MONÓLOGO DE EMMA GOLDMAN | JUAN MANUEL ROCA



 

MONÓLOGO DE EMMA GOLDMAN

 

No somos de nadie, no somos motivos de pintores y poetas
aunque sea Ibsen quien venga a golpear nuestras ventanas.
No somos modelos de escultores o pintores,
damas de compañía, lazarillas de nadie.
Es bello y libre ser la musa de sí misma.
Llevo en mi eterna valija de deportada
cuatro blusas como banderas y un libro
que me llevaría a mí misma si me apresaran.
Quien ha tenido más cárceles que las muñecas
que tienen dentro de sí una y otra mujer enjaulada,
conocen de presidios, pero también de fugas al alba.
Ni musas de poetas o pintores.
Ni modelos en las pasarelas del verano: mujeres bellas son las que no callan.

 


 

LA PARÁBOLA DEL SUEÑO Y EL POETA

 

Dulcinea del Toboso
le entrega una rosa a Don Quijote,
pero recibe un puñado de nada.
El caballero de los Espejos
es vencido por el de la Triste Figura
pero quien triunfa es el sueño.
El caballero de la Blanca Luna
sojuzga al de la Mancha
pero el derrotado es el tiempo.
La cabeza se puebla de hazañas
que la realidad acorrala.
Los libros del enfebrecido Caballero
pasan sus hojas con yelmos de oro
y caballos y hechiceros y pendones
y toscos gigantes que muelen
el viento.Pero el cura y el barbero
las vuelven flor de fuego.
Algo así como un sueño proceloso
y Dulcinea a los ojos
cultivando jardines de la nada.

 

del libro las hipótesis de Nadie(2005)


 

AL POBRE DIABLO

 

Al hombre anclado en la esquina del olvido, al hombre escupido por viejos matones de barriada,

Al jubilado de sí mismo, al muchacho humillado que se esconde detrás de su acuosa mirada,

Al que estorba en la fiesta de los audaces, a los que no han tenido oficio conocido y no podrían balbucir el retrato hablado de su madre,

A los que siempre parecen estar en otra parte, al que escapa de las miradas cuando lo buscan en el parque como pasto de burlas,

Al confinado al cepo del silencio en la ronda nocturna de los sabios, al que tartamudea como una vela encendida,

Al que está a punto de abrir la puerta de emergencia que conduce a un pasadizo de ingreso al otro mundo,

A la oveja negra de la familia que picotea fármacos y grajeas para intentar espantar la jauría de sus miedos,

Al sumo sacerdote de la religión de las derrotas, a los despreciados por sus espejos, al que prefiere ser prófugo de su cuerpo antes que ser su propio carcelero,

A los que ignoran qué responder cuando preguntan “¿quién anda por ahí?”, al que “le daban duro con un palo y duro también con una soga”,

Al que cambiaría el becerro de oro por una charla con parias y tenderos, al aturdido, al turulato, al pestífero que pregunta en qué lugar queda la vida,

Al incierto cuya sombra cojea más que su cuerpo, a los que han sido más pateados que el balón de una escuela, al sospechoso de todas las aduanas por su morral lleno de vacío,

Al que no logra ser jinete de sí mismo, a los que ejercen el papel de niños clandestinos y solo juegan cuando no los obligan a mendigar,

Al hereje hecho a imagen de nadie, a los abucheados por la multitud en un país de dioses abolidos,

A los que desafinan en el coro, al que suena como el platillo de una batería que cae en el silencio de un velorio,

Al imprudente que no espera a que el flautista de Benarés duerma la cobra para mirarla a los ojos,

Al hombre de cristal que atraviesa en medio de una pelea entre dos bandos de picapedreros,

A los desobedientes que quisieran confinar en un rincón del museo del olvido, al que nadie espera al regreso de la guerra,

A los que desalojan de su casa y luego expulsan para siempre de su cuerpo, al espantapájaros burlado por el cuervo,

Al portavoz de sí mismo que odian los feligreses de todos los partidos, al que conducen a la comisaría mientras grita que la civilización es “puta vieja y desdentada”,

Al que jugó su corazón y se lo ganó la violencia, al que intenta dormir “en la carreta que lo conduce de la cárcel al patíbulo”,

Al perseguido que pretende esconderse en el poema de un gitano y al gitano que pretende esconderse tras la sombra de un violín,

Al impulsado a la plaza del escarnio, al asediado por la jauría de Salieris de parroquia que le ladran a su sombra,

Al calumniado por los sacristanes de la envidia que lo maldicen en la lengua de los muertos,

A los que no extienden su sombrero para pedir migajas de milagro, a los que están en la mira de los hacedores de villanos en los diarios y en las redes policiales,

Al que solo conoce la lengua del silencio, al que llevan al tribunal por negarse a vestir el uniforme de la muerte,

Al que devela la miseria que ocultan los himnos, a los hombres acosados que sospechan que todas las ventanas del mundo están a punto de saltar al vacío,

A los desplazados y sus muros de aire, al boxeador que cae a la lona sacudido por un gancho de derecha,

A los locos del pueblo que cruzan enfundados en una capa de harapos como reyes miserables,

Al que se niega a escuchar el canto de los vendedores de humo, al gato escaldado por el carnicero, al caballo espoleado por el miedo,

Al sin suerte que practica el tiro al blanco y siempre atina en el centro del error, al niño solitario que espía la vida a través de los cerrojos,

Al aguafiestas. Al que llega tarde a su propio velorio. A los poetas enjaulados por todos los tiranos

Les dedico esta ronda de palabras sin blasones: algo de ellos convive sin remedio en mi pellejo.

 

 



Juan Manuel Roca. (Medellín, Colombia, 1946)Poeta, narrador, ensayista, crítico de arte y periodista colombiano.
Por 10 años fue, primero coordinador y luego director del Magazín Dominical de El Espectador. Durante veinticinco años (1986-2011) fue director del taller de poesía de la Casa de Poesía Silva, en Bogotá. En 1997 recibió el doctorado Honoris Causa en Literatura por la Universidad del Valle. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, ruso, japonés, griego, rumano, portugués, italiano y alemán.
Premios: II Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus 1975, el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia 1979, el Premio Mejor Comentarista de libros Cámara del Libro 1992, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 1993, el Premio Nacional de Cuento Universidad de Antioquia 2000, el Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura 2004, el Premio José Lezama Lima otorgado por Casa de las Américas en La Habana Cuba 2007 y el Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval México 2007. Además ha recibido el Premio Casa de América de Poesía Americana Madrid España 2009, el Premio Ciudad de Zacatecas México 2009, el Premio Estado Crítico 2009 al mejor libro de poemas publicado en España por su libro Biblia de pobres. Premio Casa de América de Poesía Americana 2009, España, por Biblia de Pobres.
Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Nacional de Colombia (2014).
Libros de poesía: Memoria del agua (1973), Luna de ciegos (1975), Los ladrones nocturnos (1977), Señal de cuervos (1979), Fabulario real (1980), País secreto (1987), Ciudadano de la noche (1989-2001-2003-2011), Pavana con el diablo (1990), Prosa reunida (poemas en prosa, 1993), La farmacia del ángel (1995-2011), Tertulia de ausentes (1998), Teatro de sombras con César Vallejo (2002), Un violín para Chagall (2003-2004), Las hipótesis de nadie, (2005-2006 y 2012), El ángel sitiado y otros poemas (2006), Testamentos (2008), Biblia de pobres (2009-2012), Temporada de estatuas (2010), Pasaporte del apátrida (2011) y Tres caras de la luna (2013).
Libros de Ensayos: Museo de encuentros (1995), Cartógrafa memoria (2003). Antonio Samudio (2009), Luis Vidales en Clave de Morse (2010), Galería de espejos y Una mirada a la poesía colombiana del siglo XX (2012).
Libros de Narrativa: Las plagas secretas y otros cuentos (2001- 2007), Esa maldita costumbre de morir (2003), novela finalista en el Premio de Novela Rómulo Gallegos-Venezuela, y Genaro Manoblanca, fabricante de marimbas, cuento para niños con ilustraciones de Rabanal (2013)

El poeta y maestro Roca, escribe desde los distintos hemisferios de la lucidez y el pensamiento. Agudo, y sensible. Un Anarcodependiente que lleva un diario, y que insumiso observa los movimientos del silencio, de la luz,  así como las llamaradas del grito.

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