EL INVENTARIO | MERY YOLANDA SÁNCHEZ


Selección realizada
por Carolina Cárdenas Jiménez


EN TU NUEVA NIÑEZ
Recordarás Carlos, que alguien te recogió del frío de tu tierra en la boca. Volverás a la palidez de tus lombrices nuevas. Te verás lejano en ese niño que caminaba por la casa de la dificultad y pretendía los peldaños. Te obligarán a traicionar y a maldecir las tantas madres que tuviste. No olvidarás pagar diezmos por los silencios de tu vida. No, jamás olvidarás que para alcanzar el otro lado hay que aprender a estar de rodillas.


EL INVENTARIO
Te hicieron viejo siete puntos en la cabeza. A pesar de las lluvias que silencio son, volverás para señalar tu espejo con un círculo sobre el blanco de tu piel. Desafiarás a los que buscaron tu cuerpo para guardar una culpa más y recuperar la sonrisa entre la sangre de tu rostro.


TRES
Se han extraviado las llaves de las casas en ruina. Lejano y disperso el nombre de las calles, los hombres marchan con la primera letra de un posible encuentro para el territorio de la vida. Los ejércitos aprenden los pasos de la marcha fúnebre, pero olvidan el canto que aplastan sus botas.


DOS DÍAS PARA LÁZARO
El otro día, en la Casa de Justicia, ladró
cuando las llamas le quemaron el hocico.
Olió a los que en fila fueron trasladados
a la casa ciega de la esquina,
donde muchas veces batió la cola
en desfile militar.

Es viernes, el viejo Lázaro, perro de andén
entra a un restaurante y es retenido,
lo que menos quería era un expediente
le confirmaría ser hombre.

Ahora todos le miran, le señalan,
le hacen advertencias, posibles condenas,
él busca su cola y las dos patas que dejaron como huellas


LA INOCENCIA DEL AMANECER
Pedazos de zas debajo de las puertas, trampas en las alcantarillas donde se cuida una sonrisa. Un piano sin vida y una copa de vino servida, partituras del discurso de la mañana prometida. Una mujer vocifera en un patio con ortigas. Una moneda cae para saber quién primero a la horca. En las paredes el dibujo de una niña plena en su llanto. En las cortinas se parte en dos la noche de la espera.
Sigue el ruido en la mitad de las cosas, busca en las bufandas de los desaparecidos, tropieza con los vecinos de cera y olvida no tirar la puerta. Los habitantes del barrio se acostumbran a las presencias, se sabe de alguien que escucha en los asientos vacíos.


DE TODAS MANERAS YA NO ESTÁS
Es inevitable, el tiempo dolerá tres veces y el paso de la saliva una herida más. Te arrastrarás por el peso de la culpa y el piso será el espejo de tus siete caídas. Te arrastrarás con tu sangre en el vaso de los asesinos hasta encontrar tu ojo derecho servido en tu puerta. Y en quince años ya no estarás en los recuerdos de los hijos de tus hijos.
Y más allá de toda memoria volverás a ser razón y olvido. Te señalarán el sitio exacto donde entrará el primer aviso, el que te tomará por sorpresa, el que no esperabas y vendrá de tu amigo gemelo, el que amaneció noches de vino y alegría en tu cama. Él te dará la nota inicial porque desde la primera luna supo dónde quedaba tu historia de niño.
Vacilarás en la puerta del palacio porque vendrán hacia ti las almas de tus hermanos.
Encontrarás que la guadaña también se esconde en la carpeta donde guardas las cartas de tu madre.
Y en los peldaños marcados por los pasos de tu primera muerte tu pie, el que continuó solo, indeciso, caerá en los zapatos de tu niñez.
Escucharás en la radio: “la situación está controlada, solo falta desactivar la pentonita que le cargaron al camión”, y tú serás el camión, y tú serás pentonita en la explosión. Es el realismo mágico.
De cualquier manera honrarás la hora de tu muerte, porque en el territorio donde se ríe como enemigos ya no hay tiempo para la resurrección.
Y en la edad de las fotografías, la edad de los que están adentro o la edad de los muertos, tu mejor aliado será el olvido.


SALMO
Saco el último vestigio en alas de mariposas.
Enjabono y tuerzo.
Al tacto del viento con mis manos
un olor confuso se aproxima por la acera izquierda.
Lo guardo,
trato de meterlo en la taza del baño,
pero en remolinos es vaciado a mi boca.
Tiento, palpo cada pliegue del pecho.

Hace falta mucho detergente
cuando mi país hasta en la ropa duele.


ENCUENTROS
El teléfono timbra, pienso que es Dios y siento miedo. Una sombra azul cierra la puerta y evita la salida. Otra vez, el bramar de la muerte. Observo la grieta interior: es mi padre que se revuelca en mis entrañas y me hace pedirle perdón. Una sábana verde oscurece la esquina, donde los suicidas retuercen sus sogas de luto. Un hombre pasa y me mira en desconcierto, cree que son vacas y no ánimas las que tengo de rodillas. En un escupitajo vuelco sus palabras, mientras aprieto su cuello hasta sacarle la lengua. Vuelvo a la afonía de las respuestas. Una porción del cuerpo que me palpo es subastada en el purgatorio de causas inconclusas


Mery Yolanda Sánchez. Guamo Tolima, 1956
Obra publicada: poesía, La ciudad que me habita, Ritual para las noches, Dios sobra,
estorba, Gradaciones, Rostro de Tierra y Un día maíz. Novela El atajo. En coautoría Vidas
de historia/una memoria literaria y Escrituras del desarraigo, historias de Floridablanca
de la Organización Femenina Popular, OFP. Labores en promoción de lectura y orientación
en creación literaria con niños, jóvenes y adultos. Concepto y dirección del proyecto Poesía
en escena durante 22 años. Diseño y producción del proyecto Puente Experimento Piloto –
promoción de derechos humanos- para la Personería de Bogotá, D.C. Gestión y producción
de eventos masivos y de sala.


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