VIAJE | LUIS FERNANDO CUARTAS ACOSTA


AGUA

Se perdió la saliva en una conversación de catedráticos. Todos hablaban a la vez.
Afuera la lluvia hacía miles de aceros con el agua. Todo seco después, se reinventó la añoranza de lo húmedo. Ni la lágrima, ni la sangre, ni un mercurio derretido en su trompeta mística. No hay agua. No hay ese alcohol que se derrama. Ni desierto alguno. Pues el oasis hace perdurar a las palmeras, y una gota de olvido refresca la memoria.
No hay agua. En todos los idiomas hay que segregar el zumo de la última pecera. Alguien pregunta, con su boca insípida si es posible volver al mar, y el mar ya dónde queda?
Una capa sucia, entre montañas, trata de pescar en la noche una breve ebriedad para las plantas. Los ríos se crecen de asfalto y pequeñas libélulas sobreviven libando en la tinta de los párpados.
Mañana no tenemos agua.
Todavía no nos llega la madrugada, podemos sembrar guijarros y hacerlos conversar con sus entrañas.
Mañana no tendremos agua.
Aún en la oscuridad, ya sin horarios, podemos escarbar entre los labios.
Mañana no tendremos agua.
Se puede aún perdurar el semen de una nube?
Agua, agua, agua,
¿Podríamos invocar aún la luz secreta de la vía Láctea?
La lengua del fuego puede humedecer la secreción del magma
Más sería suficiente si ahora, que todavía es de noche,
Que no amanece y no se siente sed,
Quebramos el cántaro y nos vamos?
Mañana no tendremos agua.
Qué no amanezca
Antes que nuestra naranja azul no sea más que piedra.
Qué no amanezca
Antes que nuestra naranja azul no sea más que piedra


VIAJE

TODO acto de escritura es un viaje. Territorio fecundo de la insolación nocturna.
Se deshojan cada una de las páginas, que recién encierra la memoria.
Letra a letra, se deshacen los pedregones, aquí la noción del mes no cuenta como herbario disecado del tiempo, puede ser un año o una construcción silenciosa que de repente brota
Son las notas que salen del que tañe una cítara sin esperar un día preciso de concierto.
Aún existe la premura.
Somos hijos desbocados del viento
Y una dinámica irrefrenable de aciertos y desmanes, somos parte de una maquinaria que enceguece y taladra la vida diaria en mil fragmentos disparados a todos los posibles futuros.
Estas furias del afán no determinan nuestra presencia de ser poetas sobre el mantel del Mundo.
Un laboratorio de silencios, una taberna citadina, una calle reanimada entre el humo y el licor,
son moradas propicias para hacer posible el viaje de escribir. No hay carteles ni banderas,
No hay justificaciones fervorosas, ni deseos manifiestos para organizar concilios de “armonía”
Y paraísos de futuro.
Viaje sin ruta conocida, escritura que libera y no nos da sosiego.
Viaje que permite navegar sin prescripciones, ebriedad de un mar oscuro, tempestad que permite el temerario acto de soñar sin que existan pilotos de nuestras embarcaciones expuestas a corrientes y contracorrientes de todo vendaval.
Rimbaud aún navega entre la arena del desierto con su extraño barco entre dunas ,aristas y detritus, más siempre se libera de la pesadez y la arrogancia de los que impiden que los barcos del poema puedan llegar al mar de la inventiva
Teatro de pupila tensa poemas al filo de la transparencia, Sade escribiendo entre rosas y púas
Pintores y Dibujantes con su punzón de lunas
Un poema flota entre los muros y las calles, haciendo posible que cada uno sea con nosotros naufragio, isla-nube y seres sin puerto,
para tener la audacia de continuar el viaje.


EL BARCO

No es un simple barco, es la madera crujiente
de una embarcación donde huyen las penas.
El agua la da sedante condición de ebrio marino,
él va y viene agotado de sus paredes, lo hace parecer
un viejo lobo en el mar de la inventiva.
No quiere llegar a puerto alguno,
flota, sólo flota en un sueño permanente
es la aparición fantasmal de un viejo galeón sin bitácora
de una nave vikinga sin trompetas,
del barco pirata sin piratas.
Allí viajan las penas, los amores olvidados,
las historias de un antiguo pasajero que siempre quiere
regresar de su pasado para hacer mañanas felices
en las islas nuevas.
Es un barco cargado de historias, no siempre alegres,
allí van las derrotas, unas batallas leves ganadas contra el viento,
una mapa de un amor futuro, un continente virgen,
una copa de ron y un loro sabio.
Allí viaja el marino que purificó sus palabras
contemplando una mulata como si en ella reconociera
el paraíso.


ÁNGELES
La carne es el lenguaje de la revelación. En la desnudez se escucha un dios dormido que viene a sacudir el cuerpo de todo tipo de rutina. Reclama su piel entre las sábanas de las nubes mojadas por la espera. No se necesita ya de alas para aparecer grandioso, el lugar flamígero está en la consumación del deseo, la puesta del sol en un acto de luz como las primeras fogatas de la noche. La luz son los vestidos invisibles, la comunión impasible, el desorden musical de una fiesta sin temores. Somos jirones de una proeza inconclusa, necesitamos más ahora de esos párpados que al moverse comuniquen secretos con el cosmos. Nada de esclavos, la hora de los reyes ha pasado, sobre el planeta una sombra sin dioses tutelares acaba de llegar como el dibujo de una nube cuando pasa su cicatriz por el piso. Los ángeles existen sólo cuando al desvestirnos nos vestimos de luz, de esa inmanente luz de la boca oscura de la luna, la otra cara de la soledad. Allí un suave batir de viento, una caricia leve, sublime como la voz de lo invisible que hace aparecer el sexo perfumado de una teología erótica. Comunión deslizante, nube nueva, cuerpo que siente, la vida es siempre un encuentro con los ángeles, cada uno de ellos renunció al cielo para convertirse en seres con la capacidad de convertir la Tierra en un Edén de humanos.


POMPA DE JABÓN

Caben catedrales, los cielos y sus círculos, los ojos de Cornelis Escher, la mano extendida al infinito, la esfera flota, allí está el mar. Toma un cilindro de arcilla, húndalo en un jarrón con agua jabonosa, saca universos, pesadillas de esferas que te siguen por la calle, partículas de mundo que sonríen en todos los colores. Pompa nada fúnebre, pompa de agua y arco iris, joya acuática que anda despertando tus íntimas pasiones de sirena en medio de la voz que sale desde el centro. Agua con ojos, saliva del destino, beso embrujado, Merlín en el cristal perpetuo, juego de dioses singulares haciendo pequeños universos en el lavadero de ropa donde una mujer mayor se ha convertido en ángel de una limpieza similar a los silencios. Pompa nueva, novo orbis, allí se refugian mis sueños, allí caben tus ojos, allí reside un amor vestido en arco iris. Pompa, nave viajera, nube perfumada, juguete del deseo, ojo de infancia, joya efímera y primera, sedante aparición, sexo que vuela.


PIRATAS

Una nave azul pasa por mi mente
es de madera y esta tripulada por corsarios
cada uno de ellos esta ebrio y hondea la bandera negra, con su esqueleto en cruz.
Se mece pesado el buque sobre un mar huracanado
su cargamento es de olvidos y metales finos del pasado
los piratas hartos tiran piedras, cofres y coronas
por la borda. Ya no requieren sino un paisaje con palmeras
los desterró la guerra y sus comercios.
Son transeúntes de los mares, sólo quieren descansar en playa bella
ya no les importa la gloria ni la fama
ni el horror que puedan causar en un desembarco.
Aman la tranquila caricia del viento entre sus barbas.
Esa nave azul es mi esperanza de conocer
en medio de un tonel de ron y una tropa de desheredados del amor
un lugar donde el beso no sea una promesa y el licor del cielo
sea una bendición. Una nave azul que me lleve a un horizonte
menos cruel y menos torpe
que esta realidad del desaliento y lo deforme.
Cuánto quisiera embarcarme hacia esa lejana nada que todo lo reclama
y que todo se convierte en un deseo de espuma y de imposible calma.
Algún día partiré para mi Orinoco propio, para mi mar de un ” no me olvides”
para un lejano reino de playas de sol y noches de verbena.
Algún día seré otro en le dimensión de un pirata de otros sueños.
Algún día sabré buscar una mujer que tenga su palmera y su misterio, danza de luna negra en un
lugar donde ningún huracán pueda estremecernos.
Mientras tanto veo en mi mente
ese barquito azul y pienso lo difícil que es dejar de ser terrestre.
Pienso que aún quedan metros de arena y angustias por consumir
para dejar de estar entre la queja y la tristeza
ese torpe oficio de ir y venir
a la oficina de los cuentos, donde nada se lee para convertirlo a uno en leyenda y marinero ebrio.
¿Cuánto nos falta para salir a navegar?
Barquito azul, déjeme una señal para zarpar.


LUIS FERNANDO CUARTAS ACOSTA, poeta y ensayista, historiador de la Universidad Nacional Sede Medellín, director de “Taller de Luna”, programa radial de la misma entidad dedicado a la literatura y a la difusión cultural, y coordinador del taller de literatura “De la Tierra a la Luna, paisajes poéticos, geografías imaginadas” taller donde se rescata el paisaje como parte importante de las obras literarias, investigador patrimonial sobre historia de caminos antiguos de Colombia, participe del proyecto editorial Revista Innombrable- proyecto colombo mexicano, la Revista Icosaedro de Medellín, ha publicado en la revista Aghula de Brasil, en revista MAterika de Costa Rica, en revista Ojo de Aguijón de Francia, en antologías latinoamericanas de Monte Ávila Editores Antología Surrealista latinoamericana, en Madame Destino antología de la revista Punto Seguido, en poetas vivos de Medellín, 1955-2011, en formas virtuales como conferencias invitado, entre otras.


 

 

 

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