PÁJARO | LILIÁN PALLARES


ALBA

La noche se traga la montaña:
de ella sólo queda la idea de lo que fue.

En el horizonte un puntito de luz da señales de vida,
palpita con la insistencia de un corazón recién nacido.

Lento y preciso el puntito se desplaza a la derecha
y se une a otro con la fe de un beso a ciegas.

Entonces ese otro se une a otro y el otro al siguiente…
hasta que un hormigueo de luces
estalla en el incendio de la mañana.


ARROZ CON LECHE

En el patio, bajo la sombra del palo de mango,
la abuela deja pasar el arroz entre sus dedos negros.
Una cascada blanca invade la olla.
La caída del grano produce un sonido de maracas,
un Lumbalú(1) rutinario que crece con la llama del fogón.
La abuela trocea el mango.
Leche y limón se mezclan.
Un golpe de azúcar y otro de canela.
Habla consigo misma, mueve pausadamente los labios.
Hay ardor en su rostro
y una lágrima hierve bajo sus ojos.

En la casa no se oyen pisadas.
Reina el origen.


LA VITRINA

El niño estampa su rostro sobre la vitrina.
El deseo desborda sus ojos y ahoga su lengua.

La torta gira imponente en el torno,
y el niño palidece.

Sucias, las manos se fijan al cristal
que sostiene el apetito más inocente.

En la vitrina, marcadas por el frío,
las huellas del hambre.


PÁJARO

Un pájaro cayó dando tumbos sobre mi cama.
Con las alas abiertas picoteó mi pecho hasta cavar un hueco.
El timbre penetrante de su nervio abrió mi herida,
me recordó el dolor y su punzada,
y su ojo despierto dilató mi pensamiento.
Vino a mí el temblor y la pulsación solitaria de la infancia.
Luego se posó sobre mi cabeza, y bebió
el agua amarga de mis labios.


AGUARDIENTE

Ni el pudor,
ni el calor del verano me quitan estas ganas.

Quiero llamar a cada uno de mis amantes,
invitarles a mi casa, que vengan en fila india
con las palabras no dichas y los besos no dados.

Sentarnos a beber aguardiente,
a compartir mi fiebre,
y como buenos amigos
brindar por los sudores y las camas revueltas,
contarnos las infamias y escuchar
canciones que en verdad duelan.

Amarnos sin planear la próxima venganza.


LA MANCHA

Ocupa más espacio cada día.
Su presencia me pone nerviosa,
resulta amenazante.

Quiero borrarla,
lo intento cada mañana,
pero al día siguiente vuelve a salir
y con total descaro me reta.

Sabe bien que conozco sus intenciones.
Trato de mirar para otro lado,
de ignorarla y pensar
en otras cosas como algunos me sugieren,

pero es un animal fiero que zumba
en mi cabeza y no sale de ella.
El problema no es su desfachatez,
ni la aversión que en mí produce,
el problema es que sólo yo puedo verla.


[1] Lumbalú es un ritual funerario de la cultura palenquera en Colombia, en el que intervienen danzas, cantos, música y actuaciones.


LILIÁN PALLARES (Barranquilla, Colombia. 1976). Poeta, escritora, actriz y creativa audiovisual. Recibió en el 2017 la XIV distinción Poetas de Otros Mundos concedida por el Fondo Poético Internacional por la alta calidad de su obra poética y en el 2011 fue destacada entre los diez mejores escritores jóvenes de Latinoamérica por About.com, New York. Para el 2020 le fue otorgada la beca para Artistas Visuales del Centro de Residencias Artísticas Matadero, Madrid y fue parte del elenco de actores de la zarzuela cubana Cecilia Valdés, Teatro de la Zarzuela, España. También el mismo año recibió de la Embajada de Colombia en España el premio 10 Colombianos como reconocimiento a su trayectoria artística y personal, y el premio Mujer Migrante otorgado por la Asociación Rumiñahui por su aportación al mundo del arte y la cultura en España. Ha publicado el libro de crónicas y relatos de calle Ciudad Sonámbula, el poemario-disco Voces Mudas y los poemarios Pájaro, vértigo y Bestial.


 

Leave a Comment

Categorías