PARA ALTAZOR | ANTONIO ARROYO SILVA

1957


PARA ALTAZOR

De Las horas muertas

IRREMEDIABLEMENTE, estar
cuando nada es preciso. Tomo
la carga de lo inútil, planto
algo irreconocible, le doy nombre
secreto a un día fuera de los siete
acostumbrados. No quería ser
el dedo ni la llaga bajo el palio
de luz de inmensas catedrales,
pero así son las cosas
de los iconoclastas de Bizancio.


VIBRACIÓN

A Luis Ángel Marín

Vibran las alamedas. La suerte
está echada. La suerte, no el azar:
la suerte es un pasquín anunciador
de su opuesto; el azar, lo que no toca
ni en mil vidas que tengas. Vibran las
alamedas y nadie lo percibe.
Solo un perro y un poeta que son menos
que nadie…

Pero cómo no escuchar
el canto de la luz, la sinestesia
de un pájaro encendido por encima
de las voces del mundo.


SEIS

Mark Rothko me destierra a las llanuras
del color. Esa puerta de amarillo,
magenta y oro cierra desde dentro.
Y desde dentro miro el trigo, cruzo
la línea del agua, su humedad
imposible, heredera no sé
de qué humano deseo. Tú me esperas
detrás, pincel en mano, trazo firme
del cantor desdoblándose insondable.


Para Iván Cabrera Cartaya

POR EL CAMINO DONDE HOPPER
se tropieza con Proust, hay un reguero
de soledad. Un hombre, una mujer
se toman el café sin magdalenas.

La pobreza es la paz sin magdalenas,
la paz de lo que nunca fue, que estuvo
delante de los ojos y no vimos
y por eso no existe—la paz
y la pobreza de los avestruces.

No solo el hambre o la negrura: el olvido
del color, el matiz, la turmalina
de un ocaso diluyen
al hombre en esa taza— ella es la taza,
ella sin rostro frente a la esquina
donde Hopper se cruza con Proust
y no se reconocen.


De Bahía Borinquen

van pensando en la guillotina de Robespierre el discóbolo de Mirón y la incapacidad de los espacios paralelos de hilarse en sí mismos reptan por la córnea dudan y vuelven a esparcir un lagarto de luz en el sombraje de ramas y su reproche a contraluz de un cirio
las realidades todas confluyen en el mismo bloque de mármol ahuecan el volumen de músculo confluyen en dolor de carne y piedra
imagina el hollín del ojo seco cayendo del cincel las manos al golpear la masa para darle forma buscando el latido de un eco
y entonces Rodin rodará en la cabeza pensativa


...

dormir al raso/ tener por techo la desnudez/ la sombra que de luz has de llenar pero sombra y abrigo no son opuestos se trata de un elemento real que identificas con el cálido embozo y algunos llaman metáfora irracional y otros simplemente asociación de ideas//estar al raso y desnudo/ los pensamientos bajo cero/ el deseo perdido en la llanura
la casa traslúcida las paredes a tono con el aire circundante la humanidad al aire libre y sin escaleras sin murallas/ al raso simplemente/ al raso sin rasero como todo lo que se queda afuera cuando nos escondemos del temor o del árbol/ cuando nos escondemos de una grulla que viene de paso y decimos fundamos fundimos confundimos que la grulla es una extensión del alma y que el alma es un pájaro carpintero que mata la madera del roble por buscar una casa o un límite donde acaso perderse la blanca orfandad del invierno
esa química del error/ maneras de equívoco que se mezclan no obstante con la memoria del acierto y del alejamiento paródico no pretenden izar la poesía al instante/ es una desnudez de quitarse los vestidos superpuestos y desnudarnos incluso desde dentro hacia la piel para que el agua fluya hacia el aire/ al raso
pero quién me rebate que el curso de este río no desembocará en el poema que nunca quiso escribir la razón y la amplitud de miras// ese silencio fobia al horizonte ese foco de una erupción extinta
y uno haciendo poses y señales dibujando la imposibilidad no como la ouija que escribe las palabras de los muertos en plena euforia de comunicación y locura
sino como las palabras que acaso no dijimos por falta de lealtad por el temor al sinsentido o a lo psicosomático del tiempo y del espacio en las hojas perennes
estar al raso casi de la vida de ti de mí de nuestras circunstancias
estar al raso en la Bahía Borinquen


...

el eco de plegar una página para esconder un trozo de armonía un pitido del tren nunca oído—tomado de un poema de Teillier– el corpus de un tsunami medio muerto visto en la película casera de un poeta cercano el estallido del eco de Maccanti sobre un aire de brisa amaneciendo en lo remoto de un pliegue del papel todos los componentes mitológicos detrás del eco nos miran extrañados al despliegue de la máquina azul de la memoria ya carente de RAM los ecos—dime por qué tan solo el eco y no el dolor o la alegría del origen— se quedaron aquí a compartir las circunstancias y el ritmo del latido el corazón no tiene margen blanca para escribir tantos ecos fugaces tanto hachazo no aguanta el corazón mas despliega el silencio del papel dibuja un árbol negro en su llanura:
en la sombra un andén alguien sueña desde el vaso de vino la llegada del último convoy otro que aguarda el regreso del hijo aun después de haber muerto
el tsunami creando poesía cuando todo desaparece en la lluvia del Trópico
el eco y tú después de escribir este poema:
hagan un amasijo y déjenlo al azar de la intemperie
y olviden los estereotipos sobre los puertorriqueños o tómense un güisqui en las rocas y piérdanse


...

pero menos monsergas brother y sigue con tu canción no eres Sísifo eres Jim Morrison cargando la loza de su balada – la que está devorando su carne a cada nota— la canción en si misma es la travesía y ya no importan los pies ni las huellas sobre el polvo la sangre ya ha sido derramada y ofrecida en los altos pilares de la conciencia ya se han retorcido suficientes cuellos de cisnes para volver a la misma historia menos monsergas mano menos golpes de pecho lagrimita o pretensión de dramatismo Yorik se murió y también Hamlet y las leyendas e infamias posteriores no justifican estas máquinas de humo con que se fabrica la ebriedad
alguien pisó los cráneos de sus sirvientes otros levantaban castillos de cabezas cortadas sobre la levedad del bosque y tanta cosa inútil que si la luz que si la sombra que si todo que si nada que si tal vez y la totalidad vuelve hasta que las ruedas se salen de sus ejes y saltan y nada gira sino tu canción brother tu canción desolada que ya a estas alturas nadie puede dejar de escuchar entre tanta inanición entre tanta acrimonia


De Música para un arjé (inédito)

La maresía,
esa niebla del mar cuando sube
la marea y cuando se retira, traza
cuerpos. Olas con plumas lamen
el malecón como pájaros que anidan
en la sal y en la nieve del aire.
Ella, el velo delante y detrás
de los ojos: la maresía.

Los amantes se pierden
en el viejo noray de la cercanía.
Prefieren la zozobra de sus naves,
las velas desplegadas contra el viento
y la mar gruesa. Los amantes, como
los gatos, se despulgan en público,
se lamen mutuamente por higiene.
Y en privado se comen
el uno al otro en busca de
la invisibilidad de ambos cuerpos.

La cercanía canta
cuando se aleja. El chopo pierde
las hojas. Pierde el pájaro su nido
y el pájaro se va en pos de otros pájaros
con un nido en su pensamiento.

La cercanía existe porque existe
lo lejano. Y no existe ninguna
cuando ambas se encuentran en un chopo
o en el canto de pérdida de un pájaro.
Entonces, un instante es para siempre.

Fúmate el aire, entenderás,
entonces, que mi sino no es jugar
con las palabras mientras me respiras
y toses al vacío de la página.

El agua te sosiegue en la conquista,
te dé la mano y acoja en el sosiego
la última bocanada de mí
que inhales. No somos aire,
somos el humo
que a la muerte sisamos.

Arden las catedrales, arde el frío.
El helor superpuesto a pura llama
es amago de arder de otra manera
distinta a la de otrora, en la antítesis,
en el juego entre el ojo y lo imposible,
que resulta veraz en la plena oxidación
de miles de partículas que la mente
acota a fuego.

Arden las catedrales
del poema. Nerón toca la lira.

Dale forma a este cuerpo, tierra mía,
El barro, el polvo, el mineral,
el hombre, la mujer, las bestias,
las manos, las pezuñas, lo que repta,
lo que camina, lo que nada, que vuela,
que se evapora, que ama, que muerde,
que acaricia. El hollín,
el feldespato, el cuarzo, la mica,
el barro, el polvo, el hueso, acaso el alma,
los conceptos y axiomas, lo inasible,
lo que procede de los mil demonios,
la tierra donde yaces, la tierra que hiciste tuya,
la tierra donde pones los pies y te da forma
para tocar el cielo.


ANTONIO ARROYO SILVA

Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1957, es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de la Laguna. Ha sido colaborador de revistas nacionales e internacionales. Ha publicado libros de poemas: Las metamorfosis, Esquina Paradise, Caballo de la luz, Symphonia, No dejes que el acróbata, Sísifo Sol, Subirse a la luz. Antología esencial 1982-2014, (español-rumano), Poética de Esther Hughes, Mis íntimas enemistades, Ardentía, Fila cero, Bahía Borinquen y Química del error (en imprenta). Las plaquettes Material de nube y Un paseo bajo los flamboyanes. En ensayo, La palabra devagar.  Ha sido traducido al portugués, al rumano y al inglés Ha participado en varios festivales internacionales de poesía como la «XXII Cita en Berlín», invitado por la Universidad Humboldt como representante de NACE. Es miembro de la Nueva Asociación Canaria de Escritores (NACE). Participó en el Festival Internacional de Puerto Rico, 2019. Premio Hispanoamericano de Poesía «Juan Ramón Jiménez» 2018 por Las horas muertas.


colaboración enviada por Leo Lobos 


 

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