LETANÍA A LOS ANCESTROS | MAURICIO SCHADE FERNÁNDEZ



 

 

LETANÍA A LOS ANCESTROS

¿Y cuál es la culpa que tiene el mar?
De perdurar la sequía en mis ojos
Descuerar la nuca por el sol inclemente

En su lejanía
recorro la geografía de sus quebradas
Ya tengo los zapatos empapados en sangre
Mira donde viene en las nubarrones
el silencio atronador
Hoy caemos en las rocas
suelto tus vestidos y la venganza en los litorales
Te haces un fósil en los segundos en que la eternidad
acaricia, silbando sobre los humedales
haciendo ungir la cabeza
bañada en la destilación de las añañucas
Niño:
Apaga la luz que la noche está tranquila
Nuestro abuelo nos contaba
unidos con las manos en la mesa
la historia de su desierto
Los antepasados de sus antepasados
contaban de las masacres
un llanto engrillado desde Iquique
Y en las calles corrían ríos de sangre
¿Acaso obra Dios en los sablazos?
Vamos juntos al fondo de la fosa común
donde los esqueletos pierden su historia
debajo de su lápida los huesos lloran
los tuberculosos fueron enterrados en estas tierras
señalando con sus dedos las casonas
Desenterremos de ella los rostros
los nombres deshilachados
Las animas a las tres de la mañana
conversan en la habitación de al lado
En la profundidad abisal
las manos continúan despidiéndose
cabellos enredados en la maleza inimaginable
Raíces despojadas de los úteros del universo.

 


 

MOLOCH

I

La bestia se coronó las sienes con astros y ocupó su lugar en el trono
En su mano el orbe y en la otra el látigo, él ordena
Rosales en sus muñecas y a sus pies los lirios de la pureza
Aquella luz que emana secó los ojos y pudrió el hablar de las voces
se sentó en del centro de la tierra
Haciendo que desde su abdomen exhalara sus amores
A una luna disfrazada de día y a un mar de arenas
Suplicó al granizo para que danzara junto al otoño
Pero al moverse sus hojas no cayeron a sus pies
Sino que fueron a bordear los límites del sueño
A cubrir un día lleno de ira y sometido a la suerte
Jugada al azar en un bosque de hielos
La voz se preguntó a si misma donde había de estar su criatura
Aquella que perdió entre el polvo
Que supuestamente raptó la medianoche
La misma que la tierra no era capaz de encontrar
Porque se fundió entre su pecho
Para hacerse una sola costilla

II

Embriáganos con los manjares de las tierras y sus guerras
Abre nuestras bocas y pon en nuestras lenguas las semillas de la
corrupción. Se tú nuestra fortaleza y a la vez el bastón en los caminos
Recuérdanos que recorreremos la tierra y veremos caer las torres
Sumergidos en tu protección. Las plagas acecharan las pieles y los ojos
Los mares caerán descompuestos, lloraran los que nunca lloran
Se calcinaran los huesos y de ellos se formaran torbellinos
Los sedientos de palabra se rendirán a tus pies
¡Así invocaremos ante ti la energía!
Saciaremos sus corazones ignorantes con la verdad
¡Pero recuérdanos que recorreremos los caminos y caeremos uno
junto al otro! Al momento en que los Dioses
destruyan las escaleras que van hacía sus puertas
Para condenar al ser a la mortalidad y a la falta de experticia.
Pero a tu lado nosotros no somos de esta forma
Hemos quitado los vendajes que hacían de nuestra vista un espacio
llano. De las manos han brotado ramas y la carne se ha fundido
Nacerá un solo ente alumbrado por las estrellas

II

Le brotarán alas y se parara sobre serpientes infinitas
Flores del sol ante él y leones resguardaran su figura
Luxará sus huesos para hacer de ellos espadas de alabastro
Con las cuales cortará las cadenas de inmundicia
Soñaremos con recobrar la fe que ellos te obligaron a perder
A mirar entre los lirios las praderas fértiles de pureza.

III

¿Lo bello u lo triste? ¡Qué son más que nada!
Adoraría a las gardenias para luego dar marcha atrás,
Para caer entre espinas y sentir,
Mientras mis recuerdos aplauden el espectáculo,
Adornado por una corona de clavos ensartados en mí frente.
¡Regocíjate porque el odio dura poco!
Después de aquello vienen los brindis de desesperanza,
La carne fría servida sin festejo y baile con mis entrañas.
Aplaude al cielo por tus virtudes, escupe luego al suelo sin amarlas,
Llora y ama, porque nada existe.
Muere e infíltrate en las pieles reventadas,
Come de los animales que ofrece esta tierra,
Vomítalos, arrodíllate y azota sus huesos en tú pecho.
Porque la culpa es enorme y el perdón ninguno.
Plegarias a la esperanza
Velas prendidas hacia lo que queremos
Esto, ¿Es realmente lo que queremos?
Nadie lo puede comprobar.
No hay certeza, solo tú y yo
Abrimos nuestros brazos intentando abrazar lo que dudamos
Buscando la verdad y despertar para comprobar si esto es real.
Llévame con los torrentes,
Que hoy dejaré que mis mortajas se vayan con el río.
Míralas, se las lleva la corriente, míralas que no volverán.
Y resuenan las rocas, el infierno gime.
Más allá del ciprés las espadas rugen y se abren los vientres.
Sus venas explotan y de escarlata se cubren los inmaculados mantos.
¡Ven redentor que la discordia corta los dedos del arquero!
Nosotros los desterrados hijos de Eva buscamos el grial.
Suspiramos ante sus pies y mirando su pecho,
Abriendo fulminantemente los ojos ante tan radiante imagen.
Pero ven, que desde los inframundos pasan hambre
Se retuercen sus intestinos buscando con que calmarlos
Para que luego llegue el silencio abrumador a arrebatar sus
estómagos, Así el eco entra en pausa
y el músico de este colapso busca la otra pauta.

 


 

ELEGÍA DE UN FERROVIARIO

Un desierto con sus manos asimétricas
escarlatas y extendidas sobre dunas
en ásperos vientos densos de camanchaca.
Como cántico para letanías en brumas costeras
Desgarra sin piedad las venas
Atacama tiene sed infinita

Puedes escuchar Diablos danzando
con sus máscaras de hojalata
Desemboca la pampa mortecina
con sus cementerios laterales
Huesos carbonizados
que con sus débiles párpados
resuenan lejanos en la costa
océanos con sus cuevas eternas de cal
Desgarra sin piedad las venas
Atacama tiene sed infinita

Anotaciones del viaje por el desierto.
El abuelo retrae sus ojos vidriosos
Aún recorre camino a Illapel
Con su locomotora pintada de aguamarina
En lo azul de las noches blancas del norte
Veías asombrados visitantes de otros mundos
Porque las noches son los contrastes del arenal
Fuiste el mejor contemplador de los luceros
Que como lluvia ciernes sobre el caliche

Desgarra sin piedad las venas
Atacama tiene sed infinita

Traes contigo el sollozo metálico de los trenes
Coquimbo se apaga para imaginar tus historias
Los niños unidos en la fogata
Escuchan al abuelo médium de tiempos idos
La nieta escarba la arena
Aparece el tren de madera teñida

 



Mauricio Schade Fernández, nacido en 1991 en la ciudad de Coquimbo, IV, región de Chile. Ligado a lo metafísico y al Hermetismo, su obra es un proceso Alquímico del los reinos minerales del norte y los reinos vegetales del sur de su país, de conjunción de la totalidad. Arraigada profundamente en los paisajes del desierto de Atacama y sus leyendas, en ella aguarda su legado y la memoria de la sangre de sus antepasados. Influenciado por la poesía de su país, en especial por la generación del 38 y de los 50’s, en versos utiliza una estética gótica y de nostalgia. Su interés especial por la obra del grupo surrealista «La mandrágora» y las obras de poetas como Emily Dickinson, Gabriela Mistral, Jorge Teillier, Alejandra Pizarnik y Ezra Pound. Funda en el año 2016, el grupo de poesía «Agartha» de corriente onírica y cinematográfica. Publica en el 2020, su primer poemario llamado «Aurora».

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