LA PAZ ES MI CASA | JUAN CARLOS MARTÍN COBANO


A veces, queremos desconocer la caída de la torre, intentamos suavizar la experiencia en el abismo. Un rol protagónico inflama nuestro pecho y nos hace creer que somos centro del centro. Así nos embauca la efímera humanidad. Hasta que llega el poeta.

Juan Carlos Martín Cobano, nos cuenta que, en la oscilación de los astros, no es lo humano el epicentro. Sonríe ante esa ingenua valoración, observándonos desde otro balance menos iluminado. Es que, definitivamente, pertenecemos a la total y desnuda fragilidad. ¿Seremos acaso divinidades que nuestro ego ha dotado de poder?

Estos poemas nos confrontan. Sus versos dentados, de magistral agudeza, rompen la cáscara del ser poniendo al descubierto nuestra dimensión real: glorias, miserias, máscaras. Nos vemos y, en ambos lados de la balanza, sopesamos incontables niveles del error o del acierto.

Quizá somos el resultado de una operación aritmética que nos simplifica a la mínima expresión, sabiendo que vivir es despedirse inevitablemente de la vida desde el comienzo. No somos pilares del universo, nuestras virtudes están sobrevaloradas como aquel “terco meteorito” que se hunde, sin saberlo, en las profundidades de la desgracia.

Venimos con fecha de caducidad, sí. No podemos siquiera rozar lo eterno y Martín Cobano nos lo recuerda con ironía desde su certeza poética. Entonces, la marca, la banderilla de la derrota, nos brilla en el lomo como en ese verso suyo que indaga: “¿Adónde se va nuestro cuerpo duro?”, si no es a corromperse como cualquier fruta podrida. Pero seguimos jugando a ser indestructibles y en un punto intermedio, entre la fascinación y el engaño, observamos “la metamorfosis del leño” con incredulidad, como si no fueran nuestras las cenizas que irán a desperdigarse a la velocidad de la riada.

Sumergirse en este caudal de palabras nos invita a la transformación, a detenernos en mitad de la absurda carrera; del bullicio que nubla nuestra conciencia. Nos habla de cierta plenitud que se obra en el verbo, cuando nos detenemos a respirar antes de emitir palabra y saboreamos el manjar del silencio.

Es urgente entender que somos víctimas del extravío y que únicamente podremos alcanzar un haz de luz al hurgar en las señales internas, porque solo adentro se funda el misterio esencial de la vida, la paz, la primera piedra que erige nuestro hogar. Bebamos de este cáliz la porción de realidad que nos corresponde y que la poesía nos ampare.

Amarú Vanegas


CÁSCARAS

Te hundiste,
seguiste como terco meteorito
hacia las profundidades de tu desgracia.
Alcanzaste las fosas abisales.
“Ya toqué fondo”, dijiste.
Era la cáscara del fondo, del auténtico abismo.

Volaste,
te alzaste hasta el último
círculo concéntrico de la esfera.
“Ya toqué el cielo”, dijiste.
Tocaste la cáscara de tu vanidad,
las puertas de un alto vacío.

Luchaste,
compraste atajos al triunfo,
pagaste con años, sangre y alma.
“Ya toqué el éxito”, dijiste.
Quebraste la cáscara de un huevo podrido
y, sí, te embriagó con su hedor.

Amaste,
conociste y honraste la supremacía del tú,
traspasaste en tu entrega las lindes del mar y del aire.
“¡Más!”, dijiste.
Acaricias la cáscara de la eternidad,
rota por otro antes que tú.


ANTE LA METAMORFOSIS DEL LEÑO

Me siento y aprendo
ante la metamorfosis del leño:
se inmola gozoso
por alas de incienso y de luz.

¿Adónde se va tu cuerpo duro?
¿Adónde tu solidez,
tu temple tan frío y seco?
Respóndenos con tu calor.

Vasija que, ignorante,
contuviste el fuego,
caliéntanos con tu destino,
alúmbranos con tu entrega.

Ya estamos listos
para leer tu epitafio:
La llama es abrazo,
el beso mordiente de la verdad.


QUE VIENEN

Vienen los galgos,
que vienen, que vienen,
traen con sus prisas
tres mil cascabeles.

Ante ti pasa el jolgorio de patas,
de lomos canijos, hocicos y rabos.
Y de ti pasan, no les interesas,
tú no eres liebre,
tu calma espanta
el olfato de quienes arden de ganas
de no saben qué.
En la jauría de clamores rabiosos
no hay más que babas y estéril sarcasmo.
En la porfía por las piezas cobradas
todo destiñe en banal polvareda.

Deja que pasen,
deja que vayan,
adiós, adiós,
nada se llevan
no dejan nada.
Adiós, adiós,
que los extrañe
su perra madre.
Olviden mi olor,
la paz es mi casa.


SE DISFRAZA DE LUZ

Se disfraza de luz,
se encarama entre rayos
de la verdad.
Habita entre los pliegues
de tus telas más sagradas.
Se esconde tras las paredes
de desvanes y sótanos.

Nunca es traidor aunque no avise,
pues bien conoces las reglas.
Tuyas son las riendas
y aun así hablas de tiranías
o de trampas.
Tú solo te engañas
barriendo bajo las alfombras
de tu conciencia roma
las semillas seguras de la mentira.

Se disfraza de luz,
confunde al que obvia bañarse
en el haz desnudo.


EL PASADO

Un león desdentado, melena deshecha,
merodea con sus rugidos tuberculosos
por los patios de geranios de mi paz.
Porta una mochila raída de recuerdos punzantes.
Convencido del veneno de su cargamento
tose reclamos de mercachifle eufórico.

Desde mi mesa se oyen los requiebros,
pero ya estoy sentado:
el buen vino, el pan caliente, el plato en su punto
de la mano y la boca del Amado
tapan la estridencia de sus megáfonos cascados.

Es bello y sencillo el presente.
Es bello y eterno el futuro.


QUE NO SOY POETA

Te digo que no soy poeta
te lo pondría en prosa para sellarlo,
pero un aluvión de aves en mi cabeza
se niega a posarse en lexemas seguros.

Nubes de estorninos de caos y belleza
redibujan el descontrol de la dicha.
Su danza febril de coros en desbandada epiléptica
habla más claro que mi cartabón de letras.

Ya lo sé, ya lo sabes, no soy poeta,
ni siquiera sé explicar los colores que creo al nombrarlos,
ni osaría pintar las notas que huelo al tocarlas.
Déjame, en todo caso, cantar con las pupilas
de la lengua y de los dedos
un romancero invisible de verdades blancas:
Tañidos de luz en las hojas del alba…


Juan Carlos Martín Cobano (Carmona, España, 1967)es poeta, filólogo, editor, librero y traductor de origen andaluz, formación catalano-aragonesa e incipiente religación salmantina. Tiene publicados el poemario Tiempo de cruzar el umbral (2020) y el libro de ensayos Poesía como oficio sacro y otros escritos (2021). También ha sido invitado especial de las dos ediciones del Encuentro de Música y Poesía Luso-Hispano-Americano, ROIZ, celebrados en la ciudad portuguesa de Castelo Branco en 2019 y 2021. Es secretario general de TIBERÍADES, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos. También, desde 2021, es secretario del Encuentro de Poetas Iberoamericanos – Salamanca. Poemas y textos suyos se encuentran publicados en las antologías Los frutos del árbol (2015), Explicación de la derrota (2017), Por ocho centurias (2018), Eunice, cien veces cien (2019), Llama de Amor Viva (2019), Regreso a Salamanca (2020), Mundo Aquí (2020) y El ciego que ve (2021), además de revistas como Taller Igitur (México), Nagari (EE.UU) y Crear en Salamanca (España).


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