LA MUDA ENCARNACIÓN

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EL JUEGO

libras libertinas
platinados patacones
hagan el juego
del error

en la ruleta
en la timba de lo que falta

inspiración
uno más en tu rueda soy
número equivocado
el que no sale

nunca
los verdes
dados del día
dan
sobre el tapete
nada
a la deriva de tu vértigo

un pleno
pánico de rupias
arrojadas
al fondo de su
bolso vacío
ese puño
del azar donde se pudren
piedras puras
o titilan de ausencia
estas palabras


*

calle de los dibujos

Bosch y Bruegel

una atmósfera familiar

 

percherones

locomotoras

remolcadores

 

pitan y resoplan

tiran

cargados de bolsas

románicas de cúpulas

de ropa enormes

como iglesias

 

son imágenes   escenas

tiernas lecturas

de humilde condición

 

una época de ocres

chapas otoñales

en árboles sin techo

 

los chicos pían Bosch

resoplan Bruegel

pajaritos sobre ramas

de románicos ranchos

 

son imágenes tiernas

de condición percherones

remolcadores

locomotoras

 

en los dibujos

de la calle

 

humildes padre Bosch madre Bruegel

encuadernados como carros

en galpones ilustran

una atmósfera una época

familiar


*
Cuando las tres chicas se acercan, el padre cierra el abanico de sus sentimientos, de golpe. Tiene miedo el padre chino de que el calor de sus hijas desplanche las rayitas de su alma, plisadas con suma paciencia por sus antepasados.
El miedo le hace pitar de una boquilla elongada hasta el límite. Chupa del pico el hombre, y de su boca evaporada por el humo se desprenden pensamientos finitos como el perfil de un pez raya. Es el opio de los pueblos con que carga su boquilla el que lo hace descifrar sus pensamientos en voz alta.
“Esas tintoreras –dice de sus hijas– calientan la pava y después yo salgo hecho una planicie. Qué saben ellas, tan chiquitas, del trabajo que costó a mis antepasados imitar el oscuro abanico de las olas, escama por escama, durante milenios, hasta hacer de mi alma este biombo musical que sólo los hombres chinos saben desplegar con dignidad.”
Al escucharlo, la más china de las tres chicas desenrolla el caracol de su rodete en señal de rebelión.
Cae ondulado el bandoneón de su pelo, y el padre recuerda el golpe, seco, de una sombrilla al cerrarse.

 


María del Carmen Colombo (Buenos Aires, 1950). Integró el Grupo de Poesía El Ladrillo. Ha publicado: La edad necesaria (1979); Blues del amasijo (1985); Blues del amasijo y otros poemas (1992; reedit. 1993); La muda encarnación (1993; reedit. 2006); La familia china (Ed. Tierra Firme,1999-reedit. 2006; Hilos Editora 2012; Reedit Chile, 2016), Los sueños del agua ( 2010, poesía para niños), Antología (Fondo Nacional de las Artes, 2016). Además publicó: “Bulín”, poema ilustrado (Em Editora -Esteban Mellino-, 1976), “Santo y seña”( 1984) y “Folletín” (1998). Publicó, en narrativa: El cuaderno de música (Ed. Cienvolando, 2016), y una plaquette, “El país del miedo” (Ediciones Penpress, 2016). Ha recibido, en otros, el Primer Gran Premio de Poesía V Centenario (1992) y Mención Especial Premio Nacional de Poesía, Producc. 1996-1999 (2005). Integra antologías de poetas argentinos editadas en el país y en el extranjero, entre otras, Puentes/Pontes (Fondo de Cultura, 2003) y 200 años de poesía argentina (Alfaguara, 2010). Colabora en diarios y revistas. Integra el Consejo Editorial de Hilos Editora. Desde 1980 coordina talleres literarios.

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