PASARÁ EL DESCONCIERTO | JOSÉ FALCONI


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Eso rojo conmigo
sólo sirve para dejar de existir
bajo la música que esparce el viento
como si mi cabeza fuera tu cabeza
y mi boca, desdentada metáfora de la soledad.
Me voy sin irme:
soy el fantasma chorreando escarlatas
con un marino febrero enloquecido
que oye un canto crepuscular
en su cajón de muerto y siempre a las 10.

Cuando regrese de no haberme ido
me amarás en medio de un acto de ilusionismo,
me amarás a escondidas en el sueño
—bajo una lluvia no lluvia—
como tu alimento más necesario,

una melodía que se desangra,

la saliva que moja tu clítoris,

el descanso piadoso después del aullido

subcutáneo.

Te esperaré en la estación Balderas del metro
a las 10, a las 11:
60 minutos jugando a eso rojo conmigo,
a eso rojo que me hace diverso,
húmedo, salino;
un cadáver que se niega a morir
y crece en tu sueño alargándose siempre,
lengua filuda explorando tu vulva
bajo la lluvia de eso rojo,
bajo tu paraguas,
sobre tu bicicleta,
jugando a los fantasmas perdidos en sus quiénes innumerables:
imágenes del mundo con sus árboles hechos pedazos.

¡Oh esto rojo que nunca se termina,
que se prolonga en gestos intercambiados en secreto,
mano en mano por los cuartos que crecen con nuestra desesperación!

Tú y yo, Al-baida, estaremos siempre
comiendo de eso rojo,
empapados de eso rojo…

¡Oh eso rojo conmigo
fundando jardines clandestinos
en el tiempo de harturas y gemidos!

¡Oh eso rojo conmigo
fulminado en sombras furiosas,
enrabiado como un río que inunda las casas más apartadas y pobres!

Pasará el desconcierto:
el sol alumbrará las desfiguraciones
y sólo quedarán las mantas empapadas de eso rojo…

Sin embargo, Al-baida,
los ídolos se reunirán en la calle
a contemplar la semilla del día.

(La semilla germina
en formas definidas geométricamente).

Sin embargo, Al-baida,
con alacranes en los oídos
—así suena el mundo en las orejas de los adictos—
despertaré de mi siesta de lobos
—como aquel que se fuga de un espejo de cobre—
para ofrendarte orquídeas verdinegras.


ISAGOGE

¿Dábale muerte y más muerte el abad a la zorra
inoculada por veloces venenos?
Zorra (o abad)
danzando muy lejos de su cuerpo
en el rodar del vacío
tupido de ansiedades táctiles
desbordadas en astillas de sombras
tra/que/tean/do
en la penumbra de la luz solar
en las escaleras que llevan a la noche
de hombres/fantasmas que beben su mezcal

/o achicalan sus yerbas cuajadas de rocío

y cuentan /en román paladino/ sus historias embrujadas de viento
Caligrafías de hueso y piel

carnes y grasas

Metáforas de pies desnudos levantinos
y eróticos
que pisan epidermis escaldadas
y agitan raíces en el trueque del ahogo
Raíces que transitan por blanquecinas negruras de un hueso universal

(visto en un sueño)

que fluía entre realidades patafísicas
para definir el espanto que aspa delirios sacros
con verdades domésticas

/ pálidos reflejos

de lo que fuera el paraíso bíblico extraviado
en la boira de los días humanos
en el trajinar de la muchedumbre

infinita y solitaria

adurmiéndose en pérfidas ensoñaciones
mientras el destino común se quebranta
entre sernas diezmadas por los huehues del Xantolo
atizando mellando zahiriendo
a puro golpe destral
el cadáver de un hombre delgado
sombra de libélula / torbellino flamígero
Filosofías otoñales en la esbeltez de mi voz
La luna bien cuajada en su disco hila la sinfonía de su entraña
Una orquídea danza en el centro de su belleza
: espacio íntimo que hiere lo nocturno.


CANCIÓN

Este poema es un cuchillo de bruma,
es una broma que brama y siembra confusión
como una flecha que atravesara una parvada.
Este poema es un cielorraso de armadillos
que cardan besos en las rodillas de la tarde;
está hecho de nada y genuflexiones de orquídeas
en las exequias de una zarigüeña.
Es un águila. Se derrite en vuelo.
Águila que en su levitación
le pone más velocidad al sueño.
Este poema es un recién cadáver
que resucita entre el mito y el deseo,
es el presagio de que nada existe
y nada hay más allá del hoyo en mi zapato.
Este poema es la danza desgarbada de la muerte
en su cuchitril atávico.
O bien, es tan solo un pensamiento
que rumia ruinas y ripios en el enigma del poniente
Este poema es una cabellera enloquecida,
la noche adicta en la llanura inmóvil
venida de muy lejos, desprovista de mensajes.
Este poema creció con largueza entre mis huesos
como una herida de fuego bendiciendo mis sonajas,
como una imagen bíblica de languidez extrema
en la ventana aullante en que cavan mi sepulcro.
Este poema es el viento:
Me trae el sabor de tus labios y sus enjoyados besos.
Este poema
es el camello equivocado y el ojo de la aguja;
este poema no es muerte ni vida
ni humo ensangrentado
ni mi nagual de fuego;
es —ya lo dije— un cuchillo de bruma,
una broma que brama,
un puñal que despierta en el rojo follaje de tus ojos
para obsequiarme la otra vida.
El sueño.


De: Al-baida


JOSÉ FALCONI nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (1953) es autor de un amplio abanico de libros en los que ha explorado diversos géneros. Entre sus poemarios más famosos se encuentran Cercadas palabras (1978), Escribo un árbol (1991), Corazón del sueño (poesía, 1998 y 2007), Golpe de agua, antología personal (1978-2013) publicado en 2014 y Canciones (2016). En novela incursionó con Fragmentaciones (2009 y 2015). Además tiene un libro de historia regional intitulado De Ozumbilla, el Pan de Muerto (2013) y uno más de cuentos: Escala roja (2008 y 2016). Obtuvo, entre otros, el Premio Ciudad de México en Poesía (1986), el Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía “Carlos Pellicer” (1978), con Cercadas Palabras y el Premio “Alejandro Ariceaga” para Primera Novela (2009), con Fragmentaciones. También ha sido becario del Fondo para la Cultura y las Artes del Estado de México, en la categoría Creadores con Trayectoria, durante los años 2010 y 2011. Actualmente es coordinador de talleres literarios y promotor cultural. Próximamente su novela Neblina morada, será editada por el Fondo Editorial Estado de México.


 

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