NOCTURNOS Y GOTAS AMARGAS │ JOSÉ ASUNCIÓN SILVA


CRISÁLIDAS

 

Cuando enferma la niña todavía

salió cierta mañana

y recorrió, con inseguro paso,

la vecina montaña,

trajo entre un ramo de silvestres flores

oculta una crisálida,

que en su aposento colocó, muy cerca

de la camita blanca.

………………………………………

Unos días después, en el momento

en que ella expiraba,

y todos la veían, con los ojos

nublados por las lágrimas,

en el instante en que murió, sentimos

leve rumor de älas

y vimos escapar, tender el vuelo

por la antigua ventana

que da sobre el jardín, una pequeña

mariposa dorada…

………………………………………

La prisión, ya vacía, del insecto

busqué con vista rápida;

al verla vi de la difunta niña

la frente mustia y pálida,

Y pensé ¿si al dejar su cárcel triste

la mariposa alada,

la luz encuentra y el espacio inmenso,

y las campestres auras,

al dejar la prisión que las encierra

qué encontrarán las almas?…


 

 

LOS MADEROS DE SAN JUAN

 

¡Aserrín!

¡Aserrán!

Los maderos de San Juan,

piden queso, piden pan,

los de Roque

alfandoque,

los de Rique

alfeñique

¡Los de Triqui, triqui, tran!

 

Y en las rodillas duras y firmes de la Abuela,

con movimiento rítmico se balancea el niño

y ambos agitados y trémulos están;

la Abuela se sonríe con maternal cariño

mas cruza por su espíritu como un temor extraño

por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño

los días ignorados del nieto guardarán.

 

 

Los maderos de San Juan

piden queso, piden pan

¡Triqui, triqui,

triqui, tran!

 

Esas arrugas hondas recuerdan una historia

de sufrimientos largos y silenciosa angustia

y sus cabellos, blancos, como la nieve, están.

De un gran dolor el sello marcó la frente mustia

y son sus ojos turbios espejos que empañaron

los años, y que, ha tiempos, las formas reflejaron

de cosas y de seres que nunca volverán.

 

Los de Roque, alfandoque

¡Trique, triqui, triqui, tran!

 

Mañana cuando duerma la Anciana, yerta y muda,

lejos del mundo vivo, bajo la oscura tierra,

donde otros, en la sombra, desde hace tiempo están,

del nieto a la memoria, con grave son que encierra

todo el poema triste de la remota infancia,

cruzando por las sombras del tiempo y la distancia,

¡de aquella voz querida las notas vibrarán!

 

Los de Rique, alfeñique

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

 

Y en tanto en las rodillas cansadas de la Abuela

con movimiento rítmico se balancea el niño

y ambos conmovidos y trémulos están;

la Abuela se sonríe con maternal cariño

mas cruza por su espíritu como un temor extraño

por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño

los días ignorados del nieto guardarán.

 

 

¡Aserrín!

¡Aserrán!

Los maderos de San Juan,

piden queso, piden pan,

los de Roque

alfandoque,

los de Rique

alfeñique

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

 

De EL LIBRO DE VERSOS (Infancia)


 

 

JUNTOS LOS DOS

 

Juntos los dos reímos cierto día…

¡Ay, y reímos tanto

que toda aquella risa bulliciosa

se tornó pronto en llanto!

 

Después, juntos los dos, alguna noche,

¡reímos mucho, tanto,

que quedó como huella de las lágrimas

un misterioso encanto!

 

Nacen hondos suspiros de la orgía

entre las copas cálidas

y en el agua salobre de los mares

se forjan perlas pálidas.

 

De EL LIBRO DE VERSOS (Páginas suyas)


 

 

POETA, DI PASO

 

¡Poeta, di paso

los furtivos besos!…

 

¡La sombra! ¡Los recuerdos! La luna no vertía

allí ni un solo rayo…Temblabas y eras mía.

Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso;

una errante luciérnaga alumbró nuestro beso,

el contacto furtivo de tus labios de seda…

La selva negra y mística fue la alcoba sombría…

En aquel sitio el musgo tiene olor de reseda…

Filtró luz por las ramas cual si llegara el día…

Entre las nieblas pálidas la luna aparecía…

 

¡Poeta, di paso

los íntimos besos!

 

¡Ah, de las noches dulces me acuerdo todavía!

En señorial alcoba, do la tapicería

amortiguaba el ruido con sus hilos espesos,

desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos;

tu cuerpo de veinte años entre la roja seda,

tus cabellos dorados y tu melancolía,

tus frescuras de virgen y tu olor de reseda…

apenas alumbraba la lámpara sombría

los desteñidos hilos de la tapicería.

 

¡Poeta, di paso

el último beso!

 

¡Ah, de la noche trágica me acuerdo todavía!

El ataúd heráldico en el salón yacía,

¡mi oído fatigado por vigilias y excesos,

sintió como a distancia los monótonos rezos!

Tú, mustia, yerta y pálida entre la negra seda,

la llama de los cirios temblaba y se movía,

perfumaba la atmósfera un olor de reseda,

un crucifijo pálido los brazos extendía

¡y estaba helada y cárdena tu boca que fue mía!


 

UNA NOCHE

 

Una noche,

una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,

una noche,

en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,

a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,

muda y pálida

como si un pensamiento de amarguras infinitas,

hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,

por la senda que atraviesa la llanura florecida

caminabas,

y la luna llena

por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,

y tu sombra,

fina y lánguida,

y mi sombra

por los rayos de la luna proyectada,

sobre las arenas tristes

de la senda se juntaban

y eran una

y eran una

¡y eran una sola sombra larga!

¡y eran una sola sombra larga!

¡y eran una sola sombra larga!

 

Esta noche

solo, el alma

llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,

separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia

por el infinito negro,

donde nuestra voz no alcanza,

solo y mudo

por la senda caminaba,

y se oían los ladridos de los perros a la luna,

a la luna pálida

y el chillido

de las ranas…

Sentí frío; ¡era el frío que tenían en la alcoba

tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,

entre las blancuras níveas

de las mortuorias sábanas!

Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,

era el frío de la nada…

Y mi sombra

por los rayos de la luna proyectada,

iba sola

iba sola

¡iba sola por la estepa solitaria!

Y tu sombra esbelta y ágil,

fina y lánguida,

como en esa noche tibia de la muerta primavera,

como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,

se acercó y marchó con ella,

se acercó y marchó con ella,

se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!

¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!…

 

De EL LIBRO DE VERSOS (Nocturnos) 


 

 

ARS

 

El verso es un vaso santo; ¡poned en él tan sólo,

un pensamiento puro,

en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes!,

¡como burbujas de oro de un viejo vino oscuro!

 

Allí verted las flores que en la continua lucha

ajó del mundo el frío,

recuerdos deliciosos de tiempos que no vuelven,

y nardos empapados de gotas de rocío.

 

Para que la existencia mísera se embalsame

cual de una esencia ignota,

quemándose en el fuego del alma enternecida,

de aquel supremo bálsamo basta una sola gota.

 

 

VEJECES

 

Las cosas viejas, tristes, desteñidas,

sin voz y sin color, saben secretos

de las épocas muertas, de las vidas

que ya nadie conserva en la memoria,

y a veces a los hombres, cuando inquietos

las miran y las palpan, con extrañas

voces de agonizante, dicen, paso,

casi al oído, alguna rara historia

que tiene oscuridad de telarañas,

son de laúd y suavidad de raso.

 

¡Colores de anticuada miniatura,

hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;

cincelado puñal; carta borrosa;

tabla en que se deshace la pintura

por el tiempo y el polvo ennegrecida;

histórico blasón, donde se pierde

la divisa latina, presuntuosa,

medio borrada por el liquen verde;

misales de las viejas sacristías;

de otros siglos fantásticos espejos

que en el azogue de las lunas frías

guardáis de lo pasado los reflejos;

arca, en un tiempo de ducados llena;

crucifijo que tanto moribundo,

humedeció con lágrimas de pena

y besó con amor grave y profundo;

negro sillón de Córdoba; alacena

que guardaba un tesoro peregrino

y donde anida la polilla sola;

sortija que adornaste el dedo fino

de algún hidalgo espadín y gola;

mayúsculas del viejo pergamino;

batista tenue que a vainilla hueles;

seda que te deshaces en la trama

confusa de los ricos brocateles;

arpa olvidada que al sonar, te quejas;

barrotes que formáis un monograma

incomprensible en las antiguas rejas;

¡el vulgo os huye, el soñador os ama

y en vuestra muda sociedad reclama

las confidencias de las cosas viejas!

El pasado perfuma los ensueños

con esencias fantásticas y añejas

y nos lleva a lugares halagüeños

en épocas distantes y mejores;

¡por eso a los poetas soñadores,

les son dulce, gratísimas y caras,

las crónicas, historias y consejas,

las formas, los estilos, los colores,

las sugestiones místicas y raras

y los perfumes de las cosas viejas!

 

MARIPOSAS

 

En tu aposento tienes,

en urna frágil,

clavadas mariposas

que, si brillante,

rayo de sol las toca

parecen nácares

o pedazos de cielo,

cielos de tarde,

o brillos opalinos

de alas süaves;

y allí están las azules

hijas del aire

fijas ya para siempre,

las alas ágiles,

las alas, peregrinas

de ignotos valles

que como los deseos

de tu alma amante

a la aurora parecen

resucitarse,

cuando de tus ventanas

las hojas abres

y da el sol en tus ojos

y en los cristales.

 

De EL LIBRO DE VERSOS (Sitios)


 

 

MADRIGAL

 

Tu tez rosada y pura, tus formas gráciles,

de estatua de Tanagra, tu olor de lilas,

el carmín de tu boca, de labios tersos;

las miradas ardientes de tus pupilas,

el ritmo de tu paso, tu voz velada,

tus cabellos que suelen, si los despeina

tu mano blanca y fina toda hoyuelada,

cubrirte como un rico manto de reina;

tu voz, tus ademanes, tu… no te asombre:

todo eso está, y a gritos, pidiendo un hombre.

 

 

 

FILOSOFÍAS

 

De placeres carnales el abuso,

de caricias y besos,

goza, y ama con toda tu alma, iluso;

agótate en excesos.

 

Y si de la avariosis te librara

la sabia profilaxia,

al llegar los cuarenta, irás sintiendo

un principio de ataxia.

 

De la copa que guarda los olvidos

bebe el néctar que agota:

perderás el magín y los sentidos

con la última gota.

 

Trabaja sin cesar, batalla, suda,

vende vida por oro:

conseguirás una dispepsia aguda

mucho antes que un tesoro.

 

Y tendrás ¡oh placer! de la pesada

digestión en el lance,

ante la vista ansiosa y fatigada

las cifras de un balance.

 

Al arte sacrifícate: ¡combina,

pule, esculpe, extrema!

¡Lucha, y en la labor que te asesina,

—lienzo, bronce o poema—

 

pon tu esencia, tus nervios, tu alma toda!

¡Terrible empresa vana!,

pues que tu obra no estará a la moda

de pasado mañana.

 

No: sé creyente, fiel, toma otro giro

y la razón prosterna

a los pies del absurdo ¡compra un giro

contra la vida eterna!

 

Págalo con tus goces; la fe aviva;

ora, medita, impetra;

y al morir pensarás: ¿Y si allá arriba

no me cubren la letra?

 

Mas si acaso el orgullo se resiste

a tanta abdicación,

si la fe ciega te parece triste,

confía en la razón.

 

 

Desprecia los placeres y, severo,

a la filosofía,

loco por encontrar lo verdadero,

consagra noche y día.

 

Compara religiones y sistemas

de la Biblia a Stuart Mill,

desde los escolásticos problemas

hasta lo más sutil.

 

De Spencer y de Wundt, y consagrado

a sondear ese abismo

lograrás este hermoso resultado:

no creer ni en ti mismo.

 

No pienses en la paz desconocida.

¡Mira! al fin, lo mejor

en el tumulto inmenso de la vida,

es la faz interior.

 

Deja el estudio y los placeres; deja

la estéril lucha vana,

y, como Ҫakia-Muni lo aconseja

húndete en el Nirvana.

 

Excita del vivir los desengaños

y en soledad contigo

como un yogui senil pasa los años

mirándote el ombligo.

 

De la vida del siglo ponte aparte;

del placer y el amigo,

escoge para ti la mejor parte

y métete contigo.

 

Y cuando llegues en postrera hora

a la última morada

sentirás una angustia matadora

de no haber hecho nada…

 

De GOTAS AMARGAS


 

 

NOCTURNO

 

Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro

de tu inocencia cándida conservas el tesoro;

a quien los más audaces, en locos devaneos,

jamás se han acercado con carnales deseos;

tú, que adivinar dejas inocencias extrañas

en tus ojos velados por sedosas pestañas,

y en cuyos dulces labios –abiertos sólo al rezo–

jamás se habrá posado ni la sombra de un beso…

Dime quedo, en secreto, al oído, muy paso,

con esa voz que tiene suavidades de raso:

si entrevieras dormida a aquel con quien tú sueñas,

tras las horas de baile rápidas y risueñas,

y sintieras sus labios anidarse en tu boca

y recorrer tu cuerpo y en su lascivia loca

besar todos sus pliegues de tibio aroma llenos

y las rígidas puntas rosadas de tus senos;

si en los locos, ardientes y profundos abrazos

agonizar soñaras de placer en sus brazos,

por aquel de quien eres todas las alegrías,

¡oh dulce niña pálida!, dí, ¿te resistirías?

 

De VERSOS VARIOS


  

 

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA (Bogotá, 1865 – Ib, 1896)

Poeta, articulista, traductor, crítico literario y narrador colombiano. Entre las principales ediciones de su obra poética, Poesías, Hernando Martínez Editor, Barcelona, España, 1908; El libro de versos, Horizonte, Bogotá, 1945; Obras completas de José Asunción Silva, Talleres Tipográficos del Banco de la República, Bogotá, 1965; Obra completa, Editorial Arte, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1977; Intimidades, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1977; Poesías completas. Seguidas de prosas selectas, Editorial Aguilar, México, 1978; Obra poética, Ediciones Hiperión/Casa de Poesía Silva, Madrid, 1996; Antología poética, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2005; Poemas vitales, Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, Bogotá, 2015. Ha sido considerado por la crítica como postromántico y también un precursor, iniciador, participante, e, incluso, un disidente del Modernismo. Su obra, constituye un hito que divide en un antes y un después de él, la historia de la literatura colombiana. Silva no tuvo una formación educativa formal o completa, pero si fue un ávido lector desde adolescente, con una gran cultura adquirida de manera autodidacta, y dueño de conocimientos avanzados en la filosofía y literatura universales. En 1884, el poeta viajó a Europa, estuvo en París y visitó Inglaterra y Suiza. Esta permanencia en el extranjero, le permitió a Silva asimilar la literatura europea, especialmente la poesía francesa de la época, la que tuvo notable influencia, tiempo después en su obra poética. En 1886, el escritor J. M. Rivas Groot, publicó la Antología La lira nueva, el inicio del modernismo en Colombia, en la que se incluyen 8 composiciones de Silva. El infortunio acompañó al poeta hasta el fin de sus días, tal como el hecho de la muerte de su padre en 1887, por lo que tuvo que hacerse cargo de los negocios familiares con apenas 22 años de edad, viéndose abocado a enfrentar grandes dificultades económicas; en una lucha agotadora, trató de evitar la bancarrota, lo que culminó, sin embargo, en su ruina definitiva, cinco años después de iniciado este empeño inútil. Para acrecentar su desgracia, en 1891 murió su hermana Elvira, quien había sido la compañera permanente y confidente del poeta. Este fallecimiento, inspiró al poeta el tema del famoso Nocturno III, titulado Una noche, uno de sus mejores poemas y de los más hermosos de la lengua española. En 1894, obtuvo el nombramiento diplomático de Secretario de la Legación de Colombia en Caracas; en Enero de 1895, resolvió regresar a su país, y se embarcó en el vapor Amérique, que encalló tras un fuerte temporal, logrando salvarse el poeta y el resto de los pasajeros, pero la casi totalidad de su obra literaria, desapareció en el naufragio. Todas estas calamidades en tan pocos años, vencieron las resistencias físicas y psíquicas de un hombre con extrema sensibilidad, quien tras continuar padeciendo fracasos económicos en los negocios familiares emprendidos entre 1895 y comienzos del año siguiente, y acosado por el infortunio, se suicidó de un disparo en el pecho, la noche del 24 de Mayo de 1896, cuando tenía apenas treinta años de edad. En palabras del escritor mexicano José Juan Tablada, al referirse a la vida y obra de Silva, dijo que fue “Un poeta inmortal; una personalidad misteriosa… Silva no tuvo una biografía, sino una leyenda. Vivió ayer, es nuestro hermano y no obstante retrocede hundiéndose en el Pasado, tomando entre sus brumas prestigio de Héroe y encantos de fantasma… Su principal carácter fue la originalidad vidente. Se adelantó pasmosamente a su época”.


 

 

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