LOS LUGARES DONDE DORMIMOS | DIEGO MUZZIO

SPITFIRE
 
Quien quiera derribarte,
tu enemigo,
vendrá del lado del sol.
Desconfía de la luz,
y teme la tiniebla.
Que tus ojos vaguen
libres en el cielo,
pero que tu corazón sea
oscuro y terrible
como un gato muerto.
Lo más importante
se reduce a esto:
debes predecir
el advenimiento del relámpago.
Solo en ese momento verás
lo que te sea dado ver.
Halcones, huracanes, luz de luna,
tifones o trompetas de Jericó,
que otros usen eufemismos
para enaltecer sus máquinas;
guarda secreto
el nombre de la tuya.
Cuando despegues no te despidas,
ni te exhibas al aterrizar.
El fuego se somete a la tierra
y es tu derecho regresar con él.
Lo que destruyas en el aire,
pertenece al aire.

CIERVOS
 
                                                      Deer, death is near…
                                                      Frederick Seidel
 
Durante la brama de otoño
los jóvenes ciervos luchan entre sí
pero los viejos machos son solitarios
como solitarios eran los místicos,
y mientras unos descienden de las montañas
a los bosques y valles para aparearse,
los otros se alejan a lugares elevados.
La poesía llega a veces con dificultad,
muy lentamente; con la misma lentitud
ascienden los viejos ciervos la montaña,
deteniéndose a menudo, inclinando
sus largos cuellos hacia la tierra
con tal humildad y sosiego que nadie
podría decir si rumian o rezan.

LOS LUGARES DONDE DORMIMOS
 
Los muertos se amontonan a mirarnos
en la noche dentro de otra noche oblicua, inclinada.
Los oigo hurgar como topos, murmurar
las últimas palabras que en vida pronunciaron,
en distinto orden. Pero si siembra la sombra su sueño
en los lugares donde dormimos y aun así soñamos,
si ellos, los muertos, veloces como nubes
o altísimos incendios
se internaran laterales en la ola:
¿no habrá una forma de organizar esa arquitectura ausente,
alguna manera de ordenar las palabras?
Escucho el tren, en la madrugada, cuando nadie
ha despertado aún. Viene de lejos, de mi infancia,
cargado de caballos mojados y libros amarillos.
Esta es tu casa; éste, tu cuerpo.
Aquí mora tu espíritu.

OTITIS
 
Cuando me perforaron los tímpanos
a causa de una otitis crónica
viví durante un tiempo debajo del mar;
un submarinista extraviado
de regreso al cielo.
La gente me hablaba y yo no respondía.
Las montañas parecían más azules.
Al salir del trabajo
paraba el auto al borde de la ruta
y fumaba mirando las nubes.
No escuchaba el tráfico
ni los tractores horadando los campos.
Los árboles eran más verdes.
Pensaba en mi padre.
Nunca nadie había pensado en él
en aquel lugar tan lejos de su tumba.
Después volvía al auto, lo ponía en marcha
y regresaba al camino.
En el asiento trasero mi padre
hablaba durante todo el trayecto de vuelta,
pero yo no podía escucharlo.
Mis oídos estaban llenos de su muerte.

SENTADO COMO UN BUDA ENTRE LAS CAMAS DE MIS HIJOS
 
Estoy sentado en la oscuridad
como un Buda entre las camas de mis hijos.
Estirando cualquiera de mis brazos
podría tocar los bordes de esas camas que,
en la noche, parecen arcas diminutas
con sus animales en equilibrio en las cabeceras,
una abigarrada Creación fabricada en China.
Uno eligió elefantes e hipopótamos,
los animales más grandes y pesados;
el segundo se quedó con lobos
y otros depredadores; así se repartieron
el mundo de las bestias antes de irse a dormir
como dioses inconscientes.
Los escucho respirar, moverse, murmurar
palabras en un idioma pegajoso
que asciende desde la profundidad,
el oscuro temor a las catástrofes:
fuego, pestes, hambruna, diluvios,
la propagación del caos en la carne.
Y aquí estoy, sentado en las tinieblas,
entre las dos camas, listo a ahogarme,
si fuera preciso, mientras ellos navegan en sueños
hacia tierras de promisión.

Extraídos de Los lugares donde dormimos, Editorial Llantén, Buenos Aires, 2020.

Diego Muzzio nació en Buenos Aires en 1969. Es narrador y poeta. Ha publicado los siguientes libros de poemas: El hueso del ojo, Sheol Sheol, Gabatha, Hieronymus Bosch, Tratado sobre la ejecución de animales, El sistema defensivo de los muertos y Los lugares donde dormimos; los libros de relatos Mockba, Doscientos canguros y Las Esferas invisibles; y, como autor de literatura infantil: La asombrosa sombra del pez limón, Un tren hacia Ya casi casi es Navidad, Galería universal de malhechores, El faro del capitán Blum, Historias de la historia y La guerra de los chefs entre otros. Ha recibido el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes y el Primer Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz.
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