PAÍS ABIERTO | MARTÍN ZÚÑIGA CHÁVEZ

 

PAÍS ABIERTO
 
a Alarico, todista
 
mi país es tan pequeño que si me levanto
por el lado izquierdo de la cama
ya soy un extranjero. mi país
no tiene más que una estación solo de salida
de buses. en mi país cuando trajeron
un cristo crucificado para la única iglesia
tuvieron que cortarle un brazo para
que entrara. en mi país los días
duran la mitad. y la gente tiene
herramientas que a la vez son una taza
un taladro una espada un tambor una silla.
para que la comida dure el doble
comemos frente a los espejos.
ahora que viajo me doy cuenta
que solo se puede hacer bien el amor
en mi país. cuando vino la sequía
nadie se dio cuenta. cuando llegó
el invierno incendiamos la iglesia
y creamos al menos tres religiones más.
mi país tiene la misma cantidad
de alfabetos que de personas.
al miedo no lo conocemos pues hemos
sembrado tanto horror en el mundo,
que solo le tenemos pánico a dormir
porque en mi país nadie sabe
convertido en qué se puede despertar.

 


HISTORIA NATURAL
 
a Eduardo, el cetrero
 
hablando de los animales
que llenaron el arca te pregunto
qué habrá sido del hipogrifo
esas cuarenta noches,
dónde habrá andado.
las creaturas del agua sobrevivieron.
todas las ballenas se multiplicaron.
las tortugas los sapos y los bagres
también, el infierno es por ello la sed
pero ¿las criaturas de la tierra?
el diluvio es el castigo para quienes
abandonaron el agua
tal vez más para cuantos se atrevieron
a surcar el aire: el cielo está
destinado para los dioses.
¿qué habrá sido de la quimera
que vuela y que camina,
qué de la esfinge que como todos
los gatos le tiene pavor al agua?
y luego conversábamos de otra cosa.

01.
 
No hay más que promesas sobre la tierra. Promesas sobre la primavera a la vuelta de la esquina. La lluvia al caer en los sembríos quiebra la pavura, rompe las cajas. Un eco de rabia retumba en las paredes del sur. Íbamos a construir muchas máquinas. Promesas contra el horror contra el invierno contra la oscuridad del pasado. Dar vida de este modo es insensible, es reproducir la fragilidad. Íbamos a ser veloces, chongueros, dinámicos, bullangueros, justicieros. La lluvia busca la grieta, el corazón ardiente de la roca para extinguirlo. Sobre la tierra el hambre y el llanto. Arder sarcásticos con los colores de la alegría. Los vehículos contra el aburrimiento se devoran unos a otros con su retumbar insípido. No hay palabras, solo promesas. Íbamos a crecer más que los vecinos. Eran tiempos para invertir, para llegar a ser, no para arder. Íbamos a tener crías robustas e indemnes, y como serpientes de cobre los caminos forrados en asfalto nos unirían. Íbamos a ser fraternos y hermosos. La lluvia remueve la tierra, la hiere, la viola. ¿Para qué las propagandas, los programas de la radio, las películas, las canciones y los bailes de moda? Arder desternillados las cajas que sangran. Entrar a una habitación a oscuras y cerrar los ojos. Al compás de la tierra en el sur se enmohecen los callejones de la noche. Íbamos a refundar la idea de patria, pintar y embanderar cada manzana. El horóscopo dice no se derrumbe en lamentaciones o será así hasta el fin de sus días. ¿Pero y la tos, la sarna, el melanoma? Cartas van de un barrio a otro, cartas con letra redonda escarlata y ordenada. Con pagarés con contratos con promesas. Cada día los sembríos cobran fuerza, ampliamos la frontera agraria dicen los periódicos, las máquinas se atienden solas. Las cajas crían costras y se sellan. Arder melódicos ya no provoca la lluvia, que va y viene todos los veranos. Esta es tierra de cactus. Arder palabras con auténtica vida. Con vida maciza y persistente. No con imitaciones baratas de cables, grasa y lucecitas estroboscópicas todos presos en un retablo andino inmenso. Con campos de música y una idea vulgar e indigna, libre en el viento. No con las sobras y las dulces promesas. Una vasta nación de paja, a las 4:00 de la mañana, vendida en una caja rotulada, arde desde el sur.

FRAG |89|48|
 
leí mientras despertaba en el periódico oficial de la nación:
solas se oyen las calles no se garantiza la vigencia de los derechos
y libertades constitucionales en su huir brutal de carnicería
por eso cuando grande como consecuencia de la declaratoria
cesa la plena vigencia de los derechos ciudadanos quisiera ser
lector, algo que es por libertad de acción, detención legal,
interrogatorio a detenidos o presos, libertad de locomoción mucho
más civil, honrado y modesto que este miedo con caries
derecho de reunión y manifestación y portación de armas, contenidos
en los artículos citados pero mientras tanto, escarbo días a mano.

 

 


Martín Zúñiga Chávez (Cusco, 1983). Poeta, investigador literario y gestor cultural. Ha publicado No siga ese pájaro (Paracaídas editores, Perú, 2017); Gavia (Ediciones Fecit, España, 2009), Pequeño estudio sobre la muerte (Ediciones Cope, Perú, 2010), Cover (Editorial Difacil, España, 2011), entre otros. Su obra ha recibido importantes premios en España, México y Perú. Es maestrista en Literatura en la especialidad de Análisis del Discurso por la Universidad Nacional de San Agustín. Coorganiza el Festival Internacional de Poesía de Arequipa, gestiona espacios literarios en el sur de Perú y desde hace varios años gestiona el proyecto Urbanotopia.

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