NAWA ISCO IKI | CANTOS AMAZÓNICOS | JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI


AVISO AL LECTOR
 
Entre la poesía y el relato mítico (que es una de las formas más antiguas de la poesía), los cantos de este libro se fueron construyendo libremente, en su mayor parte inspirados en narraciones ya existentes, pero transformándose de acuerdo con mi propio ritmo y sentido de la composición, a veces citando, muchas otras inventando.
 
Los legítimos transmisores de estas historias son los últimos hablantes del iskonawa, hermosa lengua de la familia pano en la Amazonía peruana. A Juana Rodríguez Meza (Pibi Awin), Nelita Rodríguez Campos (Nawa Nika), Isabel Campos Rodríguez (Kishte), Pablo Sangama Rodríguez (Wini Kera), José Pérez Rodríguez (Chibi Kanwá) y Germán Campos Rodríguez, mis gracias más profundas.
 
Lo que yo ofrezco aquí es apenas un recuerdo cifrado de algunas de sus historias.
 
El resto, solo un regreso a las costas salobres.

CANTO DEL RAYO KANAPAKOA

Bajo la lluvia sale Toai al monte con una nuez
En el vientre. Bate las copas el viento confundidas
Y la acaricia hasta llevarla al lago turbulento.
 
(El estruendo es de bomba cercana. Hay que callar.
Simpira se pasea por las arboledas como grama
Atando con su cola tahuaríes y machingas sueltas).
 
El rayo atravesó a la joven y dejó a su hijo en el lago.
El muchacho creció entre los sajinos y vivía en la orilla.
Como rana se rascaba las axilas bajo el sol de la tarde.
 
Los hombres quisieron atraparlo. Pero el hijo de Toai
Se chorreaba. Hasta que un día un hombre astuto
Se escondió en las arenas y se lo llevó arrastrando.
 
Le llamaban el hijo del rayo. Se hizo fuerte como un cedro
Y quiso subir por una soga para ver a su madre en el cielo.
(En esos tiempos –olvidado– el cielo dormía muy bajito).
 
Subieron cien, doscientos hombres. Encontraron
A la mujer del rayo y atraparon al menor de los hijos
Del rayo. Luego mataron al mismo Kanapakoa. Era pelado
 
Y panzón, con una voz de cráter eructando en la niebla.
Perdonaron al niño de lumbre, y desde entonces llora
Cuando se asusta cada noche con la lluvia y los machetes
 
Y las cuerdas que chillan por sangre pidiendo dormir rico.

SABIDURÍA DEL PÁJARO ISKO
Yuushiña con sus hijos reza a los pies de la montaña.
El Rüe Biri es alto y los monos escasean. Los sajinos
Se funden en los árboles y llaman a sus fantasmas.
 
Yuushiña enciende su cigarro en la nariz. De pronto
Ve al pájaro de cola luminosa y su huerto de maní.
Yuushiña quiere hablar al dios alado, suplicarle
 
Sabiduría. Con sus hijos alista las talegas. Será un viaje
Largo y peligroso. Ya son seis. Yuushiña y sus hijos grandes,
Mozos como cachimba de hojas verdes derramándose.
 
Uno de ellos quiere adelantarse. Es el soberbio paenmi.
Su padre le dice: «Debemos llegar juntos y hablar con el isko;
Juntos no nos hará nada, con su cola puede lancearnos».
 
Por la noche el malcriado se desliza silencioso, carga sus flechas
Y avanza lentamente. Quiere atrapar al isko, hacerlo su sirviente.
Una pantera negra se levanta de su pecho imberbe. Lo desgarra.
 
El isko sólo duerme con un ojo. Le advierte que no suba.
  Tensa el arco
Y clava su lanza amarilla en la cabeza del soberbio. Cae temblando.
Cuando su padre lo recoge, llora de rabia y congoja, pero entiende
 
Los designios del ave misteriosa. «Hermano isko, por favor
  perdona
A este mancebo torpe. Yo he venido a pedirte humildemente
  un canto,
Las notas que dibujan los surcos del maní». El pájaro lo mira
  fijamente.
 
«Prende una hoguera», le dice. Yuushiña enciende el bosque,
  se refugia
Y arriba truena «kutsa kuturús». Cae la lluvia en la mañana,
  las raíces
se limpian de la baba de los suris, y en el aire un aroma
  de orquídeas.
 
«Intenta subir hasta mi copa», lo conmina. Y Yuushiña emprende
La escalera de maleza y moho. «Itsá kuturús», exclama el isko.
Hasta la tierra baja el curioso, se desliza como gota de resina.
 
Ebrio de sus poderes, el pájaro le dice en su silbido: «Sembrarás
Así, no muy hondo, dando aire a la semilla y sosteniendo
Los tallos con hilos de chonta. Cuidarás de su fruto sabroso».
 
Y también le enseñó a crecer camote, blanco y rojo, y a esperar
La luna en la cosecha y el descanso. Los hijos de Yuushiña
Veían a sus críos correteando como hormigas cabezonas.
 
Tras hamaquear tres meses Yuushiña y su familia recordaron
Lo último que el isko les dijo: «partirás esa cosecha de maní
Y de camote entre todos igualmente. No mezquines, no seas
  yoichi».
 
Y se levanta desde entonces como el brazo del simpira
Un arcoíris, sin fin y sin principio.

EL HIJO DEL INCHINKA
Pasea por el huerto la bella Irokoin y siente hambre.
Come la sachapapa sin ver el semen del sapo, dulce.
En pocos minutos se puso barrigona y tuvo un sapito.
 
Irokoin murió sola en el bosque, como fruta desgranada
Yacía podrida al cobijo de gusanos y luciérnagas, su cuerpo
Hinchado como un globo fue delicia de los yoman ewa.
 
El sapito saltó hasta su abuelo, que le enseñó a hacer flechas.
Cazaba isos y onos, preparaba guisos sabrosos con harto popó.
Su amigo Kamoh la shushupe grande lo llevaba por senderos
 
Desconocidos. El sapito reinaba con su lengua larga y filuda.
Picaba sus kabitis en la carne de nawas y sajinos, por igual.
Su fama de arquero navegaba hasta las termas de la sierra,
  
Hasta que el isko lo retó a clavar su flecha en el ojo de iwi hakon.
Su madera era dura pero perfecta, fibra larga para las mejores
Flechas. El sapito aceptó el desafío y desde el otro lado del río
 
Penetró la pupila de iwi hakon. Al llorar el árbol goteó sangre
Y croó. Era su padre inchinka, que dormía. El isko se relamió.
Por eso hoy el sapito comparte los suris con el isko, brinca
 
De piedra en piedra, buscando la palabra puntiaguda que cruce
El aire y las libélulas no escapen con su brillo verdusco y mojado
Tumbándose en la cama satisfechas, por los siglos de los siglos.

MURMULLO DEL DELFÍN KOSHOSHKA
«…Tengo el boshki más bonito de la selva y con él
Puedo mostrarte sus delicias profundas, déjame que
Te bese con mi lengua de gamuza y mi carachama
 
Limpie con su boquita todo rastro de flor antigua,
Sus aletas ventilando el lecho del lago de algodón,
Su cruz como un cuadrado cubierto de chocolate.
 
En mi pecho rosado dibujarás los caminos perdidos
En sueños, y prenderé los cirios de la nueva iglesia,
Por ser la estrella más hermosa que mis ojos vieran.
 
Te mostraré los rastros de antiguas ciudades bajo
El agua, sentirás su corriente refrescante y sus pies
Trotarán por tus labios revestidos de lumbre azul.
 
Chotapaimis deseosa con la llama encendida al fondo
De tus ojos, ilumina el sendero en el bosque de algas,
Suelta tus brazos a la brisa que acaricia tus kishtankos,
 
Desciende conmigo al reino de las profundidades
Para que todos los peces y serpientes y caimanes
Se inclinen a tu paso como un ángel de carne…».
 
Así hablaba koshoshka y en el claro de luna su luz era
Farol que coloreaba las flores sorprendidas y llevaba
Sus pétalos al baile de la mano de su tronco erguido.
 
Chotapaimis alista las maletas. Se apresta a ser feliz.

MASHPI PANIA
Soy el único molúsculo creado exclusivamente
Para el placer. Me contento con que me toquen
Los chorokes y sus alas finas, su canto matutino
Y su saliva en flor; con eso me doy por contento
Y deambulo por las esquinas derramando azahar,
Levanto la marea de la noche con mis faldas rojas,
Ondeando soberano en la colina de canela piedra.
 
Soy el único pajataro que canta en traje de noche,
Flotando sobre la maleza con mis alas de achiote,
Sensible ante la brisa que eriza mi grupa gostosa,
Camino de cien días en la brújula del sol ardiente,
Sabedor de los secretos de los grillos gigantescos
Y su violín antiguo, su voz más fina que una gota
De lluvia, hacia ella me encamino religiosamente.
 
Soy el único danzantívoro de los cien cañaverales
Que baten sus tallos con las garzas y los tokaris
Verdes, habitante de las cochas estancadas y duras,
Soberano delfín de las aguas infinitas, hacia ti me
Encarezco en esta hora de la total humildad, tus
Dedos delicados convergentes en el barro debajo
De tus raíces de junco, esos aspiro, preciso chupar.
 
Soy el único portabanderas de tus sueños ocultos,
El que te come el seso, como un gusano, suavecito
Y rico para la lengua de la tormenta cuando arrecia
El vendaval que lava todo, el que cura las heridas,
El que despierta en tus mañanas la ilusión del día,
Palpo el botón de dicha y está en plena sazón, como
Este caldo caliente de conchas y boshkis, saladitos.

Suenan las aguas estancadas a barullo de fiesta
Y en ellas mi reflejo deformado baila
Saltando el pentagrama que lame la calzada.
Cada tarde ese camino junto al río me recuerda
El lago rebosante que las garzas adornan, esperando
Los dientes de los cocodrilos. ¡Qué frágil ese cuello
De papel japón! En un instante se transforma
En bandera revolucionaria anunciando el reino
De la noche. Allí los espíritus del bosque corren
A descolgar estrellas y guardarlas en su alforja.
Los pájaros desatan su alegría en forma de llanto
De cuando eran gente. Los leopardos atizan
Sus uñas para salir a cazar. Todo recobra temblor
Como un cuerpo asustado. En esas guaridas me
Encuentro de frente en el bullicio del cielo enjoyado.
Cada poro anuncia un peligro mortal. Cada minuto,
Un mordisco, palpitar de ojos que se multiplican
En el dibujo de las hojas mojadas. El resto es silencio
Mientras Wari se desliza por el horizonte y vuelve
De su caverna oscura el Simpira. El gusano galopa
Lentamente escapando de los picos, sublevando
El tiempo. En esas ondas revueltas es propicio
Hundirse en las volutas del jaguar o del amaru.
Allí la araña shinahaka desteje cada noche su tela
De amatista; el kapa ardilla echa cincel de cuarzo
En los clavos del árbol iwi. Un tallo lanza su cabello
Al rayo de oro frágil que se rompe en cien colores.
La selva discurre como un largo cuerpo, el mío,
Con mil tentáculos peludos, con narices redondas
Que inhalan los perfumes hechizados por el yaka ono.
Se inicia el ayuno sagrado implorando a las plantas
Su jugo de flores exquisitas, pura sangre, inundando
Las cloacas, removiendo la hojarasca y trayendo
Nuevos peces. Así vemos al poshko, dardo de piel
Transparente; al panga raya y su corona de espinas;
Al rego-rego de bigotes delicados. Ellos besan los pies
De las orillas y dejan sus perlas sin que la carachupa
Venga a devorarlas. Luego caminan buscando hojas
De orquídea para perfumarse. Un poco más arriba flota
El zancudo de patas gigantescas. Me araña las orejas
Cuando toso y huye en busca de la piel rosada del sajino
Imberbe. Hay una flor volante con pétalos de zafiro
Que posa su gusano en la barriga velluda en la torre
Del tallo. Hasta aquí llega el río místico. Lo parte
Un rayo sobre el puente. La ciudad arroja un cadáver
A sus aguas. El barullo de fiesta y mi reflejo bailan.

La poesía de José Antonio Mazzotti tiene múltiples facetas y matices. Su estilo, en muchos sentidos, señala la evolución de la poesía en español desde el conversacionalismo de los años 1980 hasta el neobarroco del siglo XXI.


José Antonio Mazzotti (Lima, 1961) obtuvo el Primer Premio en los Juegos Florales Universitarios “Túpac Amaru” de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con Poemas no recogidos en libro (Lima, 1981). Fue miembro de la Instancia Suprema del Movimiento Kloaka (1982-1984). En 1985 publicó su segundo poemario, Fierro curvo (órbita poética), y en 1988 su tercer libro, Castillo de popa. Ese año migró a los Estados Unidos. Desde entonces ha publicado El libro de las auroras boreales (Amherst, 1995), Señora de la noche (México, 1998), El Zorro y la Luna. Antología Poética 1981-1999 (Lima, 1999), Sakra Boccata (México, 2006, y Lima, 2007), Las flores del Mall (Lima, 2009), Declinaciones latinas (Houston y México, DF, 2015) y Apu Kalypso / palabras de la bruma (Lima, 2015), agrupados en la colección El Zorro y la Luna. Poemas renidos 1981-2016, publicada por Axiara Editions y la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) el 2016. Esa edición mereció el Premio Internacional de Poesía “José Lezama Lima” otorgado por Casa de las Américas, Cuba, el 2018. En 2013 apareció una versión bilingüe de Sakra Boccata con traducciones de Clayton Eshleman en Ugly Ducling Press, Nueva York, y en 2018 The Fox and the Moon. Selected Poems, por Axiara Editions y la ANLE. Ha sido incluido en numerosas antologías peruanas y extranjeras, como la Antología general de la poesía peruana: de Vallejo a nuestros días (Lima), La mitad del cuerpo sonríe (México), La letra en que nació la pena (Lima), Caudal de piedra (México), Fuego abierto (Chile), Cuerpo plural (España), Liberation: New Works on Freedom from International Renowned Poets (Boston), etc.

Actualmente es “King Felipe VI of Spain Professor of Spanish Culture and Civilization” y catedrático de literatura latinoamericana en la Universidad de Tufts, en Boston. Entre sus obras críticas se cuentan Coros mestizos del Inca Garcilaso: resonancias andinas (Lima, 1996), Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80 (Lima, 2002), Incan Insights: El Inca Garcilaso’s Hints to Andean Readers (Madrid y Frankfurt, 2008), Encontrando un Inca: ensayos escogidos sobre el Inca Garcilaso de la Vega (Nueva York, 2016) y Lima fundida: épica y nación criolla en el Perú (Madrid y Frankfurt, 2016), así como numerosas ediciones y co-ediciones. Dirige la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana y la Asociación Internacional de Peruanistas y continúa ejerciendo la escritura poética, la investigación y el activismo literario.

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