JUEGO DE LUCIERNAGAS | ORIETTA LOZANO



 

JUEGO DE LUCIÉRNAGAS

Mañana cuando regrese de las aguas,
me iniciaré en la semilla del árbol de la vida.
Esta tarde tengo trece años,
y me regocijo en la ventana,
vislumbrando caballos blancos y bisontes
y un deseo oscuro en mitad de la montaña.
En esta tarde en que iluminan trece lunas,
estoy contemplando este camino tan largo
y tan profundo;
el que se bifurca, el que se confunde,
el que se extingue entre la niebla.
Mañana, cuando tenga trece años,
veré en mi rostro la larga travesía
y la inefable línea de su historia.
En el umbral de los jardines,
todavía me aferro a jugar
con las luciérnagas,
que en mis manos
son astros dolorosamente extraños,
y extrañamente luminosos.
Esta tarde miro fijo a la otra niña,
y al hombre que también la mira.
Frente al espejo me detengo,
con aquel desconocido rostro,
que todavía permanece en mi memoria.

 


 

SILENCIO

Mejor péiname y no hables;
tócame con tus pájaros distraídos
y pronuncia como sonámbulo
la palabra amor.
Enferma la palabra,
retenla en la boca
como el aliento de una piedra,
o la niebla del jardín.
Peina mi muerte,
tócala con tus lunas distraídas,
peina mi vientre y mi garganta
péiname la boca.
La palabra amor se enfría.

 


LUZ CIRCULAR DE LA PALABRA

¿No sientes cómo rueda
el vertiginoso movimiento
donde se anuda la belleza
del anfitrión y el huésped?
¿Quién descorre la cortina
para asombrarse
de la imperturbable bestia
y saberse polvo o águila,
en el infinito lenguaje de la piedra?
Quién descifra el símbolo oscuro de la sombra
y lo sueña en el territorio elegido
inventando un cuerpo deseado;
la mandrágora, la rosa,
la eternidad inclinada en el ángulo
más lúcido del viaje.
Y otra voz entre las voces
como un jardín entre jardines
pronuncia la palabra;
la clava sobre los cuatro vientos,
en el ancla que jamás desciende;
la lanza como un dardo que arde
entre la alianza de los siglos;
Sombra sin memoria que se adhiere al fuego,
primer día que perdura en el secreto de las aguas
y en la trama impenetrable del vacío,
soplo que dispersa la ceniza silenciosa
en el rostro múltiple del tiempo.

 



Orietta Lozano  nace en Cali 1956, poeta y escritora colombiana. Se desempeñó por varios años como directora de la Biblioteca del Centenario de su ciudad natal. Su escritura de tejido intimista y observador nos lleva por distintos caminos y paisajes con cadencia y asombro, dueña de una poética impecable Orietta obtuvo el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus en 1986 y el Premio al Mejor Verso Erótico convocado por la Casa de Poesía Silva (Bogotá) en 1993. Sus textos han sido traducidos  al inglés, francés y portugués, así como seleccionados en distintas antologías nacionales e hispanoamericanas. En 1995 fue invitada a Francia a la xiii Biennale Internationale des Poètes; en el mismo año es invitada por la Fondation Royaumont, junto al poeta Juan Gelman –por Latinoamérica– al Seminario de Traducción de Poetas extranjeros para la traducción de su libro Luz Circular de la Palabra. 

 

 

 

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