LOS PERROS DE MONTEZUMA | VICENTE CERVERA SALINAS

Vicente Cervera Salinas
LOS PERROS DE MONTEZUMA

Un antiguo cacique los condenó a yacer
bajo la sombra de los hombres.
Doblegaron sus colmillos al menguante son
de una luna que venía de otros mares,
y accedieron a ladrar, más por temor
que por vigilia. Al primer golpe del amo,
regruñeron. Al segundo, disfrazaron su
recelo en servidumbre. Cuando contaron diez,
perdieron toda esperanza de victoria
y el designio se cumplió.

Hoy los verás arracimarse en torno
a los nativos y foráneos,
sin distinguir razas ni credos.
Olisquean furtivos, temerosos se acercan
como quien mendiga el pasto de la
costumbre. Entre ellos traban mil
recelos y venganzas, que pronto olvidan,
presurosos al olfato glandular. No les
importa que les griten o apedreen:
son capaces de regresar incólumes
al punto de partida y allí prodigan
una caricia, un embeleco, una mirada
al menos, con tantos ojos
como heridas. Su dignidad estriba
en no tenerla, en haberla arrancado
de su diccionario de aullidos.
Dicen que son amigos de sus dueños,
pero lo cierto es que pesa sobre ellos
el decreto del gran Moctezuma
y perpetúan los defectos más visibles
que adornan la especie humana.
Sumisos. Serviles. Miserables.
Peregrinos sin puerto. Andariegos
sin Oriente. Vagan y divagan
eternamente. En ocasiones,
clavan sus ojos en ti con una
ternura, más que humana, infinita,
es entonces cuando vemos
y reflejada nuestra culpa y nuestra
pena, en su avaricia de perdones,
mendicantes de pasión.


A LA AUSENCIA DESESTIMA

No sufras por su ausencia.
Cuando el otro no quiere contestar,
igual te da que se encuentre en un
océano lunar, o que a tu lado,
ensimismado en su mutismo, tengas
el cuerpo donde habita. Si percute
su silencio, y persevera en lejanía,
dará igual que lo sometas al encanto
de tu lecho compartido: respirarás
tan sólo su distancia, por más que
los sentidos os simúlenlo cercano.
Deja, pues, que las medidas sean
del alma patrimonio, y siente así
un descanso infinito, donde el amor
desnuda sus pruebas y zozobras
y aparece en superficies o relieves,
fiel a esa mirada que a la ausencia
desestima.


LA CURACIÓN

Hoy destapé otro frasco con alcohol
y se absorbió sobre mi herida. Basta
recordar que desde el torso hasta
la espalda se oscureció el mismo sol
y ardió al descubierto la cicatriz
que me acompaña y quiero al fin cerrar.
¿Cómo conseguirlo? Basta abrazar
la circunstancia viva, la matriz
del llanto y despojarla de ese dios
espurio y cruel que anuncia, con tinta
invisible, el triunfo del adiós
y saja la esperanza que agoniza.
Todos estamos vueltos ante Dios
y elegimos ser semen o ceniza.


CRISTALIZADO

Es cierto. Tras el velo azul,
la pesadilla. Tras la embriaguez
que consumaron los amantes, la
traición o el abandono. Grises también,
querido Fausto, se revelan las hojas
del árbol de la vida. En ocasiones,
arde un frío inmaculado que en el
cuerpo inspira el sabor rígido
de la inmutable gelidez. El decorado
de la vida muestra sus diseños
de artificio. Concluye la canción.
La danza paraliza. Los apóstoles
de la razón te diagnostican: el delirio
te invadió, y ahora cede
Te despiertan epigramas y sentencias
donde el yo se crucifica. Ya no sabes
si es mejor abandonarte a un nuevo
brote de pasión, que prefigure
la derrota. El santuario
está vacío. Las lámparas
de antiguas maravillas amortiguan
su fulgor, hasta extinguirse.
Tal vez allí, cristalizado,
se congele el corazón hasta apretarse
como blanco latido. No te
importe, entonces, descender,
desoyendo la advertencia de los
médicos del alma. Nieva
en la consciencia de no ser lo que,
entonces, deseaste. Mira cómo son miríadas
de cristales los que pautan el
espacio, junto a ti, compartiendo
en la caída esa unión de gravedad
y ligereza, hasta forjar la blanca
superficie, que otros pasos huellan,
aman y culminan.


VIOLETA

Te imaginé violeta y dulce
para que lo fueras.
Para que llegaras a serlo
en ti pensé sin amargura ni rencor,
sin maldición ni sombras,
lejos del árbol turbio
y del agua abyecta.
Entronicé un reino de concordia
y dijiste adiós a la estación traidora,
donde alisan las horas su corteza
y refrescan los días su meridiano atroz.
Bosquejé contornos helados
para avivar la calidez lozana y fresca
donde crecen las entrañas del perdón.
Te imaginé sonriendo, para que sonrieras.
Te descubrí una noche sin aurora
para que arrostraras las mañanas venideras
con hábito gozoso y sereno.
Así te concibió mi pensamiento.
Violeta y libre.
Para que lo seas.


A FANNY BRAWNE (1819)

Me asombra que los hombres puedan morir
mártires de la religión. Tiemblo al pensarlo.
Pero ya no tiemblo: me dejaría martirizar en
nombre de mi religión.
J. KEATS

Leona herida
a muerte, por la flecha domeñada
y sin poder de salvación.
Y sin poder más que arrostrar
hasta el último estertor tu sola
fuerza atravesada por indómita
pasión. Voluntad de oscurecer
la luz que asoma es tu rugiente
dignidad, que hace a la muerte
prisionera de tu aliento, e idolátrica
la faz de quien te mira. Cuerpo inmortal,
no requieres la soberbia reflexión
que te eleve hasta el altar
ni la ungida inspiración
de otra ceniza enamorada.
No eres piedra
ni relieve consagrado. Ni la extática
atracción de algún museo. Sólo el cuerpo
que se apoya en la imposible sujeción
del ser que muere y que convierte
sus extremos en su lastre y su lastre
en su poder. Perfil inquieto,
pronta estás a perecer. La faz graba
su gemido, que ya es hielo y todavía
es amenaza y gravidez. En ti pienso
al ver llorar el rostro amado
que está herido por tu herida,
la mortal de tu figura,
ruda flecha encarnizada del amante
en tu agonía y tu altivez.

 


EL ALMA OBLICUA

Si me concedes el beneficio de la duda,
hallarás tesoros refulgentes
cuya luz dimana ese pasado que,
buscando en mí, descubres, pues te
ofrezco. Mas también podrás
embriagarte con vetustas casas de
dos pisos, cámaras de sueños tendidos
al verano, bargueños disfrazados
de escritorios o terrazas donde
clivias y geranios velan la almohadilla
rota de un remoto y gato gris.
Piénsalo bien. Allí, el más
diáfano de los colores halla su sombra
desprendida. En sus brillos puedes
ofuscarte y aun caer. No es traidor,
tal vez, quien hoy te avisa.
Y no es que quiera transmitirte
una oscura noticia que peligro
llamas y amenaza. Sólo quiero
desbrozar futuras selvas con presentes
comuniones. En mí abocan
hondonadas. Precipicios aparecen en el
llano. Soy la ruta esquiva y sinuosa
en el plano inmaculado. La sesgada
dirección de toda línea. Alma
oblicua que ama, al fin, la rectitud.


SACRIFICIO

Tu incauto sacrificio se revela
como el aire y la plegaria de la voz
que atraviesa prisionera la materia,
para, al cabo, descifrar esa palabra
enamorada de tu acento. O se vierte
inusitado en el candor de una oración
de epifanía a aquellos ojos que,
velados por el oro, no alcanzaron
los inciensos de tu ardor.

Quisiste ese misterio
y ofrecer, con la piedad hecha de imagen
y de sueños, la metáfora del hombre
que cruzó el terreno incierto.
Quisiste despojarte del alivio
que prosigue a la fatiga de una turbia
pesadilla. Quisiste el misterioso
sacrificio de alcanzar, sin gesto heroico,
el estado conclusivo de tu ser.

Nunca podrán descifrarse
con rigor y fe las esferas
si uno mismo no se extingue como lenta
y densa muerte de una estrella.


VICENTE CERVERA SALINAS (Albacete, España, 7 de febrero de 1961) Nacido en la ciudad manchega de Albacete, se doctoró en la Universidad de Murcia con una tesis sobre la poesía de Jorge Luis Borges, La poesía del Logos (1992), tras cursar Filología Hispánica, al tiempo que compaginaba la escritura de su primer poemario, De aurigas inmortales (1993), donde rendía tributo a la tradición poética y filosófica en la forma de epístolas apócrifas en verso, obteniendo en España el accésit del Premio Internacional de Poesía “América”.

Licenciado en Música Vocal, Arte Dramático y máster en Historia del Cine, la poesía de Vicente Cervera está marcada por el ritmo vital en el ámbito de la meditación sobre la existencia, el arte y el conocimiento. En 2001 publicó su poemario La partitura, que recibió el apoyo de la Academia Argentina de la Lengua, y el 2003 edita El alma oblicua, que ha sido traducido al italiano, francés y portugués brasileño. En Escalada y otros poemas (2010) plantea de nuevo la filosofía del viaje como esquema compositivo; Panóptica (2015). Ha participado en múltiples recitales y festivales poéticos por toda Europa y en países de la América hispánica como México, Cuba, Costa Rica, Perú y Argentina.

Desde 1989 profesa como docente en la Cátedra de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia.  Su  dimensión investigadora se ha materializado en diversos ensayos y estudios sobre literatura hispanoamericana comparada La Poesía del logos, (1992); La Poesía y La Idea, (2001);el manual sobre el Cine en relación con las demás artes El compás de los sentidos, (1998); co-autor de Los reinos de la Santayana, (2002); El síndrome de Beatriz en la literatura hispanoamericana, (2006).

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