrar más nada, cerramos los ojos, nos tomamos de las manos y nos lanzamos decididamente en este sueño de interminable conjugación.

.76.
Al verla la luna arma la fiesta.

.77.
Estas alturas. Este silencio generativo, este tú y este yo…, ¿dónde están los dioses? ¿Dónde tú y dónde yo? Más arriba duerme o canta el misterio. No sé. Más allá se congelan los sueños y se despiertan la ganas de irse por las corrientes que nos abren la puerta a siempre…


En homenaje por cumplirse un año del viaje eterno del querido poeta Barrios, publicamos una selección de textos compilada por su querida hija Isabel Barrios, que corresponden a la primera parte del libro inédito: La insaciable fantasía (2015)



JESÚS ENRIQUE BARRIOS, (Urica 1937 –Barquisimeto, 2019. Venezuela). Desde 1966 vivió en Barquisimeto. Fue Profesor jubilado de la Universidad Centro Occidental. Entre su vasta obra podemos mencionar: En calidad de humano, Axel y las hormigas, Cartas a naxia, Cualquier itinerario, Del mundo y de la aldea, Usada poesía, Inevitables ejercicio, Mutilaciones, Breves y mínimas, Otras contradicciones, Preparativos para el cansancio, Por rastros y raudales, Aldea natal, Cualquier itinerario, Rigor de ocio, Con mis errores, Momentículas. A decir de Freddy Castillo Castellano: “Las obras del poeta Jesús Enrique Barrios armonizan la reflexión poética filosófica de una vida pensada y sentida a plenitud. El tiempo y el espacio de la palabra adquieren en Momentículas su mejor momento y su mejor partícula”. Esta reseña fue extraída de: facebook.com/viviressuficiente/ (A la Luz de la Sabiduría)

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