MANIFIESTO ABLUCIONISTA

 


TIZAYUCA, HIDALGO, MÉXICO, 2020

Han pasado casi dos décadas de que escribí este manifiesto. Puedo entender que no soy el mismo y seguramente hoy lo escribiría de otro modo. Sólo de lo que estoy totalmente seguro, es que sin el arte no podría soportar la vida. ¿Para qué sirve la poesía, el arte? para eso, para que el universo no nos aplaste, incluso y mucho mejor, para disfrutar la existencia. 

JCH

 

Resulta frustrante vivir uno de los mundos de los muchos mundos que somos la humanidad, llenos de egoísmos, burocracias, desconfianzas, miedo, polución, de maldad que es ignorancia en su más terrible forma. Y resulta alentador y dichoso vivir en uno de estos mundos de la humanidad, en donde hay fraternidad, amor por las cosas sublimes, el espíritu, la búsqueda constante de nosotros mismos, de nuestro ser, de entender el valor de la filosofía, de la poesía, de las artes. Vivimos en muchos mundos, lo más atroz y abyecto sucede al mismo tiempo que lo más elevado o sublime.  

Si no existiera el arte, confieso que ya me hubiese dado un tiro en la cabeza, o ceñido una soga a mi cuello y tirado de un puente peatonal, o hubiera tragado veneno de rata, o inyectado aire en las venas; pero nada de esto ha pasado, aunque la vida me duele.

Nadie nace limpio, y lloramos como si el llanto fuese nuestra primera palabra, y con nuestras lágrimas comenzamos a bañarnos. Todavía antes, ya vivíamos en un plácido baño. El baño en su acepción más común es limpiar el cuerpo de sus impurezas, y nos pasamos la vida bañándonos.

La menstruación, el sudor, el llanto, la excreción, la expresión, todo nos es necesario, cualquier impedimento a ello nos puede enfermar y matar.

La Ablución, ha tenido una connotación iniciática y purificadora. La Ablución por la tierra, para descender a las profundidades de uno mismo y mirar a la muerte cara a cara y disertar con la materia; la Ablución por el aire, para llevarse todo ese polvo que también somos, y enfrentarse con los rumores de la palabra maliciosa y aprender a pronunciar un silencio exacto; la Ablución por el agua, para revelar los misterios de la vida y la muerte, las pasiones oceánicas y no ahogarse en ellas y finalmente, la Ablución por el fuego para igualarse a la ceniza y fraguarse como el oro, volver a ser el polvo cósmico, la energía sempiterna.

Digamos que la Ablución es el vacío necesario para volver a llenar, es dar paso al prana y nace la obra de arte. El arte en este sentido es excreción del alma, pero pensemos que la miel, es el excremento de la abeja, y el oro del Sol y la plata de la Luna. El arte nos abluciona en el más elevado sentido, y quizá nos salva del suicidio, nos brinda salud y nos acerca al encuentro el entendimiento o la paz, la forma en que se comprenda la vida sin miedo, con tranquilidad.

Serte soy, o quién soy otro sino tú, es precisamente regresar a esa conciencia no sólo individual o grupal, sino cósmica. Lo que te duele me duele, lo que gozas gozo. La sociedad en una aparente evolución ha fomentado el “yo” egoísta. Los mayas ya lo sabían: “Yo soy tú y tú eres yo”.

Parir la idea, es otra forma de ablucionarse de uno mismo, a Zeus le golpeaba Atenea en el interior de su cráneo, hasta que ella surge, es entonces cuando Zeus se libera del dolor y queda enamorado de la hija de dios: la Idea. El nacimiento en ese sentido, es la más grande de las abluciones. La obra maestra en el arte, es el hijo, y al mismo tiempo origen nuestro; es obra maestra, por ser la reconciliación con la causa primera, al grado de llegar a ser, nosotros obra de la obra, Obra Maestra e individuo se funden en un solo ente creador, o poesis en acción que ya no deja de generarse a sí mismo, aun cuando el tiempo tienda trampas en la inteligencia.

Llenos de influencias, contaminados de circunstancias, manipulado el albedrío a dónde vamos.

Debemos mirar hacia dentro, y mirar hacia dentro no es sólo mirar hacia lo eterno, es mirar en perspectiva dentro y fuera, confundidos y aclarados en una trenza de realidad interpretada, y por lo tanto, susceptible a ser parcial, mas no impuesta o institucionalizada sino, individual y colectiva, en el grado que podamos comunicarnos con franqueza en el ejercicio consciente de nuestras facultades.

Ahora nos toca a nosotros, a los de nunca siempre, a los de siempre jamás, a los que miran con sus ojos de antes ahora siempre; a los ilusos desilusionados, porque la desilusión es desnudar a la ilusión, desvaneciendo el espejismo: desnudar el símbolo y la apariencia y llegar a la autopoiesis. Es ahora desde siempre y siempre ha sido ahora, quién no se abluciona se encostra, el principio básico de limpieza.

Que la expresión sea limpia, y limpia la impresión. 


JORGE CONTRERAS HERRERA

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