LA VIDA | FABRICE CARAVACA

LA VIDA (EXTRACTOS)
Ahora nos alejamos. Y el océano nos ofrece alisios. Hace
varios milenios que nuestra embarcación cruza mares y
océanos. Vamos erguidos como íes y controlamos el timón.
Compartimos con focas y cormoranes, hermanos de nuestros
amigos los cuervos. Seguimos las discusiones de los cuervos
con los pájaros marinos. Aprendemos a volar y a pensar con
plumas. Aprendimos a transformarnos. Despegamos para
derivar con el viento. Las tormentas no nos afectan. Ellas
aprendieron, también, a conocernos. Cruzamos otras naves
que se unen a nosotros. Vamos a formar una verdadera flota.
Y continuaremos el viaje incesante. No hay que detenerse.
Estamos en movimiento. No tenemos hogares. Estamos en
casa en todas partes. Ya no dependemos de nada.
 
 
Atravesamos inciertas ciudades, pueblos indefinidos,
campiñas tristes. Vimos la desolación, la tierra devastada. De
deshonra en deshonra el frío y las tinieblas toman posesión
de los lugares. Nosotros no renunciamos. Volvemos a diseñar
ciudades, construimos nuevas aldeas. Cuidamos la tierra
donde ha sido herida.
El cuervo nos habla y nos guía cuando es necesario. El
cielo es indulgente con nosotros y el calor en verano es
más benévolo y el frío durante las noches de invierno mece
nuestros sueños sin contratiempos. Los elementos están
de nuestro lado. La tierra está con nosotros y nos protege.
Seguimos nuestra gira por los mundos posibles sobre el
planeta. Pensamos que podemos vivir juntos, que todos los
territorios pertenecen a la tierra y que la tierra es nuestra
madre. Pensamos que las fronteras son inútiles y que todos
podemos vivir a través del mundo, en movimiento. Somos
libres de vivir y cruzar todos los continentes. Somos libres y
hemos aprendido a viajar en los sueños y las construcciones
de nuestro espíritu. Conocemos los atajos y los senderos
secretos y los jardines olvidados que cultivamos. Conocemos
el sabor de los frutos que nuestras almas maduran. Estamos
en lucha permanente. Estamos en la belleza de las cosas.
Por eso, durante mucho tiempo aun y durante el tiempo
necesario seguiremos luchando. Sabemos que después de
nosotros nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos seguirán
en el impulso.
 
 
No estamos muertos. O tal vez hemos muerto ya varias
veces. Y siempre volvemos a la vida. De una u otra forma.
Estamos en el soplo del viento y en el aire que pasa por
nuestros pulmones. Somos también bailarines. Con la danza
entramos en trance y renacemos una y otra vez. Hablamos
con nuestros muertos. No tenemos soluciones porque
nosotros somos la solución. Vivimos con los muertos y
los vivos. Tenemos memoria y la utilizamos. Cada palabra
escuchada vuelve a nosotros porque está en nosotros, porque
vive en nosotros. Cada poema leído o escuchado toma su
impulso porque sigue viviendo en nuestros cuerpos. Vivimos
con poemas en las manos, en la boca, en el vientre, en los
pulmones, y en los riñones y a veces en la cabeza. Bailamos
sobre la música de los poemas. Somos seres en el umbral,
en los aires, y tocamos el sol. No nos alimenta la carroña. Y
nosotros no somos carroña. Somos belleza. Somos silencio
listo a estallar. Somos seres con poemas en todo el cuerpo.
 
 
Levantamos nubes de polvo. Pensamos paisajes que superan
los sueños. Y que remueven el polvo de nuestras memorias.
Conocemos ya el futuro. Lo rebasamos y los superamos. Ya
lo vivimos. Sabemos que todo seguirá repitiéndose. Sabemos
que así será mientras no hayamos decidido vivir aquí y ahora
con la energía que es la nuestra. Seguimos pensando que el
mundo nos pertenece y que nadie podrá sacarnos esa idea
de la cabeza. Seguimos un camino. No necesitamos que nos
muestren la ruta. Tenemos brújulas en la cabeza y mapas
geográficos en el corazón. Cuando el día se levanta nuestros
ojos lo reciben y celebran el advenimiento del sol y de la
luz. Giramos y giramos. Giramos con el planeta y sentimos
que algo está pasando. No somos inocentes. Sabemos que
bajo nuestros pies respira la tierra. Sabemos que el cielo
nos contempla y respira con nosotros. Sabemos que esto
no se detendrá de inmediato. Todo esto debe seguir aun y
aun más todavía. Que nos dejen el tiempo de estar aquí.
Que nos dejen el tiempo de estar vivos en esta tierra. Esta
tierra es nuestra tierra. Esta tierra es nuestra madre. Vivimos
en el orbe magnífico de nuestra madre tierra. Avanzamos.
Todavía. Nosotros avanzamos.
 
 
Ahora la tierra apisonada y los muros blanqueados con cal. Es
como otra época. Ellos cayeron desde lo alto del acantilado. Y
sin embargo ya habían previsto mucho, reinventado lenguas
y mirado más allá de los mundos posibles. Son nuestro osario.
Ahora la fosforescencia de sus huesos blanqueados por el
tiempo ilumina también nuestras noches. Huesos rampantes,
apeñuscados como acontecimientos rápidos. Huesos que
expresan una vida capaz de englobar todas las vidas. Osario:
François Villon. Osario: Paul Celan y Gherasim Luca en la
muerte reunidos. Osario: la pierna muerta de Arthur Rimbaud.
Osario: José Revueltas. Osario: Traven y todos los otros en
México. Osario: Thierry Metz. Osario: Georges Hivernaud y
Raymon Guérin. Osario: François Augiéras en Domme. Osario:
Jack Kerouac en Big Sur. Osario: Henry Miller también en Big
Sur. Osario: Blaise Cendrars alrededor del mundo. Osario:
la sangre todavía roja de Federico García Lorca. Osario:
Georg Trakl y su hermana. Osario: Emily Dickinson sola y
sola. Osario: Fedor Dostowievsky y el corazón del hombre.
Osario: Lautréamont y el corazón del océano. Osario: Allen
Ginsberg. Osario: Gregory Corso y Peter Orlovski. Osario:
las diecisiete sílabas de Matsuo Basho. Osario: Walt Whitman
y Henry David Thoreau y el estanque y la caminata. Osario:
Thomas Wolfe, el ángel exiliado. Osario: William Blake y sus
visiones. Osario: Jack Blank y William Bourroughs. Osario:
Paul Verlaine y Germain Nouveau. Osario: Hans Henry Jahn.
Osario: Guillaume Apollinaire y toda la zona. Osario: Edmond
Jabès y aún cien mil preguntas. Osario: Fernando Pessoa y la
intranquilidad. Osario: Herman Hesse. Osario: Philip K. Dick.
Osario: Joseph Conrad. Osario: Todos los huesos de los poetas.
Las palabras de los poetas. La voz se escucha desde abajo del
acantilado y sube hasta nosotros. No estamos solos. Todos los
huesos, así como las voces quebradas, no cesan de ponerse en
movimiento, de removerse y vivir. Los huesos de los muertos
están vivos en su inmaculada blancura. Hacia la luna asciende
un coro terrible. Estamos bajo la luna escuchando la música de
los muertos.
 
 
Pertenecemos a un gran palimpsesto. No tiene importancia
real que nos acordemos de los nombres. Donde es necesario
estar es en el eco. Necesitamos perpetuar ese eco, hacerlo
crecer para que se vuelva ensordecedor. Un monstruo
fabuloso de energía vital y primigenia. Que nos sea génesis.
Que sea oración. Que sea un canto que llena las tinieblas
y las destroza. Canto del mundo y de la vida que saluda
la palabras de los muertos. Belleza que viene a nuestro
encuentro, nos roza, pasa por nuestro cuerpo para estallar
pronto. Ya no viviremos más en los subterráneos y las
catacumbas. No estamos debajo. Caminamos sobre la tierra.
Visitamos siempre los cementerios. Con nuestra particular
forma de actuar. Despertamos a los muertos para que puedan
unir sus voces o sus rumores que ya nos son familiares o se
han vuelto así. Formar un gran cántico plural de voces. Y que
se prolongue sin fin el eco. El eco del rumor que envuelve el
mundo. El eco jubiloso al que pertenecemos cada vez más.
 

 
LA VIE (EXTRAITS)
Maintenant nous prenons le large. Et l’océan nous donne
les alizés. Plusieurs millénaires que notre navire fait le
tour des mers et des océans. Nous sommes droits comme
des i et nous tenons la barre. Nous côtoyons les chiens de
mer et les cormorans frères de nos amis corbeaux. Nous
poursuivons les discussions des corbeaux avec les oiseaux
de la mer. Nous apprenons à voler et à penser avec des
plumes. Nous avons appris à nous transformer. Nous
prenons notre envol pour deviser avec le vent. Les orages
nous épargnent. Ils ont appris, eux aussi, à nous connaître.
Nous croisons d’autres vaisseaux qui nous rejoignent.
Nous allons former une véritable flotte. Et sans cesse
nous continuerons le voyage. Il ne faut pas s’arrêter. Nous
sommes en mouvement. Nous n’avons pas de foyers. Nous
sommes chez nous partout. Nous ne dépendons plus de rien.
 
Nous avons traversé des villes incertaines, des villages flous,
des campagnes mornes. Nous avons vu la désolation, la terre
ravagée. De souillure en souillure le froid et les ténèbres
prennent possession des lieux. Nous n’abandonnons pas.
Nous redessinons des villes, bâtissons de nouveaux hameaux.
Nous soignons la terre là où elle a été blessée.
Le corbeau nous parle et nous guide chaque fois que
nécessaire. Le ciel nous épargne et la chaleur en été se fait
plus douce et le froid les nuits d’hiver berce nos rêves sans
heurts. Les éléments sont de nôtre côté. La terre est avec
nous et nous protège. Nous continuons notre tour des mondes
possibles sur la planète. Nous pensons que nous pouvons
vivre ensemble, que tous les territoires appartiennent à la
terre et que la terre est notre mère. Nous pensons que les
frontières sont inutiles et que nous pouvons tous vivre à
travers le monde, en mouvement. Nous sommes libres de
vivre et de traverser tous les continents. Nous sommes
libres et nous avons appris à voyager dans les rêves et les
constructions de notre esprit. Nous connaissons tous les
raccourcis et les sentes secrètes et les jardins oubliés que
nous cultivons. Nous connaissons la saveur des fruits
que font mûrir nos âmes. Nous sommes dans une lutte
permanente. Nous sommes dans la beauté des choses. C’est
pour cela que longtemps encore et aussi longtemps qu’il
le faudra nous saurons lutter. Nous savons qu’après nous
nos fils et les fils de nos fils continueront dans la lancée.
 
 
Nous ne sommes pas morts. Ou alors nous sommes morts déjà
plusieurs fois. Et toujours nous revenons à la vie. Sous une
forme ou une autre. Nous sommes dans le souffle du vent et
dans l’air qui nous passe par les poumons. Nous sommes la
respiration du monde. Nous avons le rythme. Nous sommes
aussi des danseurs. Par la danse nous entrons en transe et nous
renaissons encore et encore. Nous parlons avec nos morts.
Nous sommes en paix avec nos morts. Nous n’avons pas de
solutions parce que nous sommes la solution. Nous vivons
avec les morts et les vivants. Nous avons une mémoire et nous
nous en servons. Chaque mot entendu saura nous revenir parce
qu’il est en nous, parce qu’il vit en nous. Chaque poème lu
ou entendu prend son essor parce qu’il continue de vivre en
nos corps. Nous vivons avec des poèmes dans les mains, dans
la bouche, dans le ventre, dans les poumons et dans les reins
et parfois aussi dans la tête. Nous dansons sur la musique des
poèmes. Nous sommes des êtres au seuil, dans les airs et qui
touchent le soleil. Ce n’est pas la charogne qui nous nourrit.
Et nous ne sommes pas charogne. Nous sommes beauté. Nous
sommes silence prêt à éclater. Nous sommes des êtres avec des
poèmes plein le corps.
 
 
 
Nous soulevons des nuages de poussières. Nous pensons
des paysages qui devancent les rêves. Et qui remuent la
poussière de nos mémoires. Nous connaissons déjà le futur.
Nous le surmontons et le dépassons. Nous l’avons déjà
vécu. Nous savons que tout continuera de se répéter. Nous
savons qu’il en sera ainsi tant que nous n’aurons pas décidé
de vivre ici et maintenant avec l’énergie qui est la nôtre.
Nous continuons à penser que le monde est à nous et que
rien ne doit nous ôter cette idée de la tête. Nous poursuivons
un chemin. Nous n’avons pas besoin que l’on nous indique
la route. Nous avons des boussoles dans la tête et des cartes
géographiques dans le cœur. Quand le jour se lève ce sont
nos yeux qui l’accueillent et qui célèbrent l’avènement du
soleil et de la lumière. Nous tournons et nous tournons.
Nous tournons avec la planète et nous sentons qu’il se passe
quelque chose. Nous ne sommes pas innocents. Nous savons
que sous nos pieds la terre respire. Nous savons que le ciel
nous contemple et respire avec nous. Nous savons que tout
cela ne s’arrêtera pas tout de suite. Tout cela doit continuer
encore et encore. Qu’on nous laisse le temps d’être là. Qu’on
nous laisse le temps d’être vivants sur cette terre. Cette terre
est notre terre. Cette terre est notre mère. Nous vivons dans
l’orbe magnifique de notre mère la terre. Nous avançons.
Encore. Nous avançons.
 
 
Maintenant c’est la terre battue et les murs blanchis à la chaux.
C’est comme une autre époque. C’est du haut de la falaise qu’ils
sont tous tombés. Pourtant ils avaient déjà entrevu beaucoup,
réinventé les langues et vu au-delà même des mondes possibles.
Ils sont notre ossuaire. Maintenant c’est la phosphorescence de
leurs os blanchis par le temps qui illumine aussi nos nuits. Os
rampants, entassés comme un fait exprès. Os qui disent une
vie capable d’englober toutes les vies. Ossuaire : François
Villon. Ossuaire : Paul Celan et Ghérasim Lucas dans la mort
rassemblés. Ossuaire : la jambe morte d’Arthur Rimbaud.
Ossuaire : José Revueltas. Ossuaire : Traven et tous les autres à
Mexico. Ossuaire : Thierry Metz. Ossuaire : Georges Hivernaud
et Raymond Guérin. Ossuaire : François Augiéras à Domme.
Ossuaire : Jack Kerouac à Big Sur. Ossuaire : Henry Miller
aussi à Big Sur. Ossuaire : Blaise Cendrars autour du monde.
Ossuaire : le sang toujours rouge de Federico García Lorca.
Ossuaire : Georg Trakl et sa sœur. Ossuaire : Emily Dickinson
seule et seule. Ossuaire : Fédor Dostoïevski et le cœur de
l’homme. Ossuaire: Lautréamont et le cœur de l’océan. Ossuaire
: Allen Ginsberg. Ossuaire : Gregory Corso et Peter Orlovski.
Ossuaire : les dix-sept syllabes de Matsuo Basho. Ossuaire :
Walt Whitman et Henry David Thoreau et l’étang et la marche.
Ossuaire : Thomas Wolfe l’ange exilé. Ossuaire : William Blake
et ses visions. Ossuaire : Jack Black et William Burroughs.
Ossuaire : Paul Verlaine et Germain Nouveau. Ossuaire : Hans
Henny Jahn. Ossuaire : Guillaume Apollinaire et toute la
zone. Ossuaire : Edmond Jabès et encore cent mille questions.
Ossuaire: Fernando Pessoa et l’intranquillité. Ossuaire : Herman
Hesse. Ossuaire : Philip K. Dick. Ossuaire : Joseph Conrad.
Ossuaire : tous les os des poètes. Les mots des poètes. La voix
résonne du bas de la falaise elle monte jusqu’à nous. Nous ne
sommes pas seuls. Tous les os comme les voix, brisés, n’en
finissent pas de se mettre en branle, de remuer, de vivre. Les os
morts sont vivants dans leur blancheur immaculée. À la lune un
chœur terrible monte. Nous sommes sous la lune à écouter la
musique des morts.
 
 
Nous faisons partie d’un grand palimpseste. Si nous nous
souvenons des noms cela n’a pas d’importance réelle. C’est
dans l’écho qu’il nous faut être. Il nous faut perpétuer cet
écho, le faire grossir qu’il en devienne comme assourdissant.
Un monstre fabuleux d’énergie vitale et première. Qu’il nous
soit genèse. Qu’il soit prière. Qu’il soit un chant qui emplit
les ténèbres et les déchire. Chant du monde et de la vie qui
salue la parole des morts. Beauté qui vient à notre rencontre,
nous effleure, passe par notre corps pour éclater bientôt. Nous
ne vivrons plus dans les souterrains ou les catacombes. Nous
sommes au-dessus. Nous marchons sur la terre. Nous visitons
toujours les cimetières. À notre façon bien particulière. Nous
réveillons les morts pour qu’ils puissent joindre leurs voix
ou leurs rumeurs à la cohorte des voix et des rumeurs qui
nous sont familières ou le deviennent. Former un grand chant
pluriel de voix. Et que se prolonge sans fin l’écho. L’écho de
la rumeur qui enveloppe le monde. L’écho jubilatoire auquel
nous appartenons de plus en plus.
 

 
Extraídos de Fabrice CARAVACA, La vida (La vie), Traducción de Eduardo GARCÍA AGUILAR, Colección La noche agitada, Editorial Escarabajo, Bogotá, Colombia, 2021.

Fabrice Caravaca (Dordoña, Francia, 1977) ha publicado una decenas de libros, entre ellos Morcellement de je ne sais quoi de coloré (Atelier de l’agneau, 2007), La Vie (Les Fondeurs de briques, 2010), La falaise (Æncrages & Co, 2014), mon nom (Plaine Page, 2017) y Quelques banalités au sujet de la démocratie qui tend à atteindre son degré zéro (collection Hami, Pli, 2020). Dirige la editorial Dernier Télégramme y es profesor en la Escuela Nacional Superior de Artes (ENSA) de Limoges.

 

 

Leave a Comment

Categorías