LOS AÑOS ARGENTINOS | LUISA FUTORANSKY

EL GIGANTE
 
1
 
Inmensa tierra
en que la impunidad nombra los pecados capitales
y en donde el hombre es un pequeño ser
agobiado por su propio peso.
 
Ángulo obtuso de la fuerza.
Ángulo agudo de la ingenuidad.
 
En la impericia de nombrarte,
en la primaria zona de la demencia,
con el color que nos abruma
y la niebla que nos rige;
con el tenaz amor de los desposeídos,
empiezo a hablarte de por vida,
tierra de nadie abierta a todas las explosiones
dame la voz oh, América!
 
2
 
Tierra que aún guardas la ventaja
de no conocernos.
 
Uno tiende su cabeza,
levanta sus brazos.
Tú,
impasible,
no delatas.
 
Tierra igual a otras
nos enseñaste a confiar en la sonrisa pronta;
por eso vamos inermes,
con el hábito ingenuo,
espiando en las llagas de los ojos
la impudicia de crueldades forasteras.
 
En una palabra:
lentamente gastados,
y sufriendo.
 
3
 
El ángel de la muerte
el ángel de la vida
regentean sus dominios.
 
Hay un gigante atado a sus deseos,
y los niños que caminan por su cuerpo
suelen ahogarse.
 
El gigante ha narrado a los elegidos
verídicas historias para que alguien
cercano a la demencia
profetice a los adeptos.
 
Iemanjá
Oxum
Cotoarg
Quetzatcoatl
Tepeu
Ah Raxa Lac
Ah Raxa Tzel
y tantos otros,
se empeñan en la liberación del gigante.
 
La fortaleza de los ángeles castiga sus intentos.

Las sucesivas invasiones y conquistas de nuestras tierras
son el resultado irreversible de su poderío.
 
4
 
En esta hora de aflicción sorprendo
confundida en sus cloacas fronterizas
el limitado vientre ciudadano:
palpo la traición.
 
Luego, me falta voz
para sobrevivir en los convites
y hablar de la buena tierra de promesas.
 
Arropada en la sucia sábana de pesadumbre
pienso en mí
(me refiero a los que amo).
 
Hay veces en que el gigante siente una cansada piedad
y seca alguna lágrima que le importuna.
 
5
 
Fue preciso habitar en las treguas de la miseria
cercenando voces que requieren sitio.
 
Las arcas se ofrecen, paso revista al feudo:
aceites macilentos, ritos olvidados, alguna moneda.
Trastos raídos de la historia común.
 
Tierra de América, gigante de yeso que tiembla
y no sabe guardarnos.
 
De El corazón de los lugares (1964)
LLANOS DEL SUR
 
A Kity y Ricardo Futoransky, entrañables
 
los calmos bergantines las flores más sangrientas los lienzos de la discordia los panes del milagro
 
adjetivos y ritos profusamente iluminados
por la luz mala y fosforescente de lo corrupto
se yerguen de la llanura atrás del acero oxidado de sus armaduras
allí donde el ganado abona el suelo
pero las simientes olvidan crecer
 
extensión de la condena soledad es tu nombre
repiten las aves que graznan augurios
 
el sol no tiene prisa en tu calvicie
los vientos fatigados se detienen a contemplarse en tus riachos
pampa de la desesperanza
sólo tu feroz tenacidad hace que entres
por la puerta grande de la tragedia
 
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llano enrojecido
llano del atardecer donde la palabra descubre el secreto
y los pájaros enloquecen de temor
 
hora en que los elementos son un haz vandálico
un estremecimiento prolongado en el espinazo de los vivos
hora en que los hechiceros soplan las narices de las enfermos
pero no logran felices resultados
hora en que la lejanía y la vecindad de los estrechos
confunde aguas y tierras
 
únete viento
ven basilisco que es tu turno
huye unicornio por las altas gramíneas
refúgiate en los tapices de las damas
que ya las maderas del presagio
arden en razones de cuidado
y el silencio es un enigma que no predice
un solo día venturoso
 
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Entre la cima y el valle
el menor esfuerzo, nada agotador
nada que turbe la indiferencia de las tierras llanas
ciudad cuyo medio propicio es la humedad
pulpo extendido, ambiguo y perezoso
tu abrazo es el ahogo febril que impones a los otros
ansiosa ciudad gris
a la que es necesario ganar palmo a palmo la alegría
ciudad de artilugios y espejismos
con su poder agazapado en las tinieblas
contigo los pactos de honor
están destinados al fracaso
ciudad perdida en estéril oratoria
y en la retórica infernal de los posesos
predispuesta de antemano a la condena
cuando las algas se adueñen de tu estridencia
y el limo se solace en tus bodegas
cuando te sumerjas en la noche sin espejos
¿quién tendrá piedad por tu arrogancia?
 
cuando los peces retiren sus ovas
de los recovecos de tus construcciones
otra vez un ingenuo, un loco, un guerrero
un fanático, un ambicioso, o todos ellos juntos
o alguien con todos y más de estos defectos y virtudes
erigirá un fortín en el desierto
y te llamará de alguna nueva o vieja manera
buenos aires
 
De Babel Babel (1968)
ALEVOSO HOMENAJE A LA MEMORIA
 
La memoria, supuesta hechicera,
supuesta equilibrista ciega;
una de esas viejas a las que nuestro ardor puede inventar
un pasado
(quiere decir fugas, alucinaciones, amistades peligrosas,
extrañas complicidades, amores y viajes al silencio)
trae sin orden a esta pobre mesa de un ínfimo arrabal del mundo,
los hallazgos de su propio estupor
 
(la vieja podría exhibir una cinta roja roída por los dientecitos del zar de todas las rusias, un frasquito de sales de catalina de medicis, cuatro plumas del casco de moctezuma y regalarte una medallita de plástico con la imagen de un elefante, con la trompa para arriba, por supuesto, una de las ciento que lleva encima porque estás en la ciencia y hará un trabajo para que tengas salud, dinero y amor y creerás como un inocente en sus farfulladas oraciones y santiguamientos)
 
de la mesa se yergue la orquesta de señoritas que viste una vez al entreabrir la puerta hace quince años del modern saloon donde una mujer vagamente rubia dirigía el conjunto sobre una tarima de maderas gastadas y hoy vuelve a la ficción de la vida casi sin motivos que lo justifiquen, insolentemente asomada a tu tiempo, mientras discurres sin excesivo entusiasmo en tanto un concierto de crímenes, atrocidades, pequeños regocijos y misterios más allá de tu posibilidad de entendimiento te ciñen la voz y agrietan la endeble construcción de tu esperanza
 
(la viaje parte de tu mesa llevando consigo el olor rancio de las ropas con las que se ha viajado demasiado tiempo, un pájaro se le posa en el deplorable sombrero y arrastra sus pesadas bolsas de fruslerías para alterar el sueño de otros tan incautos como nosotros).
 
De Lo regado por lo seco (1972)

Presentación y selección de Mariano Rolando Andrade.

Luisa Futoransky (Buenos Aires, 1939) es una de las grandes voces de la poesía argentina. Ha publicado unos veinte poemarios y cinco novelas desde 1963 y su obra ha sido traducida al inglés, francés y alemán. Actualmente reside en Francia. Estudió literatura anglosajona y contemporánea con Jorge Luis Borges en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, aunque por imposición familiar se recibió de abogada. En 1971 viajó a Estados Unidos para participar en el International Writing Program de la Universidad de Iowa. Vivió luego en Italia, España, Japón y China antes de instalarse en París en 1981. Sus libros más recientes son Marchar de Día (Editorial Leviatán, Buenos Aires, 2017) y Los años argentinos, primer volumen de su poesía completa (Editorial Leviatán, Buenos Aires, 2019).


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