LA ALEGRE EBRIEDAD DE HABER VIVIDO │ LÁZARO ÁLVAREZ


                  LUGARES

Hay caídas
de aguas increíbles.
Lugares
lugares solos
de viva
y tranquila soledad
donde entré una vez.

Sus aguas
más reconfortantes que todo consuelo
y su sombra íntima
y amable como el cariño humano.

Allí escuché el canto realísimo
de las piedras.

A veces
haciendo mi camino
oigo de nuevo esa canción.

De Asidua luz

 


                  CUERPOS

Fuimos el más oscuro de los diálogos.
Nuestros cuerpos asustados
parecen abiertas grutas,
paisajes inclinados
en el fuerte encallamiento
que vuelve a unirnos.
Permanecemos
en el olor desconocido de la dicha.
Presencias confiadas nuevamente
para la tierra
o para quien nos dejó esta fe difícil.

De Vivir afuera

 


                  MIS POETAS PREFERIDOS

Con los hermanos
doy una brochada sobre mi parte
cuando ya la noche entró por la ventana
hasta acabar toda la pared pintarrajeada
sin saber cómo nos va quedando.
Reunidos al calor de la sala más clara
barajamos las risas y las tribulaciones
mientras otro mete más leña al fuego arrebatado
o mezcla las pinturas en el patio
completamente solo.
Celebramos a quien ligó un as de oro
y el golpe de suerte de sus doce granos de maíz
tan decisivos en una partida diaria.
Fumamos, disentimos acaloradamente
sobre la malicia de quien quiso rebelarse
alegres todavía.
Después, sin querer llegar a ser sentimentales,
reclamamos en la noche
lo que se adeuda a todos
o el mal y el bien que cayó en alguno de nosotros.
Cálidos, cansados –unos duermen primero-,
recordamos, quizá, las ojeras terribles de sus ojos,
o volvemos a reír por una o dos palabras,
o hablamos en voz baja de nuestros poetas preferidos.
Y en la imprevista luz del otro día,
sin despedirnos casi, el cuerpo resentido
por el rigor del vino,
vuelve cada uno hasta su esquina,
el rostro confundido entre otros
que también esperan,
y regresamos en el autobús de la ruta sabida,
entre el vaivén monótono
del deseo infinito del descanso
y la imagen intensa de la alegre ebriedad
de haber vivido,
la cabeza dando contra la ventanilla
completamente solos.

De Paisaje reunido

 


                  ONDAS DE RADIO

He sido el peor, es cierto,
y por eso ahora escucho música en la radio.
He sido, digamos, algo más en tu vida
y, además, soy un fraude:
no he logrado todavía
engañar a nadie.
Bebo mi whisky y bailo solo
las dulces melodías de la radio de la madrugada.
Mi dolor es festivo. Estoy solo
y me impaciento por ser libre:
mañana podré hacer lo que me plazca.
En realidad, no entiendo qué ha pasado,
pero mi cigarrillo tiembla entre mis dedos
y busco otra estación en la radio.
Necesito para siempre esta canción,
estoy lleno de miedo
y en cualquier momento dejaré de beber.
Debí ser cantante y cantar Tobacco road
con dolor delicioso.
Busco otra estación hasta encontrar
la desgarrada melodía que bailo
porque todo, mi dios, es tan confuso
que temo hacer esta noche otra locura.
Seré, quizás, una imagen lejana
porque nunca he sido de carne y hueso para nadie
y yo mismo he besado para procrear fantasmas.
Creo que voy a equivocarme
y no sintonizo nada que me deje feliz.
Y estoy un poco atolondrado bailando por no hacer otra cosa
moviendo sutilmente el dial mientras estoy bebiendo
y pienso que me he perdido en la ciudad
desorientado y asustado como el primer día que llegué.
Debí vivir en otro sitio.
Estamos extraviados:
un minuto deseamos todo y un minuto después
no sabemos qué hacer.
Mi cuerpo tiembla porque puede ser libre.
Mañana despertaré e iré a mi trabajo
y volveré a preguntarme
cuándo me largaré de aquí.
¿Por qué ha de ser difícil? Conservaré este ánimo.
Llevaré esta nueva canción en mi cabeza.
Y no seré más un fraude.

De Paisaje reunido

 


                  POESÍA

Aquí es
siempre de noche.
Alrededor
de estas palabras.

Nombramos cada cosa,
la besamos,
para reconocerla
o abrazarnos a ella.

No hay por qué abrir tanto los ojos
para ver si es sueño
ni para despertar
un poco más.

Y no para iluminar
a nuestras manos,
sino por calentarnos,
nos acercamos
al silencioso fuego.

Solo por calentarnos.

Bajo la vasta noche
donde se dobla la sombra de las cosas
y en cuyos bordes
nuestra memoria
parece que alborea.

Poema no publicado en libros; aparece en algunas Antologías.

 


LÁZARO ÁLVAREZ (San Felipe, Yaracuy, 1954)
Poeta, ensayista, traductor y docente venezolano. Su obra poética, Poemas (1981), Asidua luz (1982), Ensayos (1986), Vivir afuera (1990), Paisaje reunido (1993). Como traductor, versionó del portugués, la poesía del brasileño Manuel Bandeira, en el libro, Poesía desentrañada (1997). Es Licenciado en Letras (UCV), con una Maestría en Literatura Latinoamericana (USB). Realizó estudios de Doctorado en Letras (Universidad de Salamanca). Se desempeñó como Director de la Colección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Venezuela. Fue Co-redactor de las revistas literarias, Rendija, Vertiente y La Oruga Luminosa. Ha sido coordinador de talleres de creación verbal y asistente de proyectos editoriales. Sus poemas aparecen en Antologías, en Venezuela y en Salamanca. Ha publicado traducciones del francés y el portugués, poemas y crítica literaria, en revistas y periódicos de Venezuela y otros países. Ha participado en congresos de literatura y lecturas poéticas en España, Brasil y Venezuela. Fue asistente de la Cátedra Internacional de Literatura venezolana J. A. Ramos Sucre, de la Universidad de Salamanca, España. Es Profesor jubilado de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy. Ennio Jiménez Emán y Rafael Garrido, escribieron sobre su obra, “El paisaje en su poesía es convocado a través de una palabra, cuya vivaz transparencia evoca ámbitos de luz, que nos develan energías recónditas”.

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