MIRÁ | MARIANA FINOCHIETTO

MARIANA FINOCHIETTO

LA CARTA ESCONDIDA
Será
que envejecer
es olvidarse
del viejo afán de la sabiduría.
Será
que ahora, cuando ya no busco
los porqué,
entiendo.
Ése es el truco,
la carta escondida en la manga de dios.
Todo
es agua que va,
agua de un río
en el que aprendo a sumergirme
con el goce feroz de las sirenas.
No se aprende a vivir.
Apenas
se acostumbra
el cuerpo
a la suerte de estar vivo.
Será
que ahora, cuando el mundo
empieza a ser pequeño,
comprendo.
No me apuro en vivir.
Llevo los años colgados como perlas
de un collar hermoso.
Y tanto tiempo aún.
Tanto tiempo.

De Madura (Sudestada, 2021)


ESAS COSAS INHÓSPITAS
Esas cosas inhóspitas:
el fuego
y sobre el fuego la costumbre humeante
de alimentar hijos
y el sendero de prolijas baldosas
que gastan mis zapatos de señora gentil,
y la ventana abierta que cierro cada noche
para ponerle fin
a la tarde y la fe,
y las hojas que esperan con lealtades extrañas
y desordeno,
a veces,
con calma o con desdén,
esas cosas pequeñas de escritura sencilla

son mi manera de hacerme un lugar en el mundo.

De El orden del agua (GPU Ediciones, 2019)


MIRÁ
Mirá,
mi amor,
estoy perdida en el agua del lenguaje.
Mirá,
¿me ves?
Amor y desamor son casi idénticas.
Las palabras son remos,
maderitas
que lanzo hacia lo hondo
porque a veces quiero estar,
así,
perdida,
zozobrada en un océano de angustia,
llorar tanta inundación,
amor,
llorarme tanto
hasta perderme,
ser
la perdidita,
la huerfanita náufraga que anda
sin remos sobre un mar.
Mirá,
¿me ves?
Amor y desamor son tan distintas.
Pronuncialas despacio.
Devoralas.
Que las palabras anden por tu cuerpo
como barcos
mecidos por la tempestad.
Amor,
amor,
¿qué tengo para dar sino palabras?
Remos de mi corazón,
que arrojo al fondo
para quedarme sola,
por fin,
quedarme sola.

(Inédito)


Algunas cosas
no deberían suceder, pero suceden
por culpa del azar
o de las piedras
que echamos a rodar cuando aprendimos
que tropezar

también es levantarse.
Así,
supimos que la tragedia no siempre nos señala,
que no fuimos los héroes que conquistaron la alegría,
que vivimos igual que el resto de los otros,
empujándonos
de un lado al otro de la tierra.
Sólo el amor, a veces,
nos rescata
y nos regala el corazón que merecimos
cuando fuimos inocentes
y soñamos
con un latido más leve que los pájaros.
Entonces canta
en el centro del pecho
una musiquita de luz.

(Inédito)


Entonces,
era la vida ese latir de potros,
el sol cayendo a mediodía sobre el pelo,
la nuca tibiecita,
el cuerpo un junco que bailó en el viento.
Entonces,
eran urgentes el beso y la palabra,
la boca que mordía por las noches
el pan, un verso
lo que hubiera más cerca y saciara el hambre.
Hubo una vez
el amor, el perro amor,
inaugurándome.
Vivir entonces era una estampida.
Lejos, lejos de las ventanas
donde hoy
los días se demoran
adormecidos en perfumes de vainillas.
Como a las rosas del florero
no me sucede más que ajarme.

(Inédito)


Hija,
las mujeres de nuestra sangre
cantan
cuando quieren llorar,
y cosen largos ruedos desprendidos
con hilvanes de lluvia.
Pasan días al borde de sus hombres;
cuando se van
inician la nostalgia del fuego.
Asumen que no saben de fragilidad,
porque no tiemblan al quedar desnudas.
Mientras pasa la vida, se peinan y despeinan

la larga trenza
ceñida al cuello.
Hija,
yo, que no tengo nada,
te regalo el don de la inusual.
Coronate en la selva,
bailá sola en la orilla del mundo.
Pagale al desamparo su moneda.
Temblá de miedo,
de inocencia,
de coraje.
Y que aúllen los lobos
festejando
tu orgullo de mujer recién venida.

(Inédito)


Somos
los rotos,
la sombra
de las últimas estrellas,
Somos la sal de la mujer de Lot,
la flecha
siempre en el talón,
el cuerpo
elemental de la desdicha.
Somos
los que sabemos
como muerde el dolor,
como corre el veneno en la sangre,
como quema.
Somos ésos,
los que encendimos la esperanza
cuando la noche devoraba el mundo.

(Inédito)


Mariana Finochietto nació en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, en 1971. Actualmente vive en City Bell. Ha publicado los libros Cuadernos de la breve ceguera (La Magdalena, 2014), Jardines, en coautoría con Raúl Feroglio (El Mensú, 2015), La hija del pescador (La Magdalena, 2016), Piedras de colores (Proyecto Hybris, 2018), El orden del agua (GPU Ediciones ,2019) y Madura (Sudestada, 2021). Es coordinadora de Microversos, talleres de exploración literaria.


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