JUAN CARLOS HIDALGO ENTREVISTA A MARTÍN RANGEL: “EL PLACER Y LA MUERTE COMO DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA”

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MARTÍN RANGEL:EL PLACER Y LA MUERTE COMO DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

  • Luna Hiena es su nuevo poemario

No hay suficiente amor en el mundo/ nunca lo ha habido/ fuera de eso no hay problemas/ la moneda va a estabilizarse…” Y lo que puede venir detrás de estos versos es una evocación del famoso cuadro de Magritte en el que cuestiona si una pipa deja de serlo por el mero hecho de decirlo.

La poesía ya no es lo que era… y así tiene que ocurrir. No puede estar anclada al pasado, lastrada por la tradición y sus clichés. Si el hombre cambia, ¿porqué el arte no debería de hacerlo? Un escritor como Martín Rangel, nacido en 1994, no puede entenderlo de otra manera Así lo ha plasmado en libros como Emoji de algo muerto (2015) y Delirioamateur (2016) como en su acercamiento a la música, que lo ha llevado al hip-hop, trap y electrónica experimental.

Conversé con un joven artista libérrimo y valiente acerca de su nuevo libro y cómo entenderlo en medio de los caprichos de la era afterpop.

La escritura de la obra se remonta a uno de los momentos más duros de tu vida… que se junta con esas constantes peticiones de que te arrimes hacia algo más clásico y que proporciona mayor reconocimiento.  Cuéntanos acerca de la gestación de este libro.

El periodo de gestación de Luna Hiena (Ablucionistas Editorial/Corina Martínez) fue mi “temporada en el infierno”, o así he elegido referirme a él. De pronto me enfrenté a numerosas pérdidas sucediendo en paralelo: mi pareja, mi salud mental, mi libertad… Los poemas que integran el libro fueron escritos más por la necesidad de catarsis que bajo la conciencia de generar un “producto literario”.

Comencé a escribirlo en 2017 y lo terminé a finales del 2019. El período más intenso fue todo 2018. Estuve casi medio año encerrado y el confinamiento me permitió pensar muchísimo y dedicar tiempo a la escritura de fragmentos del libro. Ya no pensaba publicar más libros en ese tono lúdico, en ese registro pop o lo que llaman literatura-alternativa (alt-lit). Me había dejado guiar mucho por opiniones de colegas que me pedían volver al estilo más clásico de mis primeros dos libros. Estaba tan confundido y despersonalizado que lo acepté como una verdad incuestionable. Acepté sin dudar lo que un respetado poeta y tallerista de mi ciudad había sentenciado: que me había perdido en los paraísos artificiales y toda mi obra posterior a esos dos primeros libros no era más que delirios, ruido, desperdicio lingüístico.

El hecho de que el libro sea tan personal, tan honesto, inevitablemente deriva en una mayor empatía por parte del lector, en un vínculo más fuerte y real que lo que produciría un objeto literario hiper-rebuscado y docto. Considero que la empatía es uno de los valores más importantes del arte en general. Que un libro te permita descubrir que no estás solx, que hay otrxs sintiendo lo mismo que tú en alguna otra parte del mundo, es lo máximo a lo que podemos aspirar como autores y como lectores también. Más allá de eso, todo es lujo intelectual para deleite de esnobs e iniciados.

En tu universo coexisten Rimbaud (una cita suya abre el poemario), pero también aparecen Sean Paul, Jared Leto y Jennifer Lawrence. Tal parece que todos los niveles de cultura eclosionaron y esa especie de Bing-bang nos llevó hasta el afterpop. ¿En nuestra actualidad se da una coexistencia total de elementos culturales?

Sí, la verdad es que yo no considero vigente la dicotomía alta/baja cultura. Creo que ya todo está mezclado. Yo puedo tener abierta en una pestaña de Chrome la poesía de Amparo Dávila, mientras en otra pestaña suena Aphex Twin o una cumbia rebajada, mientras en otra pestaña veo una película palomera y superflua sólo para matar el tiempo.

Hoy en día es posible leer en público un poema sobre una base de reggaetón y a la gente le gusta, bailan mientras escuchan la poesía. Eso es posible, es sin duda una de las características de nuestra realidad. Obviamente existen los mismos necios-persignados-devotos de la técnica y la virtud en el arte, que se rehúsan a aceptarlo. Pero ellos ya están muertos, sólo que no les han avisado.

En tu libro anotas que los Hombres-Lobo son figuras clásicas de la mitología, pero también nos hablas de la aparición de los Hombre-Hiena. ¿Son ellos los protagonistas de la obra? ¿Qué características tienen?

Los teriántropos, u hombres-hiena, son el equivalente en ciertas mitologías africanas al nuestro hombre-lobo occidental. A diferencia de las ficciones que conocemos del otro lobo, en los hombres-hiena predomina una marcada influencia de la magia y el ocultismo. Me parecen sumamente interesantes, dado que las hienas son animales mucho más salvajes, impredecibles, crueles, y peligrosos dentro del mundo animal. Además de poseer características sexuales ambiguas que dificultan la diferenciación de sus sexos, tienen una psicología fascinantemente malvada. Y además el factor de la risa: ese descaro, esa aura de oscuridad y “maldad” intencional me cautivaron cuando empecé a leer sobre el tema.

Mantuve una larga e intensa relación con un brujo-teriántropo, lo amé y me perdí por completo en ese amor y viví las consecuencias. Eventualmente yo también me convertí en uno y destruí y devoré todo lo que encontré a mi paso.

La historia de ese tiempo está en Luna Hiena. El libro se llama así por toda la influencia que tuvo la Hiena en mi vida en esa época y también por la presencia constante de la magia y la astrología durante esos años. En mi libro, la Hiena es un símbolo de la muerte y del placer en idénticas proporciones.

Hay un verso que dice: “Amar con el cuerpo es amar equivocado”, sin embargo, en todo el libro hay una gran carga sexual. ¿Puedes abundar en la fuerza del deseo y el sexo que se acumula en tu trabajo?

La presencia de ambos en mi trabajo es una confirmación de mi naturaleza hedonista. Es el placer sobre todas las cosas, así sea aquel producido por el sexo o el enamoramiento, o aquel producido por sustancias exógenas. Uno no puede, al abrirse como lo hice en un libro como Luna Hiena, ocultar esa inclinación y devoción por el placer. Antes que todo está el gozo y los rituales que lo circundan.

Y, a veces, al placer supremo viene acompañado de una cara inversa oscura e impredecible. Usualmente es la muerte. Y ese es otro tema constante en mi trabajo. El placer y la muerte como dos caras de una misma moneda-realidad. Un constante ir y venir entre una y otro. Sin embargo, pienso que la muerte inevitablemente te alcanza.

Hacia el final del libro se lee: “El fin del mundo es una fiesta a dos cuadras/ pero llegamos tarde al after”. Parece algo muy acorde a este preciso momento.

Fue una coincidencia. Quedó muy ad-hoc a la realidad que estamos viviendo, ¿no? Es una locura. Alguna vez alguien me dijo que tuviera cuidado con lo que escribía, porque podía volverse realidad. Creo que este es uno de esos casos.

Estamos viviendo una encrucijada complejísima. Es obvio que nuestra corporalidad al relacionarnos con otros se modificará inevitablemente. De ahora en adelante, abrazar a alguien será una demostración de afecto y confianza muy poderosa. Algo que antes hacíamos sin meditar. Me interesa mucho ver cómo cambiará la situación del sexo, que es algo medular en nuestras existencias, aunque no se hable mucho al respecto.

Es cierto que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Y es una fiesta diabólica, con sacrificios y depravación. Lamentablemente, algunos de nosotros habremos de llegar demasiado tarde. Vamos a intentar seguir postergando lo impostergable. Pensando que nos salvaremos, que a nosotros nunca nos va a pasar. Y no es así.

Camisa del libro, Luna Hiena.

 

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